A propósito del otoño

Vamos a suponer que el otoño ha llegado, cosa harto difícil en Plasencia y en casi todo el resto de España hasta no se sabe cuándo. Las consecuencias son fatales para el fondo de armario de algunas personas que están comprobando como se van acumulando en sus perchas pantalones y faldas imposibles. Nos seguimos vistiendo igual que en el mes de junio, llevamos más de cuatro meses vistiendo las mismas y fresquitas prendas. La camiseta o blusa holgada sigue siendo una de las preferidas, ya que no acaloran y disimulan el efecto de las cañas, y de cintura para abajo se usa lo holgado que nos pusimos desde hace 120 días y que a algunos todavía les huele a playa. El buen propósito de abandonar el lúpulo se nos acerca a la intención cuando a alguien se le ocurre abrir el ropero y probarse una de sus prendas preferidas para ese entretiempo que no existe ahora, pero que en otros años siempre aparecía por estas fechas. La bajada de talla se hace un propósito necesario al que nadie se anima porque la caña sigue atrayendo más. Esa falta de estética que se traduce en una amplia colección de barriguitas no debería influir en el desinfle del enamoramiento, hay que seguir queriéndose independientemente de la talla que agobia. Un sentimiento que seria bueno mantener de cara a un otoño que ya se parece utópico. Uno cree que si algún día se le ocurriera al clima llover -extraña palabra esta sobre todo si se dice en voz alta- uno tendría que buscar el manual de instrucciones del paraguas para recordar cómo se maneja ese artefacto. Ya cansan las cañas y las ensaladas, ya se echa de menos un cocido o unas carrilleras acompañadas de un tinto con cuerpo.

Es cierto que cuando llegan los primeros frescores de temporada nos cargamos de buenos propósitos sin tener en cuenta que estos deberían ocuparnos a lo largo de todo el año. Habría que empezar por los fervientes deseos hacia las personas que se aprecian y necesitan nuestro cariño, como nosotros los de ellas, con otoño y sin él.

Todo esto, sin olvidar y dejar de acudir –sábado día 8 de este ferraoctubre a la fiesta que se celebrará en mi rincón predilecto, el de San Esteban. Por primera vez en Plasencia, San Esteban se suma a las fiestas barriales por iniciativa de sus estupendos hosteleros que nos ofrecen un amplio programa de actividades lúdicas, incluída la degustación regional, alimenticia y gratuita a clientes y amigos. Y todo esto a propósito de un otoño que solo lo es por nombre, porque no tiene ganas ni de chupa ni de chaqueta.

Texto y foto de Alfonso Trulls para su columna Impresiones de un Foráneo

Impresiones de un foráneo

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