SOS del patrimonio cultural del territorio de Las Hurdes (I)

Cuando historiadores y arqueólogos han venido a llamar la atención sobre la riqueza arqueológica de la comarca jurdana, ya se habían encargado el pico y la marra o, posteriormente, las palas y cazos mecánicos de dar buena cuenta de algunas estaciones rupestres, donde se plasman grabados que abarcan desde épocas prehistóricas a otras plenamente históricas.  Noticias tenemos del arrasamiento completo de los petroglifos, hace ya muchas lunas, de la alquería de

Los grabados del “Picu de la Arrogüé”, en la sierra de “El Sanguinu”, medio destrozados por las máquinas (Foto: VICENTE MARTÍN MARTÍN)

El Robledo de lo Franqueado (“El Robreu de lo Franqueau”, en habla de la zona) y del lugar de Pinofranqueado (“El Pinu”), al ampliar y adecentar la carretera que se interna en el Valle del Esperabán y la pista que conducía a la alquería de Ovejuela (“Bijuela”), respectivamente.  Igual suerte corrieron los de “Vaonogal” (inmediaciones de Ribera-Oveja), destrozados para emplear la piedra en la pared de un huerto.  O el de “El Cravileju” (Las Erías), cuyos lapones pizarrosos fueron a parar a un “pareón” (bancal).  Destruido fue también el de “La Collá de la Mata” y otros que había en la carretera de tierra que enlazaba la alquería de La Sauceda (“La Socea”) con Ovejuela (Bijuela), según nos relataba Leopoldo Gómez Sánchez, que trabajó muchos años de vigilante forestal.  El del “Cahtillu de la Moza”, en términos de la alquería de El Cerezal, de acuerdo con lo que nos relataba el vecino Venancio Blanco, se lo cargaron a marrazos.  En parte, se encuentran demolidos el conocido como “La Pisá de la Burra” y aquel otru de “El Rozu”.  La lista se hace interminable.

Gonzalo Martín Encinas, en la fiesta del “Robu de la Albehaca” (Foto: F.B.G.)

En años más recientes, las máquinas desbrozadoras de los cortafuegos se llevaron por delante el petroglifo de “La Peña Mora del Retamá”, en el paraje de “La Collá del Manzanu” y han sido dañados seriamente los de la “Peña el Moldi”, en el paraje de “El Cahtillu de la Muñina” (alquería de El Mesegal) y el del “Picu del Arrogüé”, en la sierra de “El Sanguinu” (alquería de La Huerta).  Sobre el grabado de “La Peña el Moldi” ya denunciaron el caso, en 1992, los investigadores ligados a la Universidad de Salamanca, Luis Benito del Rey y Ramón Grande del Brío.  Y de los daños sufridos por el del “Picu del Arrogüé”, situado cerca de “La Verea del Correu”, se hizo eco, a través de Juan José Gómez Martín, hijo del pueblo jurdano de Caminomorisco y descubridor del mismo, el arqueólogo Antonio González Cordero.  Este investigador extremeño dio cuenta de los irreparables desperfectos causados por las cadenas de las máquinas en la plataforma pizarrosa donde se representan una serie de armas blancas, como se puede leer en su trabajo “Los grabados del pico del Arrobuey”, publicado en la revista “Las Hurdes” (Época III, número 35, julio 2017).  Serían, así mismo, bulldozers los que dejaron en estado lamentable los grabados de “La Collá de Matacabra”, a pocos tiros de honda de la citada aldea de La Sauceda.

Interesante grabado prehistórico, en la portada de la revista “De Jigu a brevas”, núm. 155 (Foto: Vicente Martín Martín).

