Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

De la andante caballería

Marino González Montero es un caballero andante. Y no estoy hablando del conde Pierre de Provenza, el protagonista de su último libro, La bella Magalona, ni lo digo en el sentido en el que Flaubert afirmó una vez aquello de “Je suis Madame Bovary”. Lo digo casi de manera literal: Marino es un caballero andante, no de los que rescataban doncellas y desfacían entuertos en tiempos legendarios, pero sí de los capaces, a caballo entre los siglos veinte y veintiuno, de empeñar vida, honor y hacienda en atrevidas empresas culturales. Por eso hace años que montó –en compañía de Ana, la dama de sus pensamientos– una librería de la que nació una revista que se convirtió en editorial que acabó dando pie a una productora teatral que no será (estoy convencido de ello) la última de sus andanzas (lo que nos permitirá añadir todavía más oraciones de relativo encadenadas en el futuro). Además, al igual que los buenos caballeros andantes, que, al llegar a la corte de un conde, un duque o una princesa, eran capaces –según nos cuentas los libros de caballería, los mismos que volvieron loco a don Quijote– de encandilar a auditorios enteros con el esmerado relato de sus aventuras y desventuras, Marino González no sólo es valiente y arrojado sino también es diestro en el uso la palabra como arma de encantamiento. Buena muestra de ello es este libro en el que, a través de cinco cantos (cuatro estaciones y un vesper), en endecasílabos, con un lenguaje moderno con giros arcaizantes que nos trae a la memoria el eco de amadises y de orlandos, recrea las peripecias de Pierre, conde de Provenza, hasta su casamiento con la bella Magalona, uniéndose con ello a una tradición cuyos orígenes se hunden en la época medieval y que llega, con una enriquecedora escala en el siglo diecinueve, hasta nuestros días. En su personal y libre puesta al día como obra de teatro de esta tradición, Marino nos presenta al héroe no en un presente de torneos, interminables jornadas a caballo y días de gloria, sino en vísperas de su última batalla, la que ha de enfrentarle con la muerte, dándole los últimos consejos a su hijo y evocando, con un lenguaje cargado de lirismo, la más esforzada y hermosa de sus hazañas, el más apasionado de sus viajes, el que le llevó a conquistar y hacer suyo el corazón de su madre, la bella Magalona. Lo que acaso se eche en falta –por ponerle al libro una pega que quizá no sea tal, sino todo lo contrario, porque es bueno que el lector se quede con ganas de más– es un mayor desarrollo de la historia, conocer con mayor detalle los avatares de Pierre de Provenza en su viaje a Suecia, en el torneo, en su captura a manos de los sarracenos, en sus años de cautiverio en Constantinopla, pero no hemos de olvidar que el texto de Marino no es sino la tercera parte de un proyecto complejo y ambicioso, alentado por el pianista Abraham Samino y el tenor Alain Damas, que conjuga sobre el escenario la música de Johann Brahms, los versos cantados de Ludwig Tieck y la puesta en escena de nuestro esforzado caballero alamaraceño, que, tras este venturoso lance, se apresta ya sin duda para emprender, inagotable, su próxima batalla.

 

La bella Magalona

Marino González Montero

de la luna libros

16,00 euros

Publicado el 1 de marzo de 2019

 

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