Versos en bicicleta

Hay gente capaz de contagiar entusiasmo, individuos en los que el entusiasmo es un virus tan potente que puede llegar a transmitirse, incluso, por teléfono o correo electrónico. Es el caso de Luis Leal, escritor, profesor de portugués y amigo, autor de un primer libro de poemas, 33, que ha logrado involucrar en su segundo proyecto, Pedal(e)ar, a un total de dieciséis personas -entre ellas este que escribe- que se han hecho cargo de la traducción de sus poemas, escritos en portugués, al castellano. Porque Pedal(e)ar, como muchas otras cosas en la vida de Luis, es un libro de ida y vuelta, que atraviesa, en ambos sentidos, la frontera entre España y Portugal, comenzando por el propio título, que logra condensar en un solo vocablo -un tanto monstruoso, pero un solo vocablo al fin y al cabo- dos verbos equivalentes, el portugués pedalar y el español pedalear, y que funciona como emblema de un libro, además, reversible, con dos portadas y dos ilustradores, José Manuel Paulete y José Kuski Vieira, que se puede leer en dos idiomas y en dos sentidos, ofreciendo así al lector tantas posibilidades como el vehículo que lo protagoniza, la bicicleta.

Porque el curioso hilo conductor que une los poemas de Pedal(e)ar es precisamente ese, la bicicleta, máquina por la que el autor siente auténtica devoción (“La bicicleta es veloz, democrática, futurista incluso. Pero su velocidad no es tanta como para convertirla en fugaz. Me fascina, tan silenciosa y perfecta, tan práctica y pacífica, ocupando pan poco espacio”, afirma en su “Declaración de intenciones”), y que le sirve como excusa para evocar la infancia, o para plantearse la paternidad, o para ponerse en la piel de un refugiado, en un libro que toca, pese a su brevedad, una enorme cantidad de temas, en el que, en palabras del propio Luis Leal, “hay el furor del paseo a dos, la alegría en familia, la emoción de ver a un hijo dando las primeras pedaladas, el reencuentro con el trasto de la infancia, las rodillas desolladas con mercromina, la cicatriza que te hace reír, el tándem de los afectos, la soledad necesaria y la gratitud hacia quien te ha ayudado a elegir la marcha más ligera. Pero también hay la crispación del atasco, los bocinazos que asustan, el miedo de perder la pata y no llevar la sillita del bebé con el cinturón puesto, el pánico de que te veas en la vertical, montado en las circunstancias del tráfico de ser padre e hijo y que se te pinche, inesperadamente, una rueda para la que no hay parche posible”, todo ello al ritmo pausado de la bicicleta, un ritmo que permite mirar, pero también pensar, el más adecuado, sin duda, para escribir luego estos poemas.

En este sentido, dice Adolfo Rodríguez Fernández, autor del prólogo en español (pues, como corresponde a un libro, como este, especular, hay también un prólogo en portugués de Manuel Piçarra, que califica la del libro como “poesía de la cotidianidad”), que “el elogio de la lentitud, la admiración por las cosas sencillas, la urgencia de la belleza, la conciencia social y ecológica transparecen en la poética de Luis Leal”, y que “estamos ante un poemario comprometido con la belleza del lenguaje y con la agitación de la conciencia”, una afirmación cierta en la medida en que con sus versos claros, transparentes, sin artificios, el autor nos invita a reducir nuestra velocidad de crucero, a enfrentarnos de un modo más cercano y natural con la vida.

Un libro, en suma, cuanto menos curioso en el que la reflexión, la poesía y el diario de viaje se dan la mano, y con el que estoy seguro de que a más de uno le van a entrar ganas de volver a sacar la bicicleta del garaje.

Pedal(e)ar

Luis Leal

Oficina da Língua Portuguesa

Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

 

 

 

 

Publicado el 17 de septiembre de 2018

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