Tarde de lectura y siesta Alfonso Trulls

Tardes de lectura, noches de maki y sashimi

Los suplementos dominicales de los periódicos rellenan sus contenidos con interminables listas de libros para leer en verano. A uno le hace cierta gracia eso de leer solo con calor,especialmente cuando la mayor parte de las personas piensan en otras actividades más hedonistas, frescas, y también otras ardientes para la temporada de estío. Quien no lee en invierno es inimaginable que ni siquiera se líe en verano a pasar las páginas de un vano best-seller centón.

Aquí en Plasencia, intemporal y cálido norte de Extremadura, las tardes estivales se hacen especialmente largas y silenciosas en las que, a diferencia de las invernales, la intensa luz permanece más tiempo ahí recordando al personal que el sol todavía no tiene intención de aflojar y pirarse. La consecuencia se evidencia en las personas. No apetece salir de casa antes de que decline el astro luminoso y baje algo la temperatura, y no hay otra que rellenar esas horas. Unos optan por sestear delante del televisor (que por cierto también calienta) y otros leen hasta que sus manos se desligan del libro porque les vence el duermevela.

Es buen plan esto de leer en invierno y más en verano porque la lectura enriquece el intelecto y te pide disciplina y atención, y te divierte, y te alegra y te entristece igualmente con las historias que se cuentan y con los sentimientos que de aquellas se desprenden. Como dice el tocayo y poeta cántabro Alfonso Vallejo en su libro “Tiempo, silencio y verdad”:

Si aprendes a leer en ti el lenguaje de tu ser,

hallarás tu propia verdad.

Eres como tú te inventas.

El mundo se puede abrir.

La llave la tienes tú.

Seguimos. Luego ya viene lo de la noche. Algunas personas se refrescan, se apartan la galbana del cuerpo y se asoman a la calle con ánimo de charla divertida, poco transcendente, en una terraza cervecera donde se perciba algo de brisa mirando a la Catedral.

Más tarde y de retirada, unos satisfarán el apetito con la frescura de un gazpacho extremeño. Otros, como uno mismo, gozarán de lo culinario japonés con el desahogo que facilita un estupendo maki y algo de sashimi en una terracita bajo las ramas de un robusto árbol. Ahí, al lado de la Puerta del Sol, aquí en Plasencia.

Texto y foto de Alfonso Trulls para su columna Impresiones de un foráneo

Publicado el 23 de julio de 2018

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