Cuatro por cuatro

Decía Sara Mesa cuando visitó el pasado mes de marzo el Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán” que al abordar una novela, o un cuento, le gusta experimentar con diversos puntos de vista, y no como un mero juego literario, sino por comprobar lo que cada planteamiento puede aportar de nuevo a la historia, enriqueciéndola. Buena muestra de ello sería su novela Cuatro por cuatro, finalista del Premio Herralde, la primera de las publicadas por la autora en la editorial Anagrama (donde ha publicado recientemente una nueva novela, Cara de pan, y el ensayo Silencio administrativo), la primera -quizá- que la dio a conocer. Cuatro por cuatro transcurre en un inquietante internado, el Wybrany College -el colich– y está dividido en tres partes distintas, cada una de las cuales está contada por un narrador diferente -en la primera de ellas, más de uno- que va completando, con su punto de vista necesariamente parcial, una historia compleja, enrevesada, difícil de acotar en el estricto perímetro que sugiere su título.

La primera parte, “Nunca más de doscientos”, está compuesta por capítulos breves, contundentes, protagonizados por diferentes alumnos del internado -por Celia, Ignacio, Valen, Héctor o la Poquita- o por profesores como la Culo, el Guía o el Director, y parece a construir, al cabo, un proceso circular, interminable, de chicos y chicas que llegan, se van o desaparecen en una institución hipócrita, clasista, meticulosamente estratificada, que parece ser un modelo de orden en medio de una sociedad, la integrada por las ciudades gemelas de Vado y Cárdenas, en descomposición. La segunda, “Diario de un sustituto”, es la narración de Isidro Bedragare, un tipo que llega al colich para sustituir a un profesor extrañamente desaparecido, García Medrano, y que, por su condición al tiempo de impostor y outsider, está en condiciones de poner de manifiesto los horrores que la pulcra institución esconde. La tercera, más bien un epílogo, “Héroes y mercenarios”, está integrada por las presuntas notas para una novela del desaparecido García Medrano, notas que arrojan, pese a su carácter aparentemente críptico, y gracias a la inteligencia narrativa de la autora, Sara Mesa, una luz potente y a la vez horrible sobre los hechos descubiertos por el sustituto.

Cuatro por cuatro habla, en buena medida, del horror, en concreto, de la forma tan natural que tiene a veces el horror de instalarse en nuestras vidas, y aunque aparentemente todo pudiera reducirse al estricto ámbito de un internado -lugar tan apropiado para tramas de este tipo-, su compleja arquitectura, su estructura poliédrica, con multitud de puntos de fuga, va elevando del cuadrado al cubo el cuatro que Sara Mesa encierra en el título y como clave de la ficción, haciendo que el horror, y la reflexión sobre el horror, sobrepasen el estricto espacio que ese título plantea logrando ampliarlo, por encima de las férreas alambradas que delimitan el colich, hacia la sociedad entera, no ya la de Vado, la de Cárdenas, sino la entera sociedad en la que vivimos.

Como las mejores novelas, Cuatro por cuatro nos interpela, haciéndonos preguntarnos por la sociedad en la que vivimos y, a través de ella, por nosotros mismos, pero además, como la mejor Literatura, hace que nos olvidemos de si quien escribe es hombre y mujer, porque la de Sara Mesa, como la de escritoras como Marta Sanz, Cristina Grande o Belén Gopegui, es Literatura con mayúsculas, sin géneros ni etiquetas, con libros sólidos, contundentes, que señalan el camino por el que las mujeres, más pronto ya que tarde, acabarán por tomar la Literatura por asalto.

 

Cuatro por cuatro

Sara Mesa

Anagrama

17,90 euros

Publicado el 21 de diciembre de 2018

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