La Carvochá y La Chicharrona ya están llamando a la puerta

Antóncih, cuandu éramuh mozuelíllah y ya de mózah, loh  domínguh alreó de Loh Sántuh Bendítuh y sobri tó el día de la Carvochá, dihpué de habélmuh tupíuh bien de carvóchih con una pintita de aguardienti, moh poníamuh a juegá al Retozu con loh mózuh… (Ricarda Iglesias Montes, 81 años, alquería de Aceitunilla)

Las Hurdes Félix Barroso planVE Extremadura

El tamborilero Pablo Sánchez Sánchez, de la alquería de Las Erías, canta el Petitoriu de lah Ánimah (Foto: Vicente Martín Martín)

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El Pan de lah Ánimah (Foto: José María Domínguez Moreno)

Hemos visto a más de dos puritanas y mojigatas almas escandalizarse de ciertas costumbres del legendario territorio de Las Hurdes, ya fuere cuando en el Carnaval Jurdanu se representa el rejuiju (estampa de antruejos) de Loh Araórih del Rozu o de La Cricona.  O cuando las bocas desgastadas por los muchos años relatan que oyeron contar a sus mayores que las mozas acostumbraban a irse, en tiempos de primavera, a las majadas de la sierra con los mozos, haciendo todos cama redonda, sin que nadie se mesara los cabellos y se desgarrara las vestiduras.  Y otros fariseos levantan los brazos al cielo cuando personas que lo vivieron les hablan del Retozu: todo un entretenimiento dominical y novembrino, en el que mozos y mozas, en alegre algarabía luchaban entre ellos, tomándose la libertad consensuada de agarrar ellas por los testículos a los varones, y éstos por los pechos a las hembras.  Particularidades más profundas reviste este juego tan cargado de connotaciones sexuales y sensuales y del que habla el jurdano Anselmo Iglesias Expósito en su libro Yo, expósito en Las Hurdes (I.C. El Brocense, 1983).

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Tamborileros en rito de circunvalación en torno a la vieja era de trillar (Foto: José María Domínguez Moreno)

Valgan las anteriores líneas para dejar constancia de una heterodoxa y libertina costumbre incardinada en la Cultura Tradicional-Popular de la comarca jurdana  y propia de los domingos que precedían y seguían al festejo de La Carvochá y de La Carvochá misma.

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Pedro Martín Álvarez, de la alquería de Aceitunilla, cantando viejos romances (Foto: Vicente Martín Martín)

Por eso, como nos refería nuestro gran irónico amigo, miembro de Estampas Jurdanas, anticlerical y jurdano de la alquería de Cambrón, Teófilo García Hernández: Moh llenarun Lah Júrdih de fraílih y de mónjah pa metélmuh en verea, al igual que jacin con lah tríbuh del África o de Ocianía.  A algúnuh bien que leh han lavau el cerebro, peru con ótruh leh ha salíu el tiru pol la culeta, y pa ejemplu, el míu.

Se acerca el inicio del nuevo año, que desde épocas inmemoriales la comunidad pastoril de Las Hurdes, como otros pueblos indoeropeos, siempre hicieron coincidir con el mes sombrío, el mes de las ánimas, el de los días más cortos y las noches más largas, cuando apuntaban las primeras nieves en lo alto de las montañas y los ganados bajaban de las majadas a los corrales del pueblo. Y si los ganados regresaban a la aldea, también se creía que las ánimas volvían a visitar sus casas y sus huertos por estos primeros días de noviembre. Por ello, nunca mejores fechas que éstas para honrar y recordar a los antepasados.  La Carvochá ya está llamando a la puerta de este legendario laberinto de montañas, y se le dará paso el próximo día 3 de noviembre, cuando la alquería de El Mesegal, en el concejo de Lo Franqueado, vuelva un año más a ser el escenario de los antañones rituales de ánimas.  Rituales sacados de las cenizas y de los remotos recuerdos del imaginario colectivo de un pueblo que siempre se soñó con sus muertos, como bien afirmó el sociólogo ítalo-francés y gran amigo nuestro Maurizio Catani, que tan pronto se nos fue un 3 de octubre de 2005.

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La Tendá o Mesa de lah Ánimah (Foto: José María Domínguez Moreno)

La Chicharrona

La Carvochá está armónicamente atiborrada de manifestaciones y símbolos de gran valor socioantropológico: la Jogará y el Pan de lah Ánimah, el Zajuril y el Animeru de la Ehquila, el Animeru de lah Cahtáñah y los Entignaórih…  Se bebe aguardiente y se comen matajámbrih (dulces tradicionales de la zona) a primeras horas de la mañana.  Se extiende el manto de las ofrendas a las ánimas sobre el enlanchado de la antigua era donde se trillaba el mijo y el centeno. Y en la era se conjuran los males del venidero año y se propician buenas  cosechas y mejores ganados; se entonan viejos romances y otras remotas coplas; se procesiona el Pan de lah Ánimah…  Mientras, los Dondolondónih (así los llamaba Tíu Vitu de La Jorcajá y Tíu Gildu Condi, del Carabusinu) corren con sus caras tiznadas y sus cencerros en las manos en derredor de la era y por las calles de la aldea, con el fin de espantar a todo bicho malo que quiera maliciar el espíritu festivo del acontecimiento.  Los tamborileros siempre presentes. El tam-tam de sus tamboriles y la dulzura de sus gaitas se desparrama por valles y cordilleras.

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Alfredo Sánchez Peña, tamborilero de El Mesegal, encabeza la Pruseción del Pan de lah Ánimah (Foto: V.D.H.)

Entre rejínchuh (gritos guturales, desafiantes y aguerridos), castañas volando por lo alto y el son de los tambores, marcha todo el cortejo a media mañana en busca de La Chicharrona, una legendaria, rubia y guapa moza que baja de las montañas y trae con ella los fríos para que den buena cuenta de las moscas y para que los paisanos puedan realizar sus matanzas.  La reciben con gran algazara, dedicándole sentidos cantares de bienvenida.  Ella, atiborrada de pieles, con longanizas por collares, con un gran garrote y un fardel lleno de nueces, castañas e higos pasos que lanza a la chiquillería, declama con recia voz la licencia para iniciar el ritual matancero del puerco.  Luego, escoltada por todos los asistentes, recorre el pueblo y baja a la era, donde El Chicharrón aparece por sorpresa e intenta enamorarla.

Cata de las poliéntah (vino casero y del año) y otras contundentes gastronomías son parte consustancial de la fiesta, donde los invitados podrán meter la cuchara y el tenedor.  Sólo se les exige que aporten una botellita de vino o aguardiente de su pueblo o comarca, o algún enjundioso producto tradicional, para hincarles el diente al atardecer, después que el Corru de Ánimah recuerde a los miembros de Estampas Jurdanas (grupo que rescató, salvaguardó y puso en valor tales rituales) que ya no están con nosotros.  Comiendo carvóchih (castañas asadas), bebiendo, cantando y bailando hasta dejarlo de sobra, a fin de que las ánimas queden contentas, las sombras de la noche pondrán punto y final a unos heterodoxos y pintorescos rituales que por nada del mundo deben dejárselos perder los vecinos de la aldea de El Mesegal, que tanto echan el kilo en tal conmemoración, el Ayuntamiento de Pinofranqueado como patrocinador de los mismos y, por extensión, Las Hurdes enteras y otras instituciones provinciales y regionales.

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La hora de encender La Jogará de lah Ánimah (Foto: José María Domínguez Moreno)

 

Publicado el 28 de octubre de 2018

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