Por qué meterse de cabeza en la Mina de la Jayona

La Mina de la Jayona es el mejor museo de ciencias naturales al aire libre de Extremadura y visitarlo abre todo un mundo de sensaciones por seis razones básicas que aquí desgranamos. Si quieres descubrir por qué ha recibido ya más de 260.000 visitantes, déjate guiar por nosotros.

La Mina de la Jayona es Monumento Natural desde 1997, cuando se convirtió en Espacio Natural Protegido, y lo primero que debes tener en cuenta para visitarlo es que hay que pedir cita. Lo segundo, ponerte ropa cómoda, tu casco de minero y prepararte para recorrer sus misteriosas galerías, las salas mágicas y silenciosas, sus cuevas tan sugerentes y los sorprendentes miradores que alberga esta antigua mina de hierro que se explotó a cielo abierto desde tiempos romanos.

Primera razón para visitar la Jayona, su origen sorprendente

Ya a principios del siglo XX, una empresa minera belga tenía la concesión para extraer el mineral y llevarlo en tren a Peñarroya. Cuando los belgas decidieron desaparecer del mapa para evadir impuestos, pasó a manos del estado y acabó cerrándose definitivamente en 1921. Eso permitió que la naturaleza volviera a apoderarse de la roca que tantos hombres y niños habían trabajado en condiciones durísimas para extraer sus minerales.

Hoy es un espacio ideal para comprobar en vivo todo aquello que habitualmente se estudia en los libros. Hay un aula de naturaleza que pueden disfrutar los centros escolares o grupos que lo soliciten para aprender de forma interactiva con talleres de observación y manipulación que permiten conocer el entorno experimentándolo con todos los sentidos.

La Jayona, un destino accesible

La Jayona está plenamente adaptada para todo tipo de público con rampas que permiten el acceso y disfrute de personas con movilidad reducida, solo hay que avisar a los guías cuando se hace la reserva y ellos te facilitarán la subida en coche de una pequeña cuesta de gran pendiente que separa el aparcamiento de la recepción.

El inevitable selfie de la Mina de la Jayona

El momento de la entrega de cascos suele invitar al selfie o foto de grupo con las estribaciones de Sierra Morena y el “Baldío” como fondo. Las risas y bromas están aseguradas porque no estamos acostumbrados a vernos de esa guisa. A partir de aquí empezamos a sentirnos en la piel de auténticos mineros por un día.

Segunda razón, sus contrastes inesperados

Es importante llevar calzado cómodo de montaña y una “rebequina” hasta en verano porque el choque térmico entre el exterior y el interior de la mina puede alcanzar los 20 grados de diferencia en verano. En invierno las subidas nos ayudan a entrar en calor y al pasar por las galerías notaremos las corrientes de aire así que es imprescindible ir bien abrigados para poder adaptarnos a los cambios de temperatura.

Tercera razón, su vegetación y su microclima

Justamente este microclima y la humedad permanente han hecho posible una paradoja:  en el interior de la mina crecen especies de umbría como los helechos macho, culantrillos doradillas o la higuera silvestre de aroma tan intenso. Todas son especies típicas del bosque atlántico que suelen aparecer en zonas de ribera mientras que en el exterior el paisaje antropizado es nuestro conocido bosque mediterráneo seco con pinos, encinas, olivos, retama, jara y coscojas.

Esta paradoja permite que el interior de la mina se mantenga entre los 8 grados de mínima y los 25 de máxima todo el año. Un ambiente ideal que propicia otro espectáculo, el de las paredes de la Jayona que están tapizadas de musgo y líquenes, propiciando un crisol de colores naturales de diferentes tonalidades de verde. Tonos que contrastan con los ocres y rojizos de las rocas, combinados con singulares juegos de luces y sombras que se producen gracias a la danza del sol y las nubes sobre el monumento. Este regalo visual y los muchos contrastes entre el interior y el exterior de la Jayona sorprenden sobremanera a los visitantes.

Cuarta razón , su fauna salvaje

Un espacio insólito, protegido, bien conservado y de cualidades ambientales únicas ha propiciado también que los murciélagos, que son una especie protegida, elijan la oscuridad del nivel 1 que es inundable y por tanto no visitable, para formar sus colonias e hibernar. En verano encuentran buen alimento porque los insectos también eligen la mina para vivir y son su “despensa nocturna”.

De día son las aves de todo tamaño las que deambulan sin temor por este espacio protegido: rupícolas como la chova piquirroja, gorrión chillón, avión roquero, golondrina dáurica, cárabos, búho real, nuestra esquiva y tímida pareja de cigüeñas negras o incluso el águila imperial, pasan por la Jayona cada año.

También se pueden encontrar excrementos de garduñas, zorros, ginetas, jabalíes por los alrededores de la mina, por eso durante toda la visita hay que ir alerta escuchando, observando, buscando las pistas de todo tipo que nos da la naturaleza en estado puro.