Sobre estos incomprensibles destrozos ya alzó la voz, en 1991, el referido investigador Antonio González Cordero.  Posteriormente, en el año 2003, el profesor e hijo de la alquería de la Sauceda, José Luis Sánchez Martín, dio cuenta en la revista “Las Hurdes” (número 9, julio 2003) de más grabados en el mismo sitio, que permanecían enterrados.  Tenemos por oídas que también han sido las máquinas las que quebrantaron al completo aquella otra estación prehistórica de “El Letreru de loh móruh”.  Refiere José Manuel Álvarez, investigador que se ha hollado, de vez en vez, los viejos caminos del territorio jurdano y cuyos trabajos permanecen inéditos, que “el petroglifo de `El Letrero de los Judíos` aparece en el portillo que también lleva el nombre de `El Judío`, que es una perfecta entrada natural a los geosinclinales hurdanos.  Es de tipo plano y en él aparece un ídolo piqueteado, rodeado de alabardas y emparrillados (…)”

En el “sobrau” (estancia donde se cura la chacina de la matanza familiar) de Flora Martín Montero y Teófilo García Hdez., en la alquería de Cambrón. A la derecha, el arqueólogo Antonio González Cordero. Detrás de él, Juan José Gómez Martín, de Caminomorisco, otro autodidacta y entusiasta de la arqueología (Foto: F.B.G.)

Gonzalo Martín Encinas

José Luis Sánchez Martín, maestro jurdano, de la alquería de La Sauceda, investigador en temas históricos y arqueológicos, en los antiguos minados romanos de oro de “Loh Llánuh”, en la Sierra del Moru.

A tenor de lo expuesto, no es nada de extraño que numerosos viajeros interesados por estas huellas de épocas pretéritas y que manejen guías antiguas, se lleven el gran chasco cuando, deseando ver algunos de estos petroglifos, se encuentren que las máquinas o la barrabasada y la incuria humana ha arrasado con ellos.  Y encima después de pegarse la gran paliza por los enrevesados caminos o monte a través de las abruptas serranías de la comarca.   Muchos de estos grabados y otros vestigios, que hoy aparecen catalogados y estudiados en prestigiosas revistas, se deben, fundamentalmente, a la labor desarrollada por Gonzalo Martín Encinas, hijo de la alquería de Aceitunilla y todo un autodidacta en materias arqueológicas, con un olfato y una intuición especial para dar con los restos del pasado.  Por los años 80, 90 del siglo XX y principios del siglo XXI, Gonzalo acompañó a numerosos arqueólogos, algunos de los cuales, según nos refería, eran investigadores de despacho y no estaban enseñados a andar por el monte.  Por ello, aparte de mostrarles multitud de improntas arqueológicas que él había descubierto, tenía que actuar muchas veces de espolique e incluso cargar a cuestas con alguna que otra arqueóloga, para franquear ciertos arroyos o gargantas. Aparte de ello, Gonzalo era uno de los más agiles y preclaros danzarines de la comarca jurdana. Enrolado en el grupo “Estampas Jurdanas”, que aún tiene el honor de coordinar el que suscribe estas líneas, llevó la cultura etnomusicológica de Las Hurdes por numerosas demarcaciones geográficas.  Igualmente, era el alma máter de la fiesta “El Robu de la Albejaca”, una fiesta antiquísima y singular que se celebra la tarde-noche del 14 de agosto en Aceitunilla.

Monumento a Gonzalo Martín Encinas, erigido en el paraje de “La Llaná”, en la alquería de Aceitunilla, donde se rastrean vestigios de un poblado minero romano, descubierto por él (Foto: F.B.G.).

Podría haber sido declarada “Bien de Interés Cultural” por la Junta de Extremadura y se recogieron, en su día, firmas para ello.  La dejadez y la falta de claro interés para que el festejo se hubiera vertebrado de acuerdo a la tradición más ortodoxa, requisito fundamental para obtener el mentado título, frustró las expectativas y todo se volvió agua de borrajas. Desgraciadamente, la maldita Parca de la Guadaña se llevó a Gonzalo por delante el día 4 de agosto de 2005, en plena madurez de su vida y cuando le quedaban muchas, muchísimas cosas por hacer en pro de su tierra jurdana.

 

Entre el laberinto de montañas jurdanas, se camuflan muchas estaciones prehistóricas. Vista de la alquería jurdana de La Rebollosa desde el “Picu de la lenteja” (Foto: Fran Boína).

Publicado el 13 de agosto de 2018

Colaborador de planVE

 

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