Difuntos en el objetivo

Se conservan en la región algunas imágenes de los siglos XIX y XX que muestran a personas fallecidas. La realización de estas instantáneas obedece a distintos motivos que analizamos en este artículo.

Poco después del nacimiento de la fotografía, a mediados del siglo XIX, surgió la costumbre de retratar a los fallecidos. En realidad, la tradición había nacido mucho antes, pues desde el siglo XVI se venían confeccionando en toda Europa retratos de difuntos, especialmente religiosos y niños.

Durante el Romanticismo, hacerse una fotografía estaba al alcance de pocos. Solo los más pudientes tenían acceso a esta tecnología, en una época en la que había una tasa de mortalidad bastante alta. En el caso de los adultos, la instantánea post mortem servía para dar conocimiento público de la muerte de algún personaje famoso o, de forma más privada, para poder tener constancia de la defunción en aras a gestionar alguna herencia o iniciar algún otro trámite del estilo.

Centrándonos en los niños, cabe destacar que la mayoría de menores no habían tenido tiempo de ser retratados debido a la corta edad con la que muchos fallecían en aquella época. Es por ello que los padres solicitaban la realización de una fotografía una vez se había producido el óbito con el fin de no olvidar el rostro de sus pequeños.

En Extremadura se conservan imágenes de este tipo. Gracias a la inestimable colaboración del Museo Etnográfico González Santana de Olivenza (Badajoz), hemos tenido acceso a dos retratos de niños difuntos que conservan en sus fondos. En la primera fotografía se observa a un infante acostado en un carrito de mimbre, con los ojos entrecerrados y rodeado de flores; la imagen fue donada a dicho museo por Francisco González Santana en 1991.

Bebé en cochecito. Fotografía Post Mortem de autor desconocido, cedida por el Museo Etnográfico de Olivenza

El segundo retrato pertenece a una niña ataviada con ropa de la época; está tumbada sobre una mesa, se le han colocado flores en la cabeza y tiene una muñeca en la mano.

Niña con muñeca. Fotografía post mortem de autor desconocido, cedida por el Museo Etnográfico de Olivenza.

Ambos casos muestran cómo los fotógrafos de la época buscaban divinizar la muerte, inmortalizar ese instante como si los menores estuvieran teniendo un dulce sueño y relacionándolo con el posible despertar a una nueva vida, al cielo, a través de elementos como la presencia de flores.

Se dan, igualmente, fotografías en las que aparecen madres o ayas sosteniendo en sus brazos a bebés fallecidos; se intenta, como en los casos anteriores, simular que los pequeños están dormidos. Contamos con imágenes así en fondos extremeños y pueden ser consultadas en dos libros muy recomendables: La Memoria Quieta, de Matilde Muro y Mª Teresa P. Zubizarreta, editado por César Viguera; y La Fotografía en Extremadura 1847-1951, una obra de Matilde Muro editada por el MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo).

Matilde Muro, quien ha investigado en profundidad la historia de la fotografía en nuestra región, ha tenido a bien cedernos una de ellas para su inclusión en este artículo. Se trata de un bebé fallecido en 1900; es de autor desconocido y pertenece a la Colección González Santana.

Niño muerto. 1900. Autor desconocido, Colección González Santana. Cedida por Matilde Muro Castillo.

Fotografía post mortem en el siglo XX

Aunque la fotografía post mortem vivió su época dorada en nuestro país durante el siglo XIX, en las décadas posteriores ha sobrevivido especialmente en Latinoamérica. En España, por su parte, se ha continuado retratando difuntos, aunque en otros contextos y con distintos fines, especialmente periodísticos.

Estas nuevas fotografías de fallecidos se caracterizan por no tener ningún tipo de simulación. La muerte se muestra de manera cruda, con toda su carga de dramatismo y no se omiten los escenarios fúnebres. Es el caso de una imagen que pertenece a los fondos del Archivo Histórico Municipal de Cáceres. Aunque bastante reciente, muestra perfectamente esta categoría de fotografía fúnebre.

Obispo Jesús Domínguez, autor desconocido. Cedida por el Archivo
Histórico Municipal de Cáceres.

Se trata de Jesús Domínguez, obispo de la Diócesis Coria-Cáceres, quien falleció el 26 de octubre de 1990 en la capital cacereña. Fernando Jiménez Berrocal, cronista oficial de Cáceres y responsable de su Archivo Histórico Municipal, quien amablemente nos ha proporcionado la fotografía de este religioso que se conserva en dicho archivo, explica que falleció a los 59 años “víctima de un derrame cerebral. Se encontraba en coma profundo tras un proceso crónico de tumoración pulmonar (…) Obispo sencillo y viajero, fue un gran conocedor del medio rural. Reclamó una reforma en profundidad para Extremadura y proclamó la fe como libertad contra el odio y la droga”. El obispo está enterrado a los pies del Cristo Negro, en la Concatedral de Santa María de Cáceres. El cronista desconoce quién fue el autor de esta instantánea que le fue realizada en el interior del ataúd.

Fotografías de difuntos en fotoperiodismo

No podemos hablar de fotografía de difuntos sin tener en cuenta la importancia de este género en el fotoperiodismo. Especialmente a partir del siglo XX, mostrar la realidad tal como es, narrar al mundo lo que ocurre a través de imágenes y no tanto de palabras, se vuelve un objetivo vital para los fotoperiodistas. Este fue el caso de Eugene Smith, quien en 1950 tomó en el municipio cacereño de Deleitosa unas fotografías que dieron la vuelta al mundo tras su publicación en la revista Life en 1951. Bajo el título de Spanish Village, el artículo reunía 17 fotografías de la vida en este municipio y una de ellas muestra el velatorio de un difunto.

ENTER FOR CREATIVE PHOTOGRAPHY,<br /> UNIVERSITY OF ARIZONA: W. EUGENE SMITH ARCHIVE / GIFT OF THE ARTIST ©<br /> THE HEIRS OF W. EUGENE SMITH, COURTESY BLACK STAR, INC., NEW YORK

Spanish Wake (velatorio español). Eugene Smith. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Antes que Smith, otros buscaron que los muertos de Extremadura hablaran sin palabras. Sin duda, las imágenes captadas por el cámara francés René Brut tras la toma de Badajoz en agosto de 1936 son un buen ejemplo. En ellas se puede ver a decenas de fusilados junto a la tapia del cementerio.

A pesar de todo, la muerte a día de hoy es un tema tabú. No está tan presente en nuestra vida como lo estaba en la de nuestros antepasados del siglo XIX. Las fotografías de difuntos, en la actualidad, suelen descansar en los anaqueles digitales de archivos policiales y forenses; sin embargo, en países como México se venden periódicos como El Gráfico, que cada día muestran imágenes de asesinatos y muertes violentas; casualmente, se trata de los diarios más vendidos de la república mexicana. Estos datos nos hablan de esa mezcla de curiosidad, morbo y rechazo que al ser humano le provoca la muerte.

Publicado el 31 de octubre de 2018

Texto de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

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