burritos y arado en el Domingo Gordo de Ahigal

A punto de caramelo una nueva edición de El Domingo Gordu de Ahigal

Recuerdos muy lejanos nos asaltan, siendo un pelín más que chirivejes, de aquellas pelotéah (batallas campales a base de pedruscazos) entre los adolescentes y mozos (algunos bastante talluditos) de los pueblos de Ahigal y Santibáñez el Bajo, situados a escasos tres kilómetros.  Siempre tenían lugar los domingos de Cuaresma, cuando no había baile, no se podía cantar ni casi respirar.

Crispín García Paule, en el centro y con sombrero, junto a otros amigos, en su “Museu Enográficu Paletu) (Foto: “La Retrataora”)

El arroyo de El Pizarrosu separaba ambos términos.  Cada ejército, con sus jefes correspondientes, se apostaba en su término correspondiente, bien provistos de tiraórih (tirachinas), jóndah pa jundeal loh chinárruh (hondas para lanzar las piedras apropiadas) o las simples, ásperas y encallecidas manos.  Las piedras volaban de un lado a otro.  Cada domingo resultaban varios apiteráuh (descalabrados).  Unas veces chaqueteaban los de un lado, y otras, los del otro.  Cuando la acometida hacía retroceder a un bando hasta las propias casas de su pueblo, los vencedores, en júbilo colectivo, saltaban y gritaban ¡Ya loh hémuh jolláu!  ¡Menúa tollina llevan!  Rituales que se pierden en la noche de los tiempos y que tienen que ver mucho con la defensa simbólica de los términos municipales de cada comunidad, sus tierras de pastos y de caza, que serían, en tiempos tribales y de clanes, todo un espacio cuasi sacrosanto.

Grupo musical de Ahigal

El grupo “El J,Higueral”, que no puede faltar en cualquier fiesta local que se precie (Foo: “Paleta”)

Cecilio Mahíllo Gómez con alambique

El sicodélico y poético forjador Cecilio Mahíllo Gómez al pie del “alambiqui” (Foto: José Ángel Martínez)

Pero con las pelotéah no llegaba la sangre al río.  Pasada la refriega, todos tan amigos.  Y los santibañejos (vecinos de Santibáñez el Bajo), continuábamos yendo al mercado dominical de Ahigal como costumbre inveterada.  Y es que Ahigal, desde antiguas épocas, fue el centro cosmopolita de varias comarcas del norte cacereño (Las Hurdes, Valle del Alagón, Valle del Ambroz, Trasierra o Tierras de Granadilla).  Aún lo sigue siendo. Incluso hemos visto a gente de pueblos de la zona más meridional de la provincia de Salamanca acercarse los domingos, tal y como decían siempre los santibañejos: a golel y a vel que se cueci en El Ahigal.  Lo que fue mercado de ganados ya ha pasado a otros mundos y, ahora, es un magno zoco donde se encuentra prácticamente todo lo que uno desea y que se extiende por la plaza mayor, el lejíu (ejido comunal de otros tiempos) y varias calles adyacentes.  Curiosear por el mercado y, luego, meterse entre pecho y espaldas unos buenos vinos de las viñas palétah (palétuh son llamados sus vecinos, pero por razones históricas, no por ser zotes o palurdos), acompañados por las magras correspondientes, es obligatorio antes de emprender el regreso.

El barril que no falte en las labores de la trilla (Foto: José María Domínguez Moreno)

Y en homenaje a todas esas villas, lugares y aldeas que tanta ligazón tienen con Ahigal, surgió un domingo especial en el mes de agosto.  Todo se inició con una especie de mercado medieval, donde se daba cancha a los muchos artesanos que hay por estos pagos y se montaban algunas estampas agropastoriles, como la trilla en La Plazuela, con los dos burritos Silvehtri y Chicu, de cuya triste muerte se hacía eco el buen amigo José María Domínguez Moreno, historiador y el más preclaro investigador de todo lo referente a la Cultura Tradicional-Popular de Ahigal, su pueblo.  Hogaño, con la falta de los dos rucios, parece que los chavales no podrán dar vueltas en torno a la parva.

