Extremadura, tierra de aparecidos

Tiempo de ánimas, tiempo de historias a medio camino entre nuestro mundo y el que desconocemos. Noviembre es el mes de los difuntos, la época del año en la que los camposantos se llenan de velas titilantes en la noche y de flores que encierran ausencia y recuerdo.

Analizando los testimonios de apariciones de fantasmas que se producen en toda nuestra geografía, llama la atención que estas fechas sean recurrentes en cuanto a la casuística de la que tenemos noticia. Parece ser que estos seres sobrenaturales son huéspedes del invierno y que con la llegada del frío rompen la barrera entre su realidad y la nuestra.

A lo largo de estos años he podido conocer a muchas personas que me han trasladado sus terroríficas experiencias. Situaciones límite que han tenido lugar aquí, en Extremadura.

El ensotanado del cementerio

Una de las más impactantes sucedió a la entrada del camposanto de Caminomorisco (Cáceres). Roberto y su amigo eran unos niños cuando decidieron ir al cementerio a rezar por un familiar. Mientras uno oraba, el otro recorría las silenciosas calles de este enclave; no se cruzaron con nadie, estaban completamente solos. Una vez hubieron terminado, y cuando ya se encontraban a varios metros del sagrado espacio, decidieron volver sobre sus pasos con el fin de comprobar si habían cerrado la puerta.

“Al darnos la vuelta fue cuando nos quedamos sin palabras. Vimos como a una figura, como un hombre, vestido de oscuro. En la mano derecha tenía como una especie de bola o de objeto redondo. Nos quedamos mirando unos quince segundos y era un ser altísimo, que la puerta puede medir dos metros y llegaba casi hasta el final de la misma”, en palabras de uno de los testigos. Cabe señalar que, en modo alguno podía tratarse del sacerdote, puesto que, en esos momentos, estaba oficiando misa y además, su altura era inusitada.

Tras unos segundos interminables en los que permaneció estático, este ser llevó a cabo una acción que sobrecogió a los menores: “Cogió la puerta con la mano izquierda y la cerró. Nosotros la habíamos quedado abierta y pegó un portazo fortísimo que nos asustó. Salimos a correr”, recuerda Roberto. A pesar de que los chicos alertaron al resto de vecinos de lo que les había ocurrido, y tras las infructuosas batidas de los habitantes de Caminomorisco con objeto de encontrarse con aquella figura, nunca volvieron a saber de esta aparición.

El caso coincide en todas sus características con los espectros que solemos denominar como “ensotanados”.

Son extrañas figuras de entre dos, tres y hasta cuatro metros de altura. Visten una especie de sotana larga de color oscuro y el rostro y la parte inferior del cuerpo se presentan translúcidos. Se recogen casos desde la antigüedad y en distintas partes del mundo, aunque, en honor a la verdad, Extremadura es una de las regiones en las que más testimonios de este tipo se registran.

 

Apariciones en carretera

Otro de los relatos más impactantes a los que he tenido acceso me lo compartió Francisco, un extremeño que jamás olvidará aquella fría noche en la que circulaba en un Talbot 150 en dirección a Castuera (Badajoz). Él iba de copiloto cuando, a la altura del Castillo de la Encomienda, muy cerca de Villanueva de la Serena (Badajoz), se toparon con lo imposible.

“Antes de llegar al stop, de entre un pequeño matorral y como de la nada, surgió una figura que iba como flotando”, recuerda el testigo. Él fue el primero que se percató de la escena, pues la aparición comenzó en el borde de la carretera más próximo a su posición. Francisco describe a “una chica con el pelo moreno, medio largo. Llevaba un vestido rojo, ancho, con algo blanco debajo. Tenía los brazos extendidos y con cara de susto”. Y hubo algo que le impactó aún más: no tenía piernas. “No se las vi. No las podía apreciar porque iba como flotando. Le faltaba la zona inferior. Surgió en mi lado de la carretera y desapareció en el otro arcén”, explica.

El testigo en el lugar de la aparición de la Dama de rojo en la actualidad.

Su compañero dio un frenazo y decidieron bajarse del coche para examinar la zona en busca de respuestas. Los dos testigos, aprovisionados de una linterna que llevaban en el coche, salieron a la oscuridad de la noche y realizaron numerosas llamadas, dando voces para localizar a alguna persona. Recorrían el arcén revisando cada arbusto, cada obstáculo, con el fin de dar con la chica con la que se habían cruzado. Pero… “Buscando en el lugar de donde había salido, a unos veinte o treinta metros, encontramos una cruz de madera”.

Dos palos engarzados con sencillez sostenían una corona de flores en recuerdo de algún fallecido en accidente de tráfico en aquel punto de la vía. “La corona era reciente. Como si se hubiera puesto hacía muy poco”, describe el testigo, añadiendo: “a los dos se nos cambió la cara, nos dio tanto miedo y respeto que no nos atrevimos ni a tocar la cruz para ver si tenía puesto el nombre de la víctima”, asegura. Para él, aquello fue “un fantasma, una aparición, algo que no era de este mundo”.

Cuando relaté este caso, junto al testigo, en el programa Tras el mito de Canal Extremadura Televisión, varios ciudadanos contactaron conmigo para confirmar que tiempo atrás, en aquel lugar, una chica falleció en un accidente de tráfico en compañía de un familiar.

Quién sabe si usted, que ahora lee estas líneas, puede convertirse en el próximo testigo de lo imposible.

Publicado el 1 de noviembre de 2017

Texto y fotos de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

 

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