SOS del patrimonio cultural de Las Hurdes (y III)

Docenas de petroglifos o grabados rupestres nos hemos dejado entre el maremágnum de notas, carpetas y cajones.  Estaciones rupestres que cojean de una pata o de dos, o tienen descalabrada la cabeza o las tripas fuera.  Por citar algunas, ahí quedan la de “El Gerrená” y “Loh Gerrenálih”; la de “La Antigua”, entre espesos bosques de encinas y de enebros, muy cerca de aquella otra de “La Rolabáe” o la del “Canchón”, a un tiro de honda de “La Peña Rajá”, donde hay una pequeña poza que está llena de agua en todo tiempo y donde los pastores metían la cuerna para beber: los lugareños cuentan que esta poza fue “jecha pol mánuh de móruh”.  Estaciones de “El Valli de luh Morálih”, de “La Canchera Llana”, de “El Regatu del Nebrá” (por aquí dicen que pasaba una calzada que iba desde Cáparra a Miróbriga), de “La Peña el Obíhpu”, de “Valli Cotorru”, de “La Peña Mora”, de “La Patá el caballu” o “La Pisá la burra”.  Interminable el listado.

LAs Hurdes planVE Extremadura

Los incendios forestales de Las Hurdes dejaron al descubierto numerosas estructuras de épocas prehistóricas (Foto: J.J. Gómez)

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Donde indica la flecha, dentro del despoblado de Arrocerezo, halló el que suscribe estas líneas la estela diademada que lleva el nombre de tal alquería abandonada (Foto: Jero Roncero)

Pero aparte de los petroglifos, también se tiene conocimiento de ciertos ídolos-guijarros o estelas diademazas que tomaron diversos caminos fuera de la demarcación jurdana, como el que se halló en el paraje de “Lah Ehcuevah”, muy cerca del río Malvellido (“Marvillíu”, en jurdanu), en términos de la alquería de El Gasco.  Al parecer, fue a parar a manos de un cura párroco y éste se lo vendió a unos señores de la población salmantina de Ciudad Rodrigo, figurando, hoy en día, como un vestigio arqueológico propio de dicha localidad.  Algunos hablan de esa pieza arqueológica es la que aparece en muchos trabajos como estela diademaza “Ciudad Rodrigo II”.  Datos tenemos de otro ídolo, encontrado en el pago de “Vamehtu”, no muy lejos de la alquería de Riomalo de Abajo, que se custodia en una colección particular, en el Poblado de Valmayor (Madrid).  Otro de estos ídolos, que parecen remontarse claramente al Calcolítico, es el del pueblo de Cambroncino.  Apareció formando parte de la pared de un antiguo corral de colmenas, en el paraje de “Lah Tápiah”.  Lo encontró Vicente Martín, vecino de dicho pueblo, el cual, con toda la buena fe del mundo, lo colocó encima de un poyete, a cara vista, sin conocer la importancia arqueológica de la pieza.  No tardando, otra mano anónima y bárbara, piqueteó todo el rostro del antropomorfo diademado.   Y un ídolo más, que formaba parte de una pared de un viejo corral en el poblado pastoril de El Moral (alquería de Horcajo), cuentan que ha tomado rumbo desconocido, sin que nadie sepa explicarse cuál ha sido su derrotero.

Félix Barroso planVE Extremadura

Cuenco presumiblemente coetáneo de las estelas diademadas y otros monumentos tumulares del Eneolítico (Foto: José Luis Sánchez Martín)

Museo de Las Hurdes

Féliz Barroso planVE Extremadura

Estela diademada de “Ehcugosu” (Foto: J.J. Gómez)

