En marcha el proyecto arqueológico ‘Plaucahtañu’ en el pueblo de Hernán Pérez

Allá por la década de los 60 del pasado siglo, desbrozando el monte, una serie de obreros tuvieron el feliz encuentro con siete estelas diademadas, que algunos les dicen ídolos-guijarros, y una estela de guerrero en la dehesa boyal del pueblo cacereño de Hernán Pérez, enmarcada en su parte norte por las estribaciones de la Sierra del Moru (enigmáticos y emblemáticos móruh, que se erigen en fósiles directores en cuestiones arqueológicas).  Por la dehesa corre el arroyo de Lah Jerreríah (otro topónimo que habla por sí solo).  De aquel hallazgo tuvo conocimiento el alcalde de la localidad, Julio Moriano, quien dio cuenta al placentino José Luis Blanco, gran entusiasta de los temas arqueológicos.  La noticia no tardó en llegar a oídos de Martín Almagro Basch, conservador, a la sazón, del Museo Arqueológico Nacional y Comisario General de Excavaciones.  Y este turolense, que fuera íntimo de altos jerifaltes nazis, jonsista, afiliado a Falange en 1936, fundador del Instituto Nacional e Imperial de Arqueología, redactor del periódico ¡Arriba España!  y director del diario franco-fascista Hierro, ordenó que una camioneta se trasladara a Hernán-Pérez y cargara con aquellos importantes vestigios.  Estelas diademadas con marcados rasgos antropomorfos, lo que las sitúan en pleno Calcolítico (III milenio a.C.), y una estela de guerrero que nos habla ya de un Bronce muy avanzado.  Y en el MAN, situado en la madrileña calle de Serrano continúan, cuando su lugar debería ser un museo de identidad en la villa de Hernán-Pérez.

Metidos entre los ripios pedregosos del dolmen de corredor (Foto: Archivo Pablo Iglesias Ordóñez)

La dehesa de la mentada población ha estado muy antropizada a lo largo de los tiempos.  No es extraño que las huellas de las diferentes culturas que la atravesaron o se asentaron en ella hayan estado sujetas a muchos vaivenes.  Es lo que le ha ocurrido a todo un conjunto de dólmenes, generalmente muy alterados por los trabajos agrícolas y también por los bucaneros de la arqueología, los conocidos en jerga arqueológica como piteros, que con sus malditos detectores de metales destrozan los entresijos de nuestros yacimientos.  Consciente de todo ello, hace unos cinco años, cuando aún era estudiante de la Facultad de Geografía e Historia de Salamanca, dio en tomar cartas en el asunto el hijo de Hernán-Pérez y actual concejal de su corporación municipal, Pablo Iglesias Ordóñez, contando con el apoyo e interés del salmantino y compañero suyo, Francisco José Vicente Santos.  En 1917, ya hay una primera línea de financiación de cara al proyecto de Plaucahtañu, topónimo que hace referencia al lugar donde se encuentra un dolmen de corredor de grandes dimensiones.  La Diputación Provincial de Cáceres sería la primera institución en soltar los cuartos.  En el presente año, se inician las excavaciones.  Participan alumnos y arqueólogos de la Universidad de Extremadura, de la UNED, de Salamanca y de la Complutense de Madrid, los cuales se alojan en la Escuela del Bosque, en el propio pueblo de Hernán-Pérez.  Todos se han afanado con alegre laboriosidad bajo la dirección de Francisco José Vicente Santos, doctor en Prehistoria y especialista en útiles líticos.  También han contado con el asesoramiento del sociólogo Jorge Casas Cuadrado, experto en desarrollo territorial.

