Impresiones de un foráneo

Plasencia, Extremadura, verano de 2019

Mientras escribo esto tiene efecto el solsticio de verano. Cuando lean esto ya ha pasado.  Ahora ya es solo puro verano, sin prólogo, sin página de cortesía. Es igual, lo que importa y caracteriza a la estación que ahora se inaugura es el calor que azuza la agonía insomne de algunos ciudadanos y el ardor que despiden las piedras enlosadas o adoquinadas placentinas (que las hay de todos los formatos y edades históricas).

Un antiquísimo pensador afirmaba que su profesión consistía en hacer que las cosas pequeñas resultaran y parecieran grandes. Se refería a lo que ese hombre se dedicaba; a la retórica. Es decir, a largar por el pico exagerando y enalteciendo aquello que no se lo merecía. En otras épocas inquisitoriales lo hubieran quemado vivo. Sin embargo, hoy día ese es una profesión muy vulgar y extendida. La podemos apreciar, despreciar y siempre oír en los bares, leer en los periódicos y por supuesto escuchar viendo la tele.

Alguien se preguntará que tiene que ver todo esto con el calor. Atentos. El caso es que ni a 35 grados, y a más que llegaremos, se callarán los expertos tertulianos de nuestros queridos bares. Es una especie que no se arredra por el clima. Ese ciudadano que lleva dentro de sí a un retórico indomable, habla y se dirige a los amigos y camareros glosando una simple cotidianidad. Bueno, hasta aquí vale; pero es que lo hace como si estuviera pronunciando un importante discurso, casi declamando. Es él sí, el de la perorata del solsticio de verano, de invierno, etcétera. ¡Uf!

Sin embargo, en Almendralejo la vecindad se reúne el día del solsticio de verano para llevar a cabo una meditación en comunidad, en total silencio y en el yacimiento arqueológico de Huerta Montero. A esta contemplación la llaman los 108 Saludos al Sol (así, tal cual) y el resultado de la susodicha meditación afecta (dicen ellos) directa y benéficamente al estado físico, emocional y energético de cada ser humano. El acto está encaminado a purificar el organismo en los distintos cambios de estación climática. Luego hay una actividad etnogastronómica y, como imagino se le ha puesto a uno un cuerpo de rediez, se apunta también a una vuelta por la Ruta del Vino Ribera del Guadiana. No está mal.

El caso es que uno casi prefiere la leve penumbra de su pequeña casa para centrarse en lo que hay. Aquello de juntar palabras con cierto sentido. Eso sí, al fresco del sombrajo casero porque ya sabemos lo que significa eso del solsticio del calor sin necesidad de retóricos, ni de meditaciones. Aunque pensándolo mejor, a la caída de la solanera me apunten a eso de la Ruta del Ribera. Que esté fresquito ¿eh?

Foografía: Alfonso Trulls

 

Publicado el 21 de junio de 2019

Texto y foto de Alfonso Trulls

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