Extremadura slow life o cómo disfrutar la vida en pausa

Hemos vivido una vida acelerada para descubrir de pronto que se disfruta más viviendo lentamente, así como se hacen los buenos guisos, con lentitud, al fuego, entre amigos. En Extremadura la slow life existe mucho antes de descubrir sus ventajas, desde que los pastores se sentaban en torno al fuego e iban echando agua a sus trozos de pan, revolviendo y revolviendo hasta obtener unas migas esponjosas. Desde que las madres, en torno al fuego, se reunían y se reúnen para cortar las patatas y regar con pimentón el caldo piornalego o probar la sazón de la caldereta de cabrito. Esa Slow life que también encontramos cuando los vecinos de Monroy pasan horas preparando miles de piñonates para sus ricas roscas. La gastronomía tradicional, los productos del campo, la cocción lenta en cada pueblo…,  son algunos de los elementos de este estilo de vida que hoy recomendamos.

La “vida lenta”, la slow life, parte del principio de prestar atención a todo lo que hacemos para aprender a disfrutar al máximo cada minuto y reconocernos en cada acción. Toma como punto de partida el poema de Kavafis, Ítaca, en el que afirma que lo importante no es el destino, sino el viaje. Y de eso se trata, de marcarse un punto en la geografía extremeña y disfrutar cada minuto hasta llegar a él. Así se puede recorrer una región lentamente, disfrutando de la dehesa más grande de España, de los bosques de colores en otoño, de los rebaños de oveja pastando a la orilla de un arroyo o perder la vista en los mares de agua dulce de los grandes embalses.

Elimina el estrés, activa la creatividad y facilita la comunicación

Está comprobado que vivir atentamente cada instante ayuda a controlar nuestras reacciones y a conocernos mejor. Para ello se necesita tiempo y tiempo es lo que regala Extremadura en cada uno de sus parajes. La región cuenta con autovías que unen las principales ciudades, la Vía de la Plata cruza Extremadura como una columna vertebral de sur a norte, también la A-5 corre paralela desde Navalmoral de la Mata hacia el sur, uniendo diversos paisajes. A partir de estas dos grandes vías surgen cientos de pequeñas ramificaciones, como nervios cargados de energía, son las carreteras entre comarcas y pueblos que en sí mismas son un espectáculo para los sentidos.

Ver los cerezos en flor desde la carretera del Valle del Jerte te da una visión global del lugar, pero perderse en los caminos te acerca a esa rica comarca, a los agricultores cuidando con mimo cada flor, quitando hierbas, sembrando nuevos cerezos. Lo mismo que perderse en las carreteras de Las Hurdes permite descubrir rincones llenos de magia, imaginar cuentos y leyendas y vivirlas. Ver las colmenas colocadas estratégicamente para obtener la mejor miel, o meter los pies en un frío arroyo que baja de las montañas de Sierra de Gata. Todas estas sensaciones, vividas intensamente, ayudan a eliminar el estrés, activan la creatividad y facilita la comunicación, otro de los objetivos de la slow life.

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Monumentos históricos para vivir lo espiritual

Los monumentos históricos en Extremadura permiten redescubrir nuestro pasado, con sus luces y sombras, en un recorrido por las distintas etapas de la historia. Lo vemos en los grandes yacimientos arqueológicos – el Turuñuelo, la Cueva de Maltravieso, Huerta Montero, Madinat Albalat y otros-, en el paso de los romanos por Mérida, Casas de Reina, Alcántara, Coria y Cáparra o en las fortalezas medievales, castillos, monasterios y torres que salpican pueblos y ciudades, así como la grandiosidad medieval y renacentista de Cáceres o Plasencia. Descubrir los detalles de esas edificaciones nos conecta con nuestro pasado, nos reconcilia con el futuro y nos fortalece espiritualmente, como personas de nuestro tiempo.

 

Mente sana en cuerpo sano

Otro de los principios de la slow life es el bienestar físico, vías verdes para perderse en bicicleta o andando, y que encontramos en cada comarca, junto a ese aire puro y esa agua fresca. Además, Extremadura cuenta con una serie de balnearios preparados especialmente para este sano culto al cuerpo. Desde el norte, con Baños de Montemayor, unas termas romanas a las que no faltan detalle, hasta el sur, en Alange, declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Una nueva forma de ver la vida es imprescindible, apreciar cada minuto del viaje es impostergable. Ítaca nos espera, vamos hacia ella lentamente.

 

 

Publicado en junio de 2018

Fotografías Andy Solé/planVE

©Planveando Comunicaciones SL

Extremadura “Slow Life” or How to Enjoy Life in Slow Motion

 

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