tumba de Hernán Cortés

La olvidada tumba de Hernán Cortés

El 13 de agosto de 1521 la gran Tenochtitlán azteca se rendía ante el extremeño Hernán Cortés tras más de dos meses de asedio. El líder de los mexicas, Cuauhtémoc, trató de acabar con el acoso español pero le fue imposible y aquel día huyó dejando atrás los últimos restos de su gran imperio. 497 años después, todos los periódicos mexicanos recuerdan esta efeméride y a menudo rescatan noticias relacionadas con Hernán Cortés –la última, la búsqueda arqueológica de unos barcos que el propio Cortés habría hundido en las costas mexicanas para evitar que sus tropas se amotinaran- aquel hombre que con un ejército de 1.300 soldados españoles y 80.000 aliados tlaxcaltecas, tetzcocanos y totonacos desmanteló al ejército mexica, formado por unos 150.000 miembros. La victoria de aquel agosto de 1521 dio paso a tres siglos de domino español en la Nueva España, que tras su independencia en 1821 se convertiría en la república mexicana.

Huellas de Hernán Cortés en Ciudad de México

En la Ciudad de México se conservan muchos rincones donde podemos encontrar las huellas de nuestro paisano Cortés. Uno de los más significativos es el enclave donde se produjo el primer encuentro entre el extremeño y el emperador Moctezuma, quien pensaba que este podría ser el dios Quetzalcoátl, una deidad mesoamericana barbuda y de piel blanca que un día se marchó prometiendo volver. Aquel histórico momento, que condensaba el choque entre dos culturas, se produjo en la confluencia entre las calles República del Salvador y la avenida Pino Suárez, en el centro histórico de la capital mexicana.

Lourdes Gómez en los exteriores de la Iglesia de Jesús de Nazareno, área donde se produjo el encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés

En palabras de Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España:

«…Ya que llegábamos cerca de México se apeó el gran Montezuma de las andas, y traíanle del brazo aquellos grandes caciques, de bajo de un palio muy riquísimo a maravilla, y la color de plumas verdes con grandes labores de oro, con mucha argentería y perlas y piedras chalchihuites (jade) que colgaban de unas como bordaduras … otros muchos señores venían delante del gran Montezuma, barriendo el suelo por donde había de pasar, y le ponían mantas para que no pisase la tierra …»

Estos días he paseado por este lugar en el que los españoles contemplaron por primera vez a Moctezuma. Aquí se alza el hospital de Jesús, el primer centro médico de la historia en el continente americano y que fue fundado por el propio Hernán Cortés. A pesar de las remodelaciones sufridas, sigue funcionando, acumulando más de cuatro siglos de servicio ininterrumpido. El conquistador también propició, junto a este espacio, la construcción de un templo que también sigue en pie a fecha de hoy: la Iglesia de Jesús Nazareno.

Hoy he traspasado las puertas de este templo y me he dirigido al altar. Aunque está prohibido el acceso hasta la parte alta del mismo, al lado izquierdo he podido distinguir una sencilla placa en tonos rojizos. En letras doradas pude leer: Hernán Cortés 1485-1547.

De todo se ha dicho sobre los restos del conquistador. Que estaban en España, en Italia… aunque lo cierto es que su cuerpo yace en aquel lugar que le maravilló por la belleza de sus paisajes: México. La confusión nació tras la Guerra de la Independencia mexicana, cuando se alimentaron distintas versiones con el fin de ocultar el paradero de su tumba para evitar que esta fuera destruida. Según el historiador Salvador Rueda, fue en el siglo XIX cuando el ministro mexicano Lucas Alamán depositó los restos en su actual ubicación y envió acta de enterramiento, de forma clandestina, a la Embajada de España.

tumba de Hernán Cortés

Iglesia de Jesús Nazareno. Al fondo se aprecia la placa roja de la tumba de Cortés-

 

La historia permaneció oculta hasta 1946, cuando se filtró dicha documentación y se practicaron investigaciones históricas que propiciaron que los restos de Hernán Cortés fueran hallados el 25 de noviembre de aquel  mismo año. Tras meses de estudio científico se identificaron plenamente y la urna funeraria fue devuelta  el 9 de julio de 1947 a la Iglesia de Jesús Nazareno del Centro Histórico de la capital mexicana, desde donde escribo estas letras. La placa identificativa que contemplo fue colocada por el INAH de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

De Medellín a Tenochtitlán

He preguntado a los responsables del templo si puedo tomar fotografías. Me dicen que está prohibido pero a pesar de ello me dejan tomar algunas imágenes sin flash. Esquivan mis palabras cuando pregunto por Hernán Cortés. Me comentan que no se sabe si realmente aquí están sus restos. No quieren hablar de estas cuestiones porque en México, a fecha de hoy, Hernán Cortés sigue siendo un asunto tabú. Consideran al extremeño la representación de la parte más negativa de la Conquista y las heridas abiertas provocan rechazo hacia su figura.

ILado izquierdo del altar de la Iglesia de Jesús Nazareno, donde están los restos de Hernán Cortés.

Desde los bancos de este templo, mientras contemplo su tumba en completa soledad, pienso que se trata de demasiada responsabilidad asociada a un solo hombre y de demasiado tiempo de rencor a pesar de tanta historia compartida. Lo que me impacta en estos momentos es sentirme sobrecogida al evocar las andanzas de un hombre que partió desde la pequeña Medellín (Badajoz), muy cerca de mi casa, hasta la inmensa Tenochtitlán, donde hoy reposa y donde yo percibo, estos días, que hay mucho, muchísimo, que nos une.

Publicado el 20 de agosto de 2018

Texto y fotos de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

 

 

 

 

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