Monasterio de Yuste La Vera

Carlos V en Yuste: obsesión por alcanzar la gloria

Hace 461 años, el día 21 de septiembre de 1558, el emperador Carlos V fallecía en el Monasterio de Yuste. Una de las personas más poderosas que jamás hayan existido, optó por renunciar a todas sus riquezas y pasar los últimos veinte meses de su vida alejado de todo, en un pequeño convento extremeño, en la comarca de La Vera. Su decisión de abdicar en favor de su hijo Felipe II fue acogida con sorpresa, pues nadie, hasta el momento, había renunciado a un cargo tan importante; sin embargo, el emperador sabía lo que hacía: quería prepararse para “el buen morir”.

Busto de Carlos V en Yuste

Busto de Carlos V en Yuste. Foto: Lourdes Gómez

La búsqueda del perdón en en Emperador

Monasterio de Yuste en La Vera

Monasterio de Yuste en La Vera

A causa de su profunda religiosidad, Carlos V vivía atormentado por sus pecados de guerra, por todos los fallecidos en las batallas en favor de ese basto imperio en el que nunca se ponía el sol; y también, según cuentan las crónicas, estaba preocupado por su enorme curiosidad científica. Hay que tener en cuenta que, Carlos V, financió algunas expediciones científicas que chocaban contra los postulados de la Iglesia y, a pesar de que, para trasladarse a Yuste, renunció a todo su servicio, mantuvo a su lado a su relojero personal, el enigmático Juanelo Turriano. Dicen que el emperador soñaba con controlar el tiempo, de ahí que Turriano siempre estuviera cerca, presentando a Carlos V sus fascinantes inventos: relojes astronómicos y misteriosos autómatas.

Por estas razones, el emperador se trasladó al Monasterio de Yuste, donde su día a día estaba destinado a limpiar su alma para, una vez fallecido, poder llegar al cielo. Leía pasajes religiosos, escuchaba misa desde su alcoba y, sobre todo, pensaba en la muerte. Tanto es así que llegó a preparar pormenorizadamente su propio funeral. Según la leyenda, mandó celebrar su entierro, a modo de ensayo, y se acostó en el interior del ataúd, mientras los monjes jerónimos rezaban por su eterno descanso y las campanas del monasterio lanzaban tañidos fúnebres. Carlos V deseaba que todo estuviera perfecto cuando llegara su hora.

La obra de Tiziano para alcanzar “La Gloria”

Junto con estos preparativos, el emperador diseñó un talismán que le ayudase a dejar atrás sus pecados. Encargó al maestro Tiziano un lienzo en el que detalló la temática, los personajes, la vestimenta y la disposición de cada uno de ellos. Ese cuadro, cuyo original hoy día se encuentra en el Museo del Prado, recibe el nombre de “La Gloria” y es el portal paranormal que Carlos V utilizó para alcanzar la gloria eterna.

La Gloria de Tiziano

‘La Gloria’ de Tiziano, en el Museo del Prado

En el lienzo, aparece la Santísima Trinidad, algunos personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento y, a las puertas del cielo, pidiendo su entrada, Carlos V envuelto en una túnica blanca, representado como un alma, sin corona y sin signos de riqueza. Tras él, con idéntico vestuario, su mujer, la emperatriz Isabel de Portugal, y sus hijos.

Cronistas jerónimos como Fray José de Sigüenza, aseguran en sus escritos que el emperador pasó sus últimas horas contemplando este lienzo, ensimismado, casi, nos atreveríamos a decir, en estado de trance, visualizando su entrada al cielo con el objetivo de convertirla en realidad. De hecho, el médico aconsejó que se le retirase el cuadro, al ver que el emperador se encontraba hechizado con la pintura. La Gloria de Tiziano fue su puerta de entrada al cielo, la decisión más espiritual de un hombre sabio que dedicó los últimos días de su vida a sanar el alma y a encontrar la paz en un enclave recóndito de nuestra región. En el Monasterio de Yuste se puede contemplar una reproducción de La Gloria así como algunos relojes de la colección del emperador.

 

Lourdes Gómez en el Monasterio de Yuste

Lourdes Gómez en el Monasterio de Yuste

LAs Termas Baños de Montemayor

Texto y fotos de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

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