Santibáñez el Bajo: la romería tradicional se encamina hacia “la jesa”

En unas notas que tomé a Adriano Montero Montero, vecino que fue de Santibáñez el Bajo y más conocido por Ti Adrianu Guajira, apunté interesantes datos sobre la antigua romería que la mentada población celebraba en torno a la ermita de San Albín, uno de los varones más extraños y desconocidos de todo el santoral.  Que sepamos, solo se conserva cierto recuerdo de él, dentro del ámbito extremeño, en Mérida, Torrejoncillo y Acehúche.

Tamborileros jurdanos en la romería de Santibáñez el Bajo, en una edición pasada (Foto: F.B.G.)

Ara funeraria, con el antropónimo de ALBINUS, hallada en las inmediaciones de donde se levantó la ermita de San Albín (Foto. F.B.G.)

Adriano Montero hacía muy buenas migas con su compadre Nicolás Barroso Montero, abuelo paterno del que suscribe estas líneas.  Siendo los dos nonagenarios, les entrevisté varias veces.  Ti Adrianu sabía bastante sobre aquella ermita que se encontraba en un prado de su propiedad, de la que solo se conserva un pequeño trozo de uno de sus muros, formando ya pared medianera con los olivares del paraje de Cabeza el Moru.  Y nos relataba que en un canchu rebajeti, entri una mojea de róblih, ehtaban aseñaláh a cincel lah mánuh y loh piéh de San Albín.  El bosquete de robles todavía se puede ver en el rincón noreste del prado, pero son tantas las matas y la espesura de dehjollinaórih (ruscos, ruscus aculeatus) que todo lo que hemos llegado a ver ha sido un risco con diminutas cazoletas, lo cual ya, de por sí, nos habla de antiquísimas huellas prehistóricas.  A ello se le suman ciertas leyendas que oímos contar donde se rastrean mitológicas hierogamias dentro del mundo del toro como animal sagrado y totémico.  Nos refería Ti Adrianu que oyó contar a sus mayores que la ermita se encontraba en un espacio comunal y abierto, donde se celebraba una sonada romería el día 1 de marzo, que, justamente, coincide con la efemérides de San Albín.  Luego, la ermita se abandonó y los terrenos comunales que la rodeaban fueron desamortizados y sacados a subasta.  Los compraron los vecinos y lo muraron, formando todo un mosaico minifundista.  En 1822, la ermita estaba completamente arruinada.

Algunas mozas acuden en burro a la romería, en una de las primeras ediciones de la fiesta, una vez rescatada (Foto: Santibañeja)

Las puertas de la entrada principal se aprovecharon para colocarlas en el llamado Cementeriu Vieju, levantado unos años antes de que la ermita se viniese abajo, cuando ya se dejó de enterrar en el suelo y en el recinto exterior de la iglesia parroquial.  Los legajos antiguos, como las Relaciones Geográficas de Felipe II (siglo XVII), nos hablan de esta ermita, y de lo que no hay la menor duda es del asentamiento rural romano que se hallaba en este lugar, pues los vestigios, sobre todo cerámicos, se ven a simple vista.  Una lápida (ara funeraria), en mármol blanco, apareció en las inmediaciones de la ermita.  En ella aparecía, curiosa y sorprendentemente, el nombre de Albinus.  El alcalde de turno no tuvo otra ocurrencia que llevársela al subdelegado del Gobierno, recordándonos los jamones que los alcaldes franquistas les llevaban a los gobernadores civiles, a fin de obtener ciertas prebendas.  Su sitio debería haber estado, como en otros pueblos, dentro de una vitrina, con su correspondiente ficha histórico-arqueológica, a vista de todo el mundo, en algún edificio público de la localidad, o sea, dentro de su contexto.

