Entre Piornal y Garganta la Olla, la adrenalina en la tierra de slow life

Me gustaban los parques de atracciones, eso de ir a toda velocidad por los raíles de una montaña rusa me hacía vibrar. Con el tiempo y los vericuetos de la vida me di cuenta que había muchos otros tipos de adrenalina, algunas felices como la montaña rusa, otras terribles como escuchar disparos y correr.

En mi otra vida, en Caracas, solía ir a todos sitios evitando las vías principales, me encantaba unir pequeñas calles y carreteras y cruzar toda la ciudad sin tocar una autovía, decía que con eso evitaba el tráfico, pero en realidad es que aunque tardara lo mismo o incluso más, eso me producía una adrenalina que siempre he necesitado, la de ver cosas distintas, pequeñas, desconocidas.

Ahora que vivo a toda carrera en un sitio de vida lenta, es decir, en el sitio quizás más tranquilo de toda España y quizás de todo el mundo occidental, es cierto que en ocasiones echo de menos algo de adrenalina, pero mi despiste siempre está allí para ayudarme. Así, por despiste, y buscando la cascada La Desesperá, hace unos días tomé por error la carretera que une Piornal con Garganta la Olla. Y he descubierto algo: aquí cerquita tengo parque de atracciones inimitables.

A la carretera no le falta nada, bueno, le falta anchura, es estrecha, muy estrecha y llena de curvas, eso sí, después de cada curva se despliega ante tus ojos un paisaje maravilloso. Las piedras brillan porque el exceso de agua baja por ellas y se vuelven plateadas con la luz. Piedras de plata bordean el zigzag del recorrido al que atraviesan varias gargantas, que bajan apuradas por la montaña, saltando y haciendo mil formas y giros.

La comarca de La Vera aparece de pronto, ancha, ante nuestros ojos y se adivinan pueblos y carreteras entre tanto verde. Después de otra curva, vemos a lo lejos un salto enorme de agua que baja de la montaña formando una caída preciosa, blanca y brillante en medio del atardecer nublado de primavera. Más abajo un pueblo y aún perdida intento averiguar cuál es, veo la alta iglesia, el tamaño y la forma del pueblo pues seguía sin saber dónde acabaría esa intrincada montaña rusa. La caída de agua era la garganta Mayor, que tanto he disfrutado en verano. Y llegamos a Garganta la Olla, ese pueblo mágico, uno de los primeros que conocí cuando me mudé a Extremadura, llegamos después de tantas vueltas y fue como una recompensa, con guinda de adrenalina, maravillosos paisajes y bonitos recuerdos.

Publicado el 4 de abril de 2018

2 pensamientos en “Entre Piornal y Garganta la Olla, la adrenalina en la tierra de slow life”

  1. En el otoño esa carretera es una pasada, espectacular.En las dos direcciones,da igual. Yo me la he recorrido muchas veces.
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