Como hemos visto, ha habido y sigue habiendo un continuo saqueo y destrozo del patrimonio histórico-arqueológico de Las Hurdes.  Y no hablamos de la oscura, enmarañada y artera incautación de la llamada “Colección Aceitunilla”, que era custodiada en la alquería de Aceitunilla (de aquí el nombre de la colección) por dos vecinos que gozaban de todos los parabienes de altos cargos de la consejería de Cultura: Gonzalo Martín Encinas, del que hablamos en la primera parte de este reportaje, y Pedro Martín Álvarez. Las piezas fueron expuestas repetidas veces al público; se hicieron varios reportajes sobre ellas y su destino era el prometido “Museo de Las Hurdes”, a ubicar en la factoría de “El Jordán”, al lado del cuartel de la guardia civil de la localidad de Nuñomoral.  Pero, de la noche a la mañana, se presentaron en la alquería de Aceitunilla (verano de 1995) una serie de señores, custodiados por fuerzas del orden, y armaron el natural revuelo en la pequeña aldea.  Incautaron las piezas, arramplando hasta con trozos de tejas y pizarras sin valor arqueológico alguno, y se las llevaron al Museo Provincial. También rapiñaron piezas de matiz etnográfico, cedidas a los mantenedores de la Colección por varios vecinos de la zona.  Son piezas con un gran valor afectivo, heredadas de sus mayores.  Los dueños de ellas están dispuestos a remover Roma con Santiago, al objeto que se las devuelvan, ya que consideran que aquello fue una incautación ilegal.  Dicen algunos que ciertas piezas se quedaron por el camino.  Todas ellas, menos dos estelas diademadas, duermen el sueño de los laureles en el sótano de del referido museo.

Idolo planVE Extremadura

Estela diademada de Ríomalo de Abajo (Foto: Emeterio Cuadrado)

Los dos ídolos expuestos en vitrinas, procedentes de la alquería de El Cerezal y el despoblado de Arrocerezo, no tienen ni ficha técnica, ya que los incautadores ni se molestaron en preguntar a los mantenedores por las características y filiación de las piezas.  Además, figuran que pertenecen a la Edad del Bronce, cuando es más que sabido que se enclavan dentro del período Calcolítico.  Y tampoco dan pie con bolo al hablar de la textura geológica del soporte.  ¡Increíble en un Museo Provincial!

El Museo de Las Hurdes no se ha levantado, por lo que la comarca se ha quedado sin parte de su patrimonio cultural, que anda mordiendo el polvo en lóbregos rincones del cacereño palacio de “Las Veletas”.  Luego, la Administración se jactará de la promoción turística que hace de la comarca.  Pero el turismo sería mayor si el museo se hubiese erigido y las piezas rapiñadas se encontraran dentro de su contexto.  Además, varias colecciones privadas depositarían, en caso de alzarse el museo, sus fondos en el mismo, como lo hemos oído referir más de una vez.  Las Hurdes, todo un oasis de épocas calcolíticas, bien se merece ese museo prometido.  Las fuerzas vivas de la comarca ya están tardando en exigir que se cumpla la palabra dada.  El turismo de corte rural y ecológico que precisa la zona no se atrae con bonitas palabras, sino con hechos palpables, que obras son amores y no buenas razones.   El hecho de erigir tal Museo podría hacer mucho para borrar de un plumazo el SOS que demanda el Patrimonio Cultural de Las Hurdes.

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Estela diademada de Cambroncino, terriblemente piqueteada por algún desaprensivo (Foto: Vicente Martín M.)

Enterramientos de épocas Calcolíticas, descubiertos al lamer las llamas de los incendios los abruptos terrenos de Las Hurdes (Foto: Jero Roncero)

Foto-documento del importante yacimiento prehistórico de “El Collau” (Foto: L.G.M.)

Estela diademada de El Cerezal I, foto y calco (Autor: José Antonio Pajuelo)

Las Hurdes planVE Extremadura

Una pieza ovoide, alabastrina, de la que los jurdanos solían atesorar en sus casas y a las que imbuían de poderes mágicos y curanderiles. La pieza, que sostiene en sus manos un chaval de la alquería de La Fragosa (Miguel Ángel Crespo Martín) y que ya tiene sus años, fue hallada en el paraje de “La Pina”, donde hay numerosas huellas prehistóricas. Fue una pieza más de las incautadas en 1995, dentro de la llamada “Colección Aceitunilla” (Foto: F.B.G.)

 

Publicado el 11 de septiembre de 2018

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