La risueña concejala de Cultura y Turismo, Maribel García Paniagua (Foto: “El Retratista”)

Maribel García Paniagua

Maribel es una agraciada joven ahigaleña, técnica superior en información y comercialización turística, que está al frente de la concejalía de Cultura y Turismo del municipio de Ahigal.  Amante de la música, el teatro y la literatura, está firmemente convencida que no solo la fe mueve montañas, sino que las remueve con mayores ganas, fortaleza y mejores réditos la cultura, sobre todo en el medio rural.  Ella es una animadora nata en todo lo referente al ocio y tiempo libre.  Toda una luchadora a la hora de desarrollar iniciativas en la defensa, salvaguarda y puesta en valor del patrimonio cultural intangible.  Nos relata Maribel que el día 2 de agosto se subirá el primer peldaño hacia ese Domingu Gordu, cuando en la casa de cultura, a eso de las 22, 30 horas, la compañía Titereteatro ponga en escena la obra El cumple de Adelina.  Y el segundo peldaño será la víspera, sábado, día 3, con la celebración al aire libre del XII Festival de Folklore, en el que se dará cancha a la Asociación Cultural Folklórica Las Nogaleas, de Aldeanueva de la Vera y al grupo local El J,Higueral.

Puesto de alfarero Domingo Gordo de Ahigal

Nunca puede faltar en el “Domingu Gordu” el puesto del alfarero (Foto: José María Domínguez Moreno)

Cuando nos pormenoriza Maribel las actividades del magno mercado del Domingu Gordu, es muy consciente que esos temas tan socorridos del mercado medieval, ya tan resobado en muchas villas, lugares y aldeas, debe dejar paso a toda una puesta en escena del mundo rural que se nos fue yendo de las manos. A medida que la economía de subsistencia de nuestros pueblos se trocaba por otra de mercado y, cada vez más, por un neoliberalismo globalizado y su correspondiente capitalismo sin alma y su bastarda sociedad de alocado consumo, se ha ido deteriorando y destrozando nuestro viejo mundo agrario.  Con esta nueva invasión de un modernismo mal entendido, se están yendo al garete valores como la solidaridad, el apoyo muto y la hospitalidad.  Por ello, esta edil, que ya tiene algunas tablas en su haber (va por la segunda legislatura), plantea rescatar el mercado tradicional que ya conocieron nuestros abuelos y que conlleva todo un despliegue por calles y plazuelas de oficios ya desaparecidos, de la economía del trueque y del trato y de otras costumbres e incluso creencias, farmacopeas, zoantropologías, el mundo lúdico y otras facetas mil de las antiguas comunidades agropastoriles.

Un “osado cruzado” alza la espada por cima de la cabeza de Luis Fernando García Nicolás, alcalde de Ahigal (Foto: José María Domínguez Moreno)

Como no podía ser de otra manera, Maribel, voluntariosa y diligente concejala de Cultura, invita a tirios y troyanos, rojos y azules, gordos y flacos, rubios y morenos… a personarse el domingo, día 4 de agosto, en el pueblo de Ahigal a buena hora, para calentar los motores con el aguardiente y los dulces tradicionales.  Luego, habrá que dar un reposado recorrido por los rincones y retorcidas calles y callejas del lugar, oliendo, saboreando, tocando y oyendo todo lo que alcance la vista.  Visita obligada es el museo etnográfico del siempre afectuoso y gran camarada Crispín García Paule.  O los poéticos y sicodélicos trabajos de forja del artista paletu Cecilio Mahíllo Gómez.  Y también las exposiciones pictóricas de María Victoria Paule, Emilia Corrales y Paco Vivas.  Y ya solo le queda a Maribel gritar con este trazalíneas:  ¡Viva el mercau del Ahigal en ehti día de San Onofri y San Ufroniu!

Textos de Félix Barroso para su columna A Cuerpo Gentil. Las opiniones e imágenes publicadas son responsabilidad de su autor.

Publicado el 31 de julio de 2019

 

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