La Carvochá y la Chicharrona, el rito de las Ánimas en Las Hurdes

Año seco, más que reseco y estoposo, para zancadillear la magia que vierte el otoño entre los breñales de Las Hurdes, cuando las sierras y los huertos liliputienses se visten de multicolores trajes y brillan bajo el diamantino manto de la helada.  Pero el calentamiento global sigue haciendo de las suyas, sin que remuerda las conciencias de muchos.

Este año La Chicharrona, la que baja por las sierras del territorio jurdano, no encontrará nieve en sus cimas ni cantarinas gargantas que se despeñan entre cortantes pizarras.  Pero ha de descender el día 4 de noviembre con sus estrafalarios ropajes,  sus collares de chorizos rodeándole el gaznate, su cachiporra y su fardel con castañas, nueces e higos pasos.  Traerá el pergamino donde se plasma la licencia para que los vecinos puedan comenzar sus matanzas familiares, que cantará en alta voz, mientras la comitiva la vitorea y le dedica otras antiquísimas tonadas.

La Chicharrona encabeza la comitiva por el pueblo de El Mesegal (Foto: Lourdes Gómez Martín).

Custodiándola como a una reina republicana, el personal la llevará escoltada hasta la era de lanchas de la alquería de El Mesegal, que con tan buena voluntad han limpiado los vecinos de esa aldea, colocando en su centro la preciosa mesa de las ofrendas para las Ánimas.  Allí la aguarda El Chicharrón, perdidamente enamorado de ella, que tendrá que emplear sus buenas dotas para atraerla a su redil y, luego, una vez rendida, bajo el son de la gaita y el tamboril, se marcarán ambos una danza ancestral y abrirán la jornada para que los jurdanos festejen a sus antepasados.

La danza de El Chicharrón y La Chicharrona (Foto: Lourdes Gómez Martín)

El buen amigo italo-francés Maurizio Catani, sociólogo y gran amigo de los jurdanos (con ellos convivió largas temporadas), afirmaba que los habitantes de estas serranías “viven con sus muertos y se sueñan con ellos”.  Ello implica, más antes que ahora, la estrecha ligazón que existía entre las ánimas de los antepasados y sus descendientes vivos.  Por ello no es de extrañar que, a lo largo de los tiempos, se fueran vertebrando todos unos singulares rituales en torno a las creencias de ultratumba.

Pasacalles de ánimas por la alquería de La Horcajada, donde el grupo Estampas Jurdanas inició la celebración de los rituales (Foto: F.B.G.)

La Iglesia Católica, como de costumbre, incensó y aspergió las legendarias ceremonias y, a través de un rocambolesco sincretismo, cuajaron los “rejuíjuh” (escenificaciones rituales) que fueron rescatados, salvaguardados y vigorizados por el grupo “Estampas Jurdanas” en la década de los 90 del pasado siglo, cuando ya hacían aguas por muchas partes.  Tomando lo más singular de cada uno de los siete concejos que componen la comarca natural de Las Hurdes, en lo que se refiere a los festejos de Ánimas, se fue dando vida a una jornada en torno al día de Todos los Santos.

El biólogo Fernando Pulido, muy vinculado a Las Hurdes y que, con los vecinos de El Mesegal, se encarga de la intendencia y la infraestructura de los rituales. (Foto: “Torrejón”)

Se inició en la alquería de La Horcajada (concejo de Nuñomoral) y posteriormente en la de El Mesegal.  Sería el biólogo, profesor de la Universidad de Extremadura en Plasencia y alma máter del actual proyecto “Mosaico”,  Fernando Pulido Rodríguez, persona con estrechos vínculos y afectos con esa mentada aldea de El Mesegal, quien se encargara y se encarga, junto con sus vecinos, de llevar a buen puerto estos rituales.  Los miembros de Estampas Jurdanas continúan teniendo un papel destacado.

