El milagro de sangre ocurrido en Guadalupe

El visitante puede contemplar, en el relicario de la Virgen extremeña, un paño manchado de sangre perteneciente a un milagro que reflejó Zurbarán en una de sus obras.

Cuando hablamos de milagros, son muchos los que piensan que nos referimos a leyendas antiquísimas de las que no existen pruebas, pero la realidad es que hay bastantes episodios inexplicables de los que se conserva amplia documentación y, en algunos casos, hasta objetos relativos al hecho milagroso.

En el relicario de nuestra Virgen de Guadalupe pasa desapercibida una caja de madera que muestra una tela manchada de sangre. Pocos saben que se trata de la prueba de uno de los milagros más sonados que tuvieron lugar en el monasterio. Lo protagonizó el venerable padre Cabañuelas, también conocido como fray Pedro de Valladolid, un monje jerónimo que vivió en el monasterio guadalupense en el siglo XV.

En 1420, el padre Cabañuelas vivió un milagro que él mismo dejó por escrito. Cuentan las crónicas que, a veces, le asaltaban dudas sobre la transubstanciación; desde la concepción cristiana, se tiene la creencia de que en la celebración de la eucaristía se produce el milagro de la transubstanciación. Esta doctrina aparece ya en el Concilio de Trento y hace referencia a que durante la consagración del pan y del vino, estos alimentos se transforman en el cuerpo y la sangre de Jesús de Nazaret. Aunque no lo apreciemos físicamente, el catecismo de la Iglesia afirma que en ese pan y en ese vino está presente Cristo de manera real y substancial.

El padre Cabañuelas atribuía al demonio estas dudas suyas sobre la transubstanciación y, en mitad de una misa que estaba celebrando, justo durante la consagración ocurrió el siguiente prodigio: “después que consagró el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, vio una cosa como nube, que cubrió la piedra del altar y el cáliz, de manera que no veía otra cosa, sino un poco de la cruz que estaba detrás de la piedra, lo cual le inculcó gran temor, y rogó al Señor con muchas lágrimas, que le tuviera piedad y le manifestara qué cosa era eso y que lo librase de tan gran peligro. Estando muy atribulado y espantado, poco a poco se fue quitando aquella nube, y cuando se quitó no halló la hostia consagrada, y vio el plato que estaba sobre el cáliz quitado, y al ver el cáliz lo vio vacío. Al ver esto, comenzó a llorar fuertemente, demandando misericordia a Dios y encomendándose devotamente a la Virgen María. Estando así afligido, vio venir la hostia consagrada, puesta en un plato muy resplandeciente, y se colocó derecho en la boca del cáliz, entonces comenzó a salir de ella gotas de sangre, que caían en tanta cantidad en el cáliz que se llenó como antes estaba. Una vez que el cáliz se llenó, puso el plato encima del cáliz y la hostia sobre el ara como antes se encontraba. El fraile, que aún estaba espantado y llorando, oyó una voz que le dijo: ‘acaba tu oficio, y sea en ti en secreto lo que viste’”.

Debido a este milagro, el padre Cabañuelas se hizo muy famoso durante el siglo XV, llegando a ejercer como prior guadalupense y, también, como consejero espiritual de la reina María de Aragón.

Lo que todavía puede ver hoy el visitante en el relicario de la Virgen de Guadalupe es el corporal manchado de sangre procedente de aquella hostia que comenzó a sangrar, según el testimonio del padre Cabañuelas. Ese paño fue declarado auténtico por la Iglesia en el siglo XVII. Igualmente, durante la visita al monasterio, cuando accedan a la eucaristía, pueden contemplar un lienzo de Francisco de Zurbarán donde se inmortaliza aquella milagrosa eucaristía del padre Cabañuelas.

 

 

 

 

 

Texto y fotos de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

Publicado el 14 de enero de 2019

Acericos Plasencia Extremadura

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