Las llaves del delirio

Ya he hablado en alguna ocasión en ese rincón de PlanVE de Antonio Rubio, un discreto fenómeno de la Literatura infantil que vive desde hace algunos años entre nosotros, en Plasencia, esta ciudad tan inexplicablemente fértil para el cultivo de las letras. También he utilizado en más de una ocasión -aunque quizá nunca en esta página- una imagen como de museo etnográfico para hablar de las relaciones entre la lectura y la escritura, diciendo que funcionan de forma parecida a un alambique, pues igual que para destilar un poco de orujo es necesaria una cantidad ingente y voluminosa de bagazo, que hay que calentar a la lumbre y luego hacer que se condense a lo largo de un serpentín para obtener por fin, gota a gota, la deseada agua de fuego, para escribir es preciso haber leído mucho antes, haber dejado que esas lecturas se asienten, se asimilen, y que es sólo entonces, si uno tiene verdadera vocación de escribir, al calor de la pasión por la lectura, cuando van saliendo, palabra a palabra, los poemas, los cuentos, las novelas.

Pues bien, en 7 llaves de cuento, libro publicado hace algunos años por Kalandraka y que quizá se reedite en breve, Antonio Rubio nos demuestra (es un decir: en realidad no necesita demostrar nada) hasta qué punto es rico su bagaje -su bagazo- de lecturas, la enorme cultura literaria que hace falta para destilar, al final, libros infantiles tan aparentemente elementales como Limón, Cocodrilo o Las alas del avecedario. Las 7 llaves del cuento no es, propiamente, un libro infantil. En realidad es un pequeño ensayo -editado, eso sí, como el más bonito de los libros infantiles- en el que Antonio Rubio nos habla de los llamados cuentos de fórmula, los de verso y estribillo, las enumeraciones, los encadenados, los de adición y sustracción, los diálogos, los pareados y aleluyas o los romancillos, estructuras elementales, repetidas, reconocibles, que están en la base de mucha de nuestra literatura popular, que nos preparan desde hace siglos para el uso de la lengua -ese bien tan precioso- y nos proporcionan, al final, el mecanismo para disfrutar de la Literatura, a secas, con mayúsculas y sin adjetivos. Los cuentos de fórmula que Antonio Rubio recoge en este cuidado libro no son, desde luego, suyos, son parte del acervo colectivo, pero sí es suyo el estupendo estudio introductorio, en el que se conjugan dos elementos esenciales en el quehacer literario de Antonio, por un lado el rigor, el conocimiento, el bagaje de lecturas, y por otro, la luminosidad, el entusiasmo, ese mismo entusiasmo que le he visto desplegar en alguna ocasión cuando, sin necesidad de cabinas telefónicas ni de quitarse las gafas, con tan sólo unos libros y un auditorio de muchachos, se convierte en un auténtico superhéroe de la literatura para niños.

Una muestra reciente de ese entusiasmado quehacer es el libro El delirio de Eutimio Talironte, publicado por Anaya, ganador en 2017 del XXXVI Concurso de Narrativa Infantil “Villa d’Ibi”, un libro absolutamente barroco en el que realidad y ficción se funden, protagonizado por Eutimio -un tipo que quiere ser detective, enigmatólogo y escritor y que acaba imaginando el extraño caso de una locomotora que se sale de sus raíles y se pierde en un bosque de hojas perennes deslizándose sobre carnosos setos de aligustre- y que al final no es más que una excusa para el más puro disfrute de las palabras, para jugar con los adjetivos, con las metáforas, con las imágenes, para que el niño -o el no tan niño- sienta en su paladar la infinita variedad de sabores y de matices de nuestra lengua, un artefacto con forma de libro, con apariencia de aventura, que despierta el placer de la lectura, una muestra más, en definitiva, del magnífico trabajo de ese superhéroe tímido y discreto que vive y escribe entre nosotros y que se llama Antonio Rubio.

7 llaves de cuento

Antonio Rubio

Kalandraka

14,00 euros

 

El delirio de Eutimio Talironte

Antonio Rubio

Anaya

9 euros

Texto de Juan Ramón Santos para su columna Con VE de libro 

Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

 

 

 

 

 

 

Publicado el 27 de julio de 2018

Carnicerías Bernal PLasencia

 

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