La jogará de ánimah

Desde primeras horas de la mañana se enciende la Jogará de lah Ánimah”con un tuero del pasado año.  Sobre sus llamas, el Zajuril (especie de santón y visionario) arrojará unas migas de pan de centeno, un puñado de castañas, unos pelos de cabra, unos trozos de un panal de miel y un buen chorro de vino.  Mascullando unos latinajos y unos gorigoris, ayudado por sus monagos, uno de los cuales toca la “Ehquila de lah Ánimah”, va conjurando los males del año venidero.

Justo “Barril” asperja la “Jogará” de lah Ánimah” (Foto: Lourdes Gómez Martín)

Los ritos de Todos los Santos en Las Hurdes

No hay que olvidar que, al igual que para muchas antiguas culturas, el Nuevo Año debió iniciarse para la comunidad pastoril jurdana en estas fechas en torno a la festividad de Todos los Santos, cuando la nieve ya comenzaba a cubrir los altos de las montañas y bajaban los ganados a las cuadras del pueblo.  Y con los ganados también existía la creencia de que bajaban las ánimas de los antepasados.  Toda una tradición, posiblemente preindoeuropea, que tenía mucho que ver con los ceremoniales de la fiesta del Samahin.

Procesionando el “Pan de lah Ánimah” (Foto: Lourdes Gómez Martín)

La Jogará de lah Ánimah continuará todo el día encendida.  No hay que dejarla apagar, pues si eso ocurre, las desgracias vienen detrás.  En ella, se asarán las castañas al atardecer; los Carvóchih (castañas asadas y peladas); de ella cogerá un tizón ese personaje al que le dicen El Cenizu e irá signando con una cruz en el rostro a todos los asistentes que se congregan en la vieja era y a su vera se cantarán antiquísimos romances y otras coplas que se pierden en la noche de los tiempos, para mayor gloria y honor de los antepasados.

Subiendo por las calles de El Mesegal, en busca de La Chicharrona (Foto: Lourdes Gómez Martín)

A los cantos seguirán danzas y bailes y se procesionará el Pan de lah Ánimah.  No pararán en toda la jornada de sonar las gaitas, tamboriles y castañuelas.  Y junto a la Jogará, se meterán entre pecho y espaldas los que se arrimen al caldero un buen cuenco de guisos jurdanos, acompañados de las poliéntah (vino del año) o de otros caldos más rancios.  Todos los que son invitados al festejo pueden meter la cuchara en el plato.

El resto que es atraído por el reclamo de las gastronomías, también puede  probar el guiso; solo se exige que, a cambio, aporten alguna vianda propia del pueblo de donde proceden (botella de vino o aguardiente, algún queso, embutido, dulces tradicionales o tentempiés por el estilo).  Todo se consumirá con apetito voraz, en buena armonía y en mayor alegría, pues las Ánimas, que, de manera invisible se encuentran en la era, también necesitan comer, beber, cantar y bailar hasta reventar.  Y como ellas no lo pueden hacer por sí mismas, necesitan del concurso del resto de los congregados.

Lah Ánimah de Las Hurdes versus Halloween

Las Comádrih de Niñumurá entonan viejos cánticos de ánimas (Foto: Lourdes Gómez Martín).

Cayendo la noche sobre los espacios serranos, se formará el Corru de lah Ánimah”  Todos los allí presentes formarán un gigantesco corro agarrados por las manos.  Se recordarán a los tamborileros, danzarines, ramajéruh y otros miembros fallecidos de “Estampas Jurdanas” y, finando tan emotivo acto, seguirá la fiesta hasta que la Jogará pierda fuerza y las espaldas se resientan por el cuchillo de la helada.

Unos antiquísimos ritos que son el revulsivo de esas celebraciones foráneas, importadas, sin cabida en nuestras más prístinas tradiciones, como son ese  Halloween, que, desgraciadamente, es fomentado y jaleado por Ampas, asociaciones de amas de casa, algunos profesores o gente interaccionada con esos Espacios para la Creación Joven.  No conformes y sin conciencia alguna sobre nuestra Cultura Tradicional-Popular, van a pescar en otros ríos revueltos y cenagosos, teniendo al alcance hermosos peces en las cristalinas aguas de sus riveras y gargantas.

Publicado en octubre de 2017

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