Las minas de salomon

Traduttore, Traditore

Las minas del Rey Salomón, del escritor británico Henry Rider Haggard, publicado en 1885, es uno de esos libros que, sin haber sido escritos expresamente para el público joven, a partir de un determinado momento, supongo que por pertenecer al género de la novela de aventuras, pasó a formar parte del canon de literatura juvenil. Por eso, a mediados de los ochenta, cuando yo devoraba libros de la sección infantil de la Biblioteca, formaba parte de la excelente colección “Tus libros” de la editorial Anaya, en la que tantos grandes clásicos leí, y de esa misma época es también una adaptación al cine en la que Richard Chamberlain encarnaba al protagonista, el aventurero Allan Quatermain, y que probablemente vi algún domingo en las multitudinarias y ruidosas sesiones infantiles del desaparecido cine Coliseum.

La novela, y la historia que cuenta, probablemente no hubieran vuelto a llamar mi atención de no ser por una conversación de hace unos meses con Feliciano Novoa, responsable de la editorial La Umbría y la Solana, volcada en la difusión de las letras portuguesas, a propósito de uno de los libros de su catálogo, Las minas de Salomón, de Eça de Queirós, publicado en traducción del poeta y lusista Martín López-Vega. Según me contó Feliciano, el escritor portugués no se limitó en su momento a traducir la novela de Rider Haggard, sino que la reescribió, aportuguesándola –como señala Ana Luísa Vilela–, para publicarla por entregas en 1889 en la Revista de Portugal.

A juicio de muchos, la versión de Eça de Queirós, en la que acabaría por eliminar alrededor de un cuarto del texto original, supera con creces, desde el punto de vista literario, a la original, resultando más ágil y entretenida. Yo no puedo dar mi opinión al respecto, porque lo que no he hecho, desde luego, es volver a leer la novela del escritor británico, pero resulta curioso, e interesante, ver cómo Eça de Queirós, autor de libros como Los Maias o El primo Basílio, en los que critica de forma contundente instituciones burguesas como el matrimonio y la familia, o de una novela tan cruda como Los crímenes del padre Amaro, en la que denuncia los pecados y miserias del clero, pone todo su oficio de escritor al servicio de lo que, al menos visto de forma retrospectiva, no puede considerarse sino una especie de subgénero del momento en una operación sin duda menos literaria que comercial (algo que ya había hecho, por cierto, unos veinte años atrás, a medias con Ramalho Ortigão, en El misterio de la carretera de Sintra).

Lo que también resulta curioso es que en los años en que original y traducción se publicaban crecía las tensión entre Inglaterra y Portugal, dos aliados seculares, a cuenta de sus posesiones coloniales en África, pues el deseo de Portugal de unir, de este a oeste, sus territorios de Angola y Mozambique chocaba con los intereses estratégicos y comerciales del Reino Unido, sobre todo –al parecer– con los magnate de los diamantes sudafricanos Cecil Rhodes. Esa tensión conduciría al Ultimatum británico de 1890, que obligó a Portugal a renunciar a sus propósitos retirándose del actual Zimbabue, lo que puso de manifiesto la decadencia portuguesa y tuvo unos efectos, en la mentalidad colectiva, semejantes a los que tuvo en nuestro país, poco después, el desastre del 98. A la vista de esos hechos, la libérrima traducción de Eça de Queirós acaba siendo, más que una vil traición literaria, una pequeña, pero espléndida, revancha histórica que les invito, desde luego, a ustedes a disfrutar.

 

Las minas de Salomón

Eça de Queirós

Traducción de Martín López-Vega

La Umbría y la Solana

20 euros

 

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

Publicado el 27 de septiembre de 2019

 

Cantero Abogados Plasencia

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