Sala de las Columnas de la Mina de la Jayona

Quinta razón, su singular valor geológico

Pero el valor fundamental por el que se tomó la decisión de proteger este espacio natural es el geológico. Rara vez la tierra deja ver su interior salvo en catástrofes naturales o como en este caso por la acción de la actividad humana en minas y canteras. Tal vez los mineros e ingenieros de antaño no repararon en ello, pero en su afán por buscar mineral fueron dejando al descubierto una falla lateral que nos da una oportunidad única para ver a escasos metros de distancia este desplazamiento inusual de las placas tectónicas. Geólogos y geógrafas de todo el mundo han venido a verla hasta Fuente del Arco, en el sur de Extremadura, por su singularidad y belleza.

A los visitantes adultos pero sobre todo a los pequeños, les encanta la parte mineralógica porque pueden encontrar atisbos de minerales de roca caliza por todo el recorrido: limonita, hematites, oligisto pero también goethita, calcita, especularita, malaquita. Todos ellos nos brindan sus brillos y relieves para tocarlos y hasta para salir “maquillados” de la visita con los colores de la tierra y su “purpurina” natural. La humedad constante también propicia la formación de estalactitas y estalagmitas que, aunque son muy jóvenes, cautivan a los visitantes.

En el Centro de Interpretación nos explican de manera interactiva buena parte de la historia natural, geológica y patrimonial del monumento. Hay maquetas, fotos de época, cronograma, piezas de arqueología industrial, audiovisual y un largo etcétera.

El recorrido varía para adaptarse a los cambios meteorológicos y al paso de las estaciones. Esto hace que la visita sea muy cómoda y muy entretenida, es habitual que los visitantes repitan pasados unos meses o unos años porque la Jayona siempre sorprende, no importa las veces que vayas, al ser un museo natural está vivo y va cambiando. Ni que decir tiene que se pueden hacer vídeos y fotos durante el recorrido.

 

La orquídea, un tesoro inesperado de la Mina Jayona

En primavera pueden verse orquídeas autóctonas de Extremadura. Nuestra tierra tiene más de 30 especies propias catalogadas que poco a poco van conociéndose y apreciándose. El Colectivo Tejo de Fuente del Arco organiza cada mes de marzo unas Jornadas de Orquídeas para aprender a reconocerlas y apreciarlas. Cada año van poniendo apellido a la calles del pueblo con nombres de orquídeas y azulejos como el que sirvió para rendir homenaje al investigador Jose Luís Pérez Chiscano en 2018 por su tarea incansable y su aportación excepcional al mundo de la conservación como miembro fundador de Adenex y por su hallazgo de la “serapia verde”, orquídea conocida entre los científicos como Pérez-Chiscanoi.

Sexta razón, su valor histórico y de arqueología industrial

Las personas que han trabajado como guías y técnicos de la Jayona en los últimos 21 años, se han convertido en buscadoras incansables de datos y pistas que puedan documentar la historia de la mina, de las diferentes concesiones, de la intrahistoria de los mineros y sus familias, de la evolución natural y geológica, de su conexión con el pasado económico y político o de su relación con la vía estrecha y el ferrocarril.

Prueba de ello es un estudio realizado recientemente por el arqueólogo Jose Ignacio Jiménez Gordón sobre la llegada del primer teleférico a Extremadura y de cómo se llevó a cabo ese sueño que permitió transportar el mineral hasta la estación de Fuente del Arco que se encuentra a varios kilómetros.

En definitiva, hablamos de un monumento muy vivo que no deja de sorprendernos y de emocionarnos por su belleza y singularidad. En cualquier época del año, la Mina de la Jayona te espera con su silencio y su oscuridad, con sus luces y sus sombras, con los aromas a jara y a higuera, con sus colores vivos y cambiantes, con una fauna y una flora inusual en estas latitudes y con la simpatía y profesionalidad de unos guías que todos los visitantes recuerdan mucho tiempo después de la visita.

¡Ven a conocer el secreto mejor guardado al sur de Badajoz!

Y no olvides que si planificas bien la visita, podrás conocer en el mismo fin de semana, la Ermita del Ara (recién declarada Bien de Interés Cultural), el teatro romano y la ciudad de Regina en Casas de Reina para recorrer Roma sin salir de Extremadura o la impresionante Alcazaba de Reina.

Texto y fotos de Chus García

Banca Pueyo Extremadura

Lugar: Mina de la Jayona en el término municipal de Fuente del Arco, Badajoz

Horario de visita: De martes a domingo hay 2 visitas guiadas a las 10:00 y a las 12:00

Accesibilidad: Visita adaptada a personas con movilidad reducida previo aviso a los guías

Aparcamiento: A 200 metros de la recepción

Teléfono para pedir cita: 667 75 66 00 (imprescindible cita previa)

E-mail: ci.minajayona@gobex.es

Entrada gratuita

 

 

 

 

 

 

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