El pueblo jurdano de Horcajo abre las puertas a San Francisco

En el hondo de una vega formada por altas y escabrosas sierras se halla esta  alquería, de mala construcción pero de hermosa vista.  Sus casas miradas desde lo alto de cualquiera de los pueblecillos que la circundan,más bien alquería parece un eremitorio como el de la sierra de Córdoba, morada de varones que consagraban su existencia a la contemplación y al estudio… La vega es pequeña, pero de un terreno tan hermoso y de una vegetación tan lozana, que difícilmente se hallará en un espacio tan corto un número tal de árboles corpulentos verdaderamente colosales, y de tal modo cuajado de ellos, que antes que la enfermedad acometiera a los castaños, en su suelo, en los meses más fuertes del estío, no ofendían los rayos del sol (…)   Romualdo Martín Santibáñez: Un mundo desconocido en la provincia de  Extremadura, Las Hurdes.  Revista La Defensa de   la Sociedad, 1876.

Visión parcial del poblado pastoril de El Moral (Foto: Pepi Gómez Sánchez)

Casa en Horcajo, con un viejo olivo perniquebrado en primer plano. Foto-documento de 1921. Autor: Santiago Pérez Argemi.

La alquería de Horcajo, o del Jorcaju, topónimo que, en el habla astur-leonesa de la zona, viene a significar punto en el que se encuentran dos ríos o corrientes fluviales menores (río Jorcaju y Arroyu de la Vega el molinu) se levantó, tal y como dicen por estos pueblos, en loh áñuh mil; o sea, en tiempos inmemoriales y desconocidos.  Las huellas de los legendarios móruh, que es tanto como afirmar que son de la Prehistoria reciente o incluso de tiempos históricos, están por todas partes: parajes de La Jorraera, Loh Pásuh Máluh, El Jongueru, El Saltu del Moru, El Regatu la Mora, La Cueva la Mora, La Juenti el Moru y La Torri Moruna o Corral de Valencia.  Contaba con un ídolo-guijarro o estela diademada, que anduvo empotrado en la pared de un corral, en el antiquísimo poblado pastoril de El Moral, bañado por el río de El Jorcaju y la garganta o arroyo de La Carabosa, pero desapareció de la noche a la mañana.  Lástima que este poblado, de posibles orígenes altomedievales o tal vez anteriores, no haya sido rehabilitado, como propuso en su día el renombrado Jesús Garzón Heydt, que fuera director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura.  Mucho habría ganado turísticamente el concejo de Lo Franqueado de haberse llevado a cabo el proyecto.  Santiago Gómez Hernández, gran amigo mío y que fuera vecino de la cercana alquería de El Castillo, nos contaba que le decían El Moral porque allí, según oyó contar a sus mayores, se levantaba un moral descomunal, con una grandiosa copa, que cobijaba al ganado del pueblo (pastoría de cabras) cuando llovía y cuando calentaba el sol y era mu querenciosu pa sirvil de sihtil pal ganaítu.  También cuenta con el Chorru de la Tajuelita, espléndida y espumosa cascada en la garganta de La Rihcosa.

Iglesia de San Francisco (Foto: “Pigmentoazul”)

Calle de Horcajo (Fot: Lot Martín, Turismo Hurdes)

Refiere la tradición oral que, en este pueblo de Horcajo, erigió al modo de una humilde ermita San Francisco de Asís, cuando pasó por estas intrincadas tierras, en el siglo XIII, camino de Portugal.  Al poco de construirse el convento de franciscanos descalzos (suponemos que no irían descalzos de pie y pierna por terrenos tan pedregosos y tan tupidos de monte bajo), que hoy ya es rimero de escombros, se levantó dicha ermita, que acabaría ampliándose a finales del siglo XIX y se transformaría en la actual iglesia del lugar.  Pues en este templo sonarán el próximo sábado, día 6 de julio, los sones de la gaita y el tamboril de los miembros de la Escuela de Tamborileros de El Mesegal, que se acercarán a celebrar por todo lo alto las fiestas de San Francisco.  Sabido es que la efemérides de este santo es el 4 de octubre, pero como este mes cae en plena campaña de la recolección de la aceituna de mesa, han trasladado la fiesta al primer fin de semana de julio, cuando ya va decayendo la cerecera.  Esos tamborileros, figuras emblemáticas que no pueden faltar en toda fiesta jurdana que se precie, también acompañarán a la procesión del santo.  Todo ello después que enmudezcan los acordes de la charanga Los del Barrio, encargadas de despertar al vecindario, aunque lo tradicional y lo clásico siempre fue, antes de venir el día, la estampa del solitario tamborilero recorriendo las calles de la aldea, tocando los arcaicos y aterciopelados sones de la arborá o alborá del santu.

Horcajo de noche (Foto: Genaro Ramajal Rural)

Acercándose la hora del yantar, habrá una gran paellada para todo el que se arrime a ella (son muchos los que comentan que la paella hay que dejársela para los valencianos y que el arroz, a las dos horas de haberlo digerido, se baja a los pies, prefiriendo una buena olla jurdana, que es mucho más tradicional y cunde más en el estómago, por lo que se aguanta mejor el vino y el aguardiente).  Así que ya pueden prestar oídos los alcaldes jurdanos a las demandas de sus vecinos.  Y después de la comicanda, a compadrear y comadrear, sellando y reafirmando viejos lazos y amistades vecinales e intracomarcales.  Por la noche, la verbena a cargo del Dúo Transilvania.  Tétrico nombre para un grupo musical.  Esperemos que los vecinos de Horcajo no se sueñen cuando cojan de madrugada la cama con personajes tenebrosos, de negras capas y con afilados colmillos.  Y es que de la zona rumana de Transilvania era el temido y vampiresco conde Drácula.  Por si acaso, mejor colocarse un collar de ajos para tener en paz el remate de la fiesta y que ésta vuelva otra vez con nuevos bríos para el próximo año.

El “Chorru de las Tajuelítah” (Foto: Juan R. Larcorz)

En la foto superior: Horcajo entre pinares (Foto: Agustín Gómez Sánchez).

Textos de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil. Los textos e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor.

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