“Lah Nochigüena”, memoria y garganta de Ricarda Iglesias Montes

Cuando escuchamos por primera vez el nombre de Ricarda, fue hace ya un buen puñado de lunas. Ni siquiera sabíamos que existiera tal nombre de mujer. Ha llovido, tronado, venteado y calentado el sol muchas semanas desde aquello. Habíamos pisado la siempre mágica y legendaria comarca de Las Hurdes hacía escasos meses, a fin de ejercer nuestras tareas educativas. Hasta aquel cerro rodeado de pinos donde se encontraba el Hogar-Escolar de Nuñomoral (siempre de grata memoria), se allegó Ana Valenciano López de Andújar, una preclara investigadora del Romancero, que, con el tiempo, se convertiría en toda una doctora en Filología y en catedrática emérita del Instituto Universitario “Menéndez Pidal”, con docenas de conferencias, cursos, seminarios, publicaciones… sobre tradición oral en el mundo hispánico.

El casco antiguo de la aldea de Aceitunilla bajo la nieve (Foto: Rafa Iglesias)

Ya había publicado algo sobre la comarca jurdana en ciertos periódicos, que mi vocación por mover el lápiz se inició tempranamente. Realizando el bachillerato, ya di a la prensa algunos folios. Ana me buscaba para que fuera su lazarillo en aquel enrevesado laberinto de montañas. Pero este pobre servidor estaba más pegado que un sello en cuestiones romancísticas. Le busqué algunos contactos y ella emprendió sola su aventura.

Ricarda Iglesias, segunda por la izquierda, con otras vecinas, cantan en la taberna de la alquería el día de la “Nochigüena”, al compás de su nieto Saúl, el joven tamborilero (Foto: “Galiciana”)

Cuando vino a despedirse, me habló de los buenos informantes que había hallado por esas alquerías y me citó, especialmente, a Ricarda Iglesias Montes, del pueblo de Aceitunilla. Pasando el tiempo, conocería de modo entrañable a Ricarda y, con ella, me tiraría varias tardes, llenando mi grabadora de un importantísimo repertorio etnomusicológico, que acompañaba con una voz perfectamente modulada y con una cadencia que dejaba resbalar un nebuloso arcaísmo y que encandilaba los oídos de quienes la escuchaban.

“Arrepañandu monti” (arrancando matas) para hacer “La Jogará” (Foto: Elena)

“La Jogará-2016” (Foto: Elena)

Había nacido un 17 de noviembre de 1936, en plena guerra civil. Ella, humilde y recia trabajadora, como la mayoría de las jurdanas, de abancalados y liliputienses huertecillos que trepaban por la montaña, nos relataba que “si habiera vivíu la mi madri, la tía Genara, ésa era la que sabía cantárih, que yo no sé ni la metá que ella”. Ricarda aprendió la mayor parte de lo que atesoraba en su prodigiosa memoria de habérselo oído cantar a su madre. Todo un legado convertido en un revulsivo contra todos aquellos apologistas de Pascual Madoz, Santiago Pérez Argemi, Gregorio Marañón, Luis Buñuel u otros prostituidores del vivir sociofestivo de los jurdanos, a los que les negaron sus bailes, sus danzas y sus canciones.

La Nochigüena

Ricarda, hace ya muchos inviernos, cantándole “cóprah” a dos vecinas entradas en edad (Foto: “Galiciana”)

Estamos ya en entrevísperas de esa “Nochigüena” que los vecinos de los siete concejos de la comarca natural de Las Hurdes, como antiquísima comunidad pastoril, siempre la celebró por todo lo alto, dando lugar a un sincretismo entre lo pagano y lo cristiano que perdió mucho fuelle a raíz de la emigración del pasado siglo. Hoy, la mocedad ha asumido, en algunos pueblos, el reto de sacar de las cenizas lo que languidecía. La pasada Nochebuena volvieron a levantar “La Jogará” en Aceitunilla, en el paraje de “El Jaral”. Toda una gigantesca hoguera que iluminaba la aldea de los “galiciánuh” (así son conocidos comarcalmente los habitantes de Aceitunilla). Docenas de cohetes hacían trizas la escarcha de la noche.  La voz cantarina y transparente de Ricarda Iglesias traía ecos del antiguo villancico:

“Bien podías, Niño hermoso, / en otra nochi nacé, /  y no en el mes de diciembri,/ el más rigurosu mes…”

Mucho y hondo habría que hablar sobre esa “Jogará”, tan emparentada con el solsticio invernal. “Ántih, cuandu el puebru era el puebru -nos refería Ricarda-, la Jogará duraba toa la santa nochi, hahta que groriaba el día y loh mózuh daban la ronda mañanera pol lah cállih, con el tamborileru”. Tiempos en que Aceitunilla alcanzaba casi las 600 almas y la mocedad mantenía ardiendo el pulso de la tradición.  Las notas de Ricarda continúan desgranándose:

“Esta nochi es Nochigüena / y no es nochi de dormí; / está la Virgin de partu / y a las doci ha de parí.

Ha de parir un chiquillu / altu, rubiu y colorau / que se llami Manolitu / y ha de cuidá del ganau…”

Ricarda, con la indumentaria tradicional, en las fiestas de San Antonio, patrón de su pueblo, en compañía de uno de sus nietos (Foto: M.C. Azabal)

Se comía, se bebía y se danzaba en torno a la Jogará.  Los romances, que en Las Hurdes los denominan “cóprah”, se llenaban de colorido navideño y pastoril.  Ricarda, de la saga familiar de “Los Cachorrillas” y tenida en su pueblo y en los alrededores como la voz más preciada e identitaria de tan ecoicas montañas, no paraba de “falagá” (sacar de su envoltorio) “copra” tras “copra”: auténticos romances con muchos siglos a sus espaldas.  Pero, ahora, romances propios del ciclo escarchado de la Navidad.  Lo mismo arrancaba con aquel de “El milagro del trigo”, continuando con “La Virgen y el ciego”, “Madre, a la puerta hay un niño”, “¿Cómo no cantáis, la bella?”, “La devota de la Virgen en el yermo”, “La Infantina”…  Toda una enjundiosa y bella retahíla, que solía terminar, presintiendo la festividad de los Reyes Magos, con aquel del “Maestre de Santiago”:

“Mañana es Pascua de Reyes / la mejor  Pascua del añu./ Entri damas y doncellas / al rey le pidin guinaldu…”

Memoria y garganta para espantar los fríos del invierno.  Y todo un ejemplo para que las nuevas generaciones de jurdanos recojan el testigo y no se dejen perder esos tesoros envueltos en tan ricos paños.

Ricarda con el que llegaría a ser su marido, Juan José Azabal Domínguez. Tiempos de noviazgo, encontrándose el novio en el servicio militar (Foto: “Casa-Foto”, Cirro)

Ana Valenciano López de Andújar (Universidad Complutense)

Publicado el 17 de diciembre de 2017

 

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