Olores a guisos matanceros y el carnaval canchaleru por “La Chorrera” (II)

Afilándose están los cuchillos y tenedores para hincarlos en las presas de la “Matanza Canchalera”, en recuerdo de aquella tradición familiar que convertían al “guarrapu”, “lichón”, “marranchón” o “cebón” (denominaciones comarcales del cerdo) en la despensa cárnica del año.  Todo un mundo etnográfico, antropológico, gastronómico y folklórico giraba en torno del sacrificio del puerco, que se convertía en una o dos jornadas de afianzamientos de los lazos familiares e incluso vecinales, basados en la solidaridad y el apoyo mutuo.

Carnaval Infantil de Aceituna (Foto: J.C.P.)

Eran días de alegría, donde había que aguantar ya bromas consagradas por la tradición, cuando se llevaba a cabo el “baili de lah morcíllah” o “baili del baíl” (se acompañaba con un badil repicoteado por una vieja llave).  Y había que ejecutarlo bajo las chacinas que colgaban sobre el humero, a fin de que las brujas envidiosas no vinieran a maliciarla.  Días de dar la matraca por las calles, ya oscurecido, llamando a las puertas de los vecinos y pidiendo “el rabu”, o arrojando “zajumériuh” (botes con pelos de viejas y guindillas picantes a los que se prendía fuego) sobre el “patiucasa” o el pasillo que conducía a la cocina.  Era una manera de celebrar la alegría por estar de matanza, aunque les sentara como un tiro a los vecinos a los que se les llamaba a la puerta y se les gastaban semejantes chanzas.  Juegos de naipes entre los más mayores después de la cena, con mucho vino y aguardiente.  Y juegos de niños, como “el pilungueu” o la trastada del “moldi de loh gruñuéluh”.  Entretenimientos únicos y exclusivos de la matanza familiar.  Pero gran solidaridad con los que no mataban, por habérseles desgraciado el marrano o por otras calamitosas circunstancias.  A ellos les llevaban “la olla”, con diferentes presas del cochino recién matado.

Tamborileros «canchaléruh» (Montse Pérez García y Poli Pérez Durán), acompañados por el alcalde de Aceituna (segundo por la derecha), Josafat Clemente Pérez (Foto: «Canchaleru!)

Y en recuerdo de todo aquello, la Matanza Canchalera llenará las andorgas de todos los presentes, regada por buen vino de pitarra.  Mientras unos atienden el rancho, los quintos de Aceituna, ataviados para la ocasión junto con aquellos “pahtórih canchaléruh” que ya tuvieron su bautizo de fuego en la localidad portuguesa de Alpedrihna el pasado septiembre en el Festival Internacional de la Trashumancia, recibirán a las 10,30 horas a la gente de “Estampas Jurdanas” que ya vienen por el paraje de “La Chorrera”.  A su derecha, dejaron los predios de “El Tesoru” y “El Caballitu”, y a la izquierda, los de “Navalazarza”, enfilando por “El Llanu del Pintu” hacia Aceituna.  Serán agasajados con el buen puchero de café, el “ponchi matanceru”,  el aguardiente y los dulces de la tierra.  Y cuando el “Zajuril” dé la señal, saldrán todos en alocada algarabía a buscar al “Rey del Entrueju”, para subirlo a la fuerza a lomos de un burro y vitorearle y cantarle las viejas coplas de estos septentriones cacereños.  Luego, el cortejo volverá a calentar motores y, en furiosa orgía carnavalesca, donde el ruido de los cencerros se mezclará con el de las flautas y tamboriles y el alegre repicar de las castañuelas de los quintos, se dirigirá a la plazuela correspondiente, donde se sucederán diferentes “rejuíjuh” (heterodoxas y transgresoras dramatizaciones), propios de los antruejos de “jurdánuh” y “canchaléruh”.  La “Vaca Tizona” hará de las suyas, levantando con sus cuernos las sayas de las mozas, para caer, luego, bajo el estoque de un quinto y, resucitando, al poco, cuando le den un buen trago de vino.

Algunos de los quintos de este año, acompañados por la «Vaca Tizona», Valentín Garrido («tocaol de rólluh») y por las tamborileras Montse Pérez y Felipa García.

Después del soberbio yantar, comenzarán a oírse los acordes de la charanga “Tropican” y se iniciará aquella parte del carnaval más contemporáneo, el que enlaza con las carnestolendas del siglo XVIII, propias de la burguesía capitalista y que se fraguó en los altos salones cortesanos.  Indumentarias con muchos colorines y de cierto sabor psicodélico, portadas por aquellos que les gusta contorsionarse  y danzar al compás de ritmos más propios de los modernos tiempos o de la España cañí.

Foto-documento de antiguos quintos «canchaléruh» con tamborilero (Foto: Archivos de Josafat Clemente)

Los del carnaval rural,  el que se pierde en la nebulosa noche de los tiempos, totalmente ritualizado, con ecos libertarios y de concejo abierto, también continuará bajo el son de los tamborileros, hasta apalear, ahorcar y quemar a ese fogoso pelele al que llaman “El Morcillu” o “Don Pericu”, que llevará a las mujeres a llorar a moco tendido.  Por algo es la representación simbólica de un legendario personaje, bien peripuesto y bien dotado sexualmente, que consoló a las féminas jurdanas en una ocasión en que las alquerías se quedaron sin hombres, por haber tenido que acudir todos a una guerra entre los “Jáncanuh” y el rey “Batuecu”.  Cuando ya se tiña el cielo de oscuro azabache y la carga de vino y aguardiente se deje notar sobre las espaldas, la disco-móvil a cargo del “Dj Ñako” dará paso a sus estridencias en la carpa municipal de “Los Llanos”.

Miembros de Estampas Jurdanas, representando un «rejuiju» del Carnaval Jurdanu» (Foto: «El Judíu»)

Tío José García Domínguez, genial tamborilero, con otra partida de quintos «canchaléruh» (Foto: Archivos de Josafat Clemente)

Los antruejos canchaléruh se alargarán durante el domingo, el lunes y el martes, con más desfiles, pasacalles de disfraces infantiles (organizado por la AMPA) y otras pantomimas y mojigangas, culminando con el Entierro de la Sardina, que correrá a cargo de la asociación de amas de casa “Santa Marina”.  El alcalde del lugar, Josafat Clemente Pérez, lanza todo su vozarrón entre los ecoicos canchales, invitando a paisanos de aquende y de allende a que acudan a tan atronador y enloquecido festejo, donde nadie es más que nadie y quedan abolidas por decreto todas las clases sociales.

Más quintos «canchaléruh» en los carnavales, en compañía de otro gran tamborilero: Martín Pérez Pérez (Foto: Archivos de Josafat Clemente).

El «Rey del Entrueju», en el Carnaval Jurdanu (Foto: B.D.I.)

Más información en  El carnaval canchaleru ya asoma por «La Rebarba»

Publicado el 8 de febrero de 2018

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