Septiembre

Se me ha ocurrido ahora mismo, volviendo de la calle, subiendo a casa. Uno ha pensado que este podría ser un título de cabecera muy importante, original y llamativo dado el mes del año en que nos encontramos. Es decir, un puntazo de partida para la creatividad literaria que me incentivara a contar algo interesante, juntando palabras con un cierto orden, coherencia y dar a luