Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

La voz tranquila

“Mi habla es un murmullo, / una simple presencia que en la noche, / en las proximidades del vacío, / se impone por sí sola contra el miedo, / contra la soledad que nos revela / lo pequeños que somos”, dice uno de los poemas de He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, el libro con el que Basilio Sánchez ganó el año pasado el prestigioso Premio Loewe.
Si comienzo destacando estos versos es porque creo que ponen de manifiesto la sensación que siempre he tenido leyendo a este autor, la de que la suya es una voz próxima, que te habla en un susurro y que, como en un cuadro de Georges de la Tour, logra prender, en medio del silencio y la oscuridad, una llama que nos calienta, nos alumbra y da abrigo, que nos resguarda de la intemperie y nos ayuda a descubrir que el mundo es un lugar mejor de lo que, por lo general, creemos, y lo logra haciéndonos reparar no en lo grande, en lo magnífico, en lo lejano, sino en lo cercano, en los discreto, en las cosas que nos rodean y que, como dice en otro poema, “nos salvan la vida”.
“Hay un hermanamiento, / una especie de familiaridad entre las cosas / que conforman el mundo, / como si cada una cuidara de la otra, / como si la alegría en la que viven inmersas / fuera un logro de todas”, afirma en otro lugar, añadiendo a continuación que “acercarnos con afecto a las cosas / nos permite intimar con lo sagrado / que permanece en ellas”, y lo menciono esta vez porque lo sagrado, la atención al misterio, es uno de los temas fundamentales de este libro y explica, en buena medida, el tono bíblico de muchos de sus versos –ya presente, por ejemplo, en su penúltimo libro, Esperando las noticias del agua–, que se me antojan, también, hondamente antropológicos, como si propusiesen recuperar la espiritualidad laica propia de un tiempo en el que el hombre tenía una relación más inmediata e inocente con las cosas, con el mundo, en el que formaba parte activa de la secreta y hermosa conspiración que hace posible la vida, como si sugiriesen, para ello, posar una mirada humilde y desnuda, renovada, sobre lo que tenemos alrededor, la mirada que el poeta, a modo de ejemplo, acoge en sus versos pausados, impecables, sigilosos.
Pero esa atención discreta y reveladora hacia los árboles, hacia los pájaros, hacia la lluvia, va acompañada también, por medio de una serie de poemas que salpican el libro en cada una de sus partes, de una reflexión sobre la propia poesía, sobre los modos, el objeto y la razón de ser de la escritura, señalando, por ejemplo, que “uno empieza un poema / por aquello que sabe / y lo acaba por lo que desconoce”, o que “escribir un poema es sumergirse / en las profundidades de otra noche, / vincularse al misterio / de un cielo sin estrellas, / de un bosque ilimitado desprovisto de árboles, / de un paseo por la nada / entre los arrecifes / y las simas azules del sentido”, o que “la poesía / no es una ambigüedad del corazón, / es una forma / de sentirte tú mismo siendo otro, / de asumir la existencia de los otros / como si fuese tuya”, construyendo entre todos ellos una poética de la indagación, de la búsqueda, del encuentro.
“Los poemas que nos hacen mejores / son los que nos devuelven / a ese estado anterior / en el que era posible, / en nuestras relaciones con el mundo, / conducirnos son naturalidad, sin artificio”, afirma también Basilio Sánchez en otra de las piezas que componen He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, un libro que no sé si logrará devolvernos a ese estado primitivo, de feliz coexistencia con las cosas que evocan sus versos, pero que sin duda nos hará mejores, devolviéndonos al mundo más serenos, más tranquilos, quién sabe si no, también, más sabios.

He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes
Basilio Sánchez
Visor de Poesía
12 euros

Parada de la Reina 2018 Plasencia planVE Extremadura

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