La “Casa del Guarda”, punto central y neurálgico del festejo romeriego (Foto: Juanjo Paniagua Barroso)

Pues he  aquí que, en 1984, siendo alcalde el vecino Eloy Gutiérrez Montero, se pretendió rescatar esta romería, ya que la que se venía celebrando era toda una pantomima caciquil, en la que el pueblo era obligado a asistir a la misa que se celebraba en la ermita del Cristo (tiempos de la dictadura franquista), pero la fiesta (guiso de cabrito, mucho vino, aguardiente y puros, con el acompañamiento del tamborilero del pueblo) solo la disfrutaban las fuerzas vivas del lugar (alcalde, concejales, maestros, funcionarios municipales, médico, practicante, miembros de la guardia civil del cercano puesto de Ahigal y otros arrimados).  El pueblo se quedaba con el olor de los guisos.  Con el alcalde Eloy Gutiérrez, la romería comenzó a celebrarse en la dehesa boyal y comunal del pueblo, resultando todo un resonante éxito.  Pero el cura párroco traicionó a la asamblea de vecinos, que decidió recuperar la talla de San Albín, a fin de otorgar a la romería el espaldarazo sacrohistórico que necesitaba.  El clérigo, junto con cuatro beatas, sacó en procesión a una talla de la virgen de Fátima, que nunca gozó de tradicionalidad alguna.  Y, lamentablemente, esta talla es la que siguen paseando, pese a los compromisos (agua en una cesta) que hemos oído en estos años por parte de clérigos, concejales y portavoces de la asociación de mujeres.

Saúl Barroso Azabal, actual tamborilero de la localidad, en una edición de una pasada romería (Foto: Archivo F.B.G.)

Luis Martín Domínguez (“Ti Luí Bulla”), que fue muchos años tamborilero de Santibáñez el Bajo y tuvo la suerte de conocer y tocar en la romería rescatada (Foto: Benjamín Amador Blanco)

Centrándonos en la fiesta de este año, que se llevará a cabo el próximo sábado, día 4 de mayo, sobre las once de la mañana saldrá el cortejo procesional de la iglesia parroquial, acompañado por el joven tamborilero Saúl Barroso Azabal y una cuadrilla de caballistas.  En la dehesa, entre tanto, se procederá a repartir los dulces tradicionales, el aguardiente y el ponchi de la romería.  Más tarde, en el porche de la antigua Casa del guarda, se oficiará una misa para los devotos.  El personal, que, desde primeras horas de la mañana ya habrá sentado sus reales por estos terrenos adehesados a fin de hacer las correspondientes fogatas e ir preparando los guisos propios de este día, se meterá de lleno en la fiesta, cantando, bailando bajo los sones del tamboril y la flauta y los acordes charangueros y participando, tantos chicos como grandes, en los juegos tradicionales y trepando por la cucaña.  Recordamos que en los primeros años de esta romería renovada pero respetuosa con la más prístina tradición (exceptuando el tema del santo) se rescataron juegos que ya se había perdido, como el tiru de la barra, el calvu, la lucha con el garroti, la navaja, la jinca, el corchu mieleru o la taba; todos ellos de una enorme importancia etnográfica, propios de antiguas culturas agrarias y pastoriles.  Pero el gozo quedó en el pozo y volvieron a olvidarse.

Talla de San Albín, uno de los santos más enigmáticos del santoral (Foto: Jesús Sánchez)

En resumen, toda una memorable jornada, en la que muchos esperamos que no se vean, como otros años, trajes de chaquetilla y faralaes, tal que si se tratara de la romería del Rocío.  Indumentarias que no pegan ni con cola en una fiesta romeriega celebrada en una comarca del norte cacereño, como es Tierras de Granadilla, a la que pertenece la localidad de Santibáñez el Bajo.  Es que siempre hay gente que se enorgullece de lo foráneo y aparta a un lado sus raíces y sus identidades como pueblo, lamentablemente.

“Corrobla” romeriega, esperando hincarle el diente a la paella (Foto: Archivo F.B.G.)

La “Mojea del Viñazu”, en el rincón noreste del prado donde estuvo la ermita de San Albín (Foto: F.B.G.)

 

Publicado el 2 de mayo de 2019

*Las opiniones e imágenes publicadas en esta columna son responsabilidad de su autor.

 

 

 

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