Una obstinada huida hacia adelante

Tiendo a considerar a Ben Clark como el máximo representante de la hornada de poetas nacidos en nuestro país a mediados de los ochenta. Lo hago no solo porque seguramente sea el más conocido de todos ellos, sino porque su libro de poemas Los hijos de los hijos de la ira (Hiperión, 2006) me pareció todo un canto generacional, el de una generación que parece sentir la necesidad de reivindicarse y reclamar su derecho a existir, la generación de un tiempo de hastío, de incredulidad, en el que, aunque todavía quede mucho por hacer, nos parece del todo inútil emprenderlo, y digo todo esto a propósito de Obsolescencia programada, el último libro de poemas Víctor Peña Dacosta, en el que ese retrato generacional, explícito en poemas como “Himno generacional”, “Generation terrorist” o La generación del like”, empapa todas sus páginas con vocación, casi, de ensayo, siguiendo la marcada tendencia de la Literatura actual a desdibujar las fronteras entre géneros.

El ensayo poético que contiene el libro es, además, meticuloso, con una primera parte titulada “La vida en las ventanas” que pone de manifiesto el vacío y el desconcierto de una vida cada vez más virtual; una segunda titulada “Balconing” que constituye un salto al abismo en la línea de la larga huída hacia adelante emprendida por el autor desde su primer libro; una tercera, “Menchevique”, sobre el desencanto político, sobre todo de quienes se sienten de izquierdas; y una cuarta, “Españolía”, en torno al conflictivo, esquizofrénico asunto de nuestra nacionalidad, partiendo en todas ellas de citas contundentes, como las de Ben Clark, Piedad Bonnett, Óscar Wilde o Luis Aragonés (por nombrar solo una de cada parte), que funcionan casi como tesis que Víctor Peña, a través de sus poemas, desarrolla de una forma no menos contundente, demoledora, con un humor corrosivo y sin tapujos que nos hace reír, desde luego, pero que a la vez nos horroriza por el panorama desolador al nos vemos enfrentados.

Obsolescencia programada acaba siendo, pues, un grito, el de una generación, la que describe el poema “Campus fugit”, aferrada a los años de la Universidad quizá porque eran los años en los que los sueños y la esperanza aún parecían posibles, que se arroja a todo tipo de consumos a sabiendas de que no han de llenar “El vacío” que siente, que alguna vez quiso ser de izquierdas con “Cabeza y corazón” para acabar siendo, sin muchos remordimientos, perros burgueses, para la que no hay “iglesias, felipes y hazañas” ni una forma cómoda de ser mucho españoles, un grito, en definitiva, en el que Víctor Peña no parece dejar títere con cabeza pero en el que al final, en el poema “Tengo el país que me merezco”, puede que sin querer, de puro agotamiento, después de mucho despotricar y llenarse la boca de palabras y no saber ya qué más decir, se deja escapar un sólido punto de partida: “mi patria son mis alumnos y las pecas de mi novia”, que no es, en absoluto, una mala (ni una cínica, ni una cómoda) propuesta para vivir mientras esperamos a que se cumpla el plazo de nuestra programada obsolescencia.

Hasta aquí la reseña. Si quieren saber más, conocer al autor, tal vez increparle, les invito a acompañarnos en la presentación que, junto con una servidora, hará de su libro el próximo jueves, 8 de agosto, a las 20:30 horas, en la Librería La Puerta de Tannhäuser.

Obsolescencia programada

Víctor Peña Dacosta

Ril Editorial

12,00 euros

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro

 

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