Recogiendo pigmentos de un bloque pizarroso del tholos (Foto: Archivo Pablo Iglesias Ordóñez)

Proyecto integral

Pablo Iglesias, más en línea ideológica con su tocayo el fundador del PSOE que con el otro Pablo Iglesias que lleva las riendas de PODEMOS (sin desmerecer a ninguna de las dos formaciones políticas), afirma convencido que el referido proyecto va a ser un motor cultural y de desarrollo para Hernán-Pérez.  Refiere que nuestra idea es apostar por algo más, hacer de este proyecto algo integral, que convierte a la localidad en un espacio privilegiado para el estudio arqueológico y de otras disciplinas. Atraer el talento y servir de puente entre diversas universidades e instituciones.  Creemos que puede ser una forma de abordar nuevas vías en la lucha contra el fenómeno de la despoblación en nuestro territorio.  Relata, igualmente, que la excavación de este dolmen de falsa cúpula (tholos) solo es la punta de iceberg para la ingente tarea de poner en valor toda la riqueza que se sumerge en las entrañas de la dehesa de su pueblo y que pretende, además, aunar el estudio académico con la difusión y generación de entornos atractivos para el turismo.  Cuentan también con el apoyo de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura.  El proyecto se ha presentado en el X Encuentro de Arqueología del Suroeste, celebrado en Zafra el pasado mes de noviembre.

Un alto en las excavaciones (Foto: Archivo Pablo Iglesias Ordóñez)

Sin lugar a dudas, el proyecto de Plaucahtañu es armoniosamente ambicioso.  Todo nos hace pensar que la dehesa de Hernán-Pérez fue una de esas enormes fincas entregadas a las comunidades campesinas en tiempos medievales y repobladores, para el mejor desenvolvimiento de los moradores de aldeas que acabaron la mayoría de las veces convertidas en lugares o villas.  Dehesa como defesa (latín) o defensa, que, al menos, permitiera la subsistencia de sus auténticos dueños: la comunidad de vecinos.  Fincas comunales, repobladas con quercíneas, que, durante siglos, fueron administradas por hermandades de labradores y ganaderos que sometían sus decisiones al concejo abierto.  Desgraciadamente, muchas de ellas fueron desamortizadas por enjuagues caciquiles en las desamortizaciones del siglo XIX, pasando a manos de los caciques adinerados de la zona o de la burguesía de las grandes urbes.  Pese a ser bienes inalienables, inembargables y no sujetos a parcelación alguna, politicuchos y politicastros, caciquillos y cacicorros, hicieron de su capa un sayo.  Una gran gavilla de pueblos quedó herida de muerte al arrebatárseles esas tierras comunales, todo un necesario pulmón para que pudiera respirar la clase jornalera o el pequeño campesinado.

Pablo Iglesias Ordóñez, Director general del proyecto (Foto: Archivos Pablo Iglesias Ordóñez)

La dehesa de Hernán-Pérez supo de los avances técnicos que se producen a lo largo de la Prehistoria, sobre todo los relacionados con la extracción minera, cuando toda la cadena operativa sufre una gran transformación, en base a objetivos productivos de mayor envergadura.  La pirámide social se vuelve heterogénea; aparecen las clases sociales y se establece un complejo mundo jerárquico.  Bienvenido y aplaudido sea este proyecto de Plaucahtañu y todos sus mentores; de modo especial nuestro buen amigo Pablo Iglesias Ordóñez, un edil lleno de variopintas inquietudes culturales y que lleva a su pueblo clavado en las niñas de sus ojos.  Todo un ejemplo a seguir por miles de concejales de esos pequeños núcleos rurales de esa Extremadura que se jacta de sus conquistadores (pese a que, en muchos casos, fueron más las sombras que las luces), pero que todavía tiene muchos derechos por conquistar.

Antonio Juanes Cortes, Co-director académico del proyecto (Foto: Archivos Pablo Iglesias Ordóñez)

Dr. Fco. José Vicente Santos, Director Académico del proyecto (Foto: Archivos Pablo Iglesias Ordóñez)

La excavación del dolmen va tomando cuerpo (Foto: Archivos Pablo Iglesias Ordóñez)

Punta de flecha de cuarzo translúcido y filoniano, ligeramente retocada, hallada en las excavaciones (Foto: Archivos Pablo Iglesias Ordóñez)

El túmulo o cerrete artificial antes de inciarse las excavaciones (Foto: Archivos Pablo Iglesias Ordóñez)

Jorge Casas Cuadrado, Coordinador del proyecto y experto en desarrollo territorial (Foto: Archivo Pablo Iglesias Ordóñez)

Publicado el 17 de diciembre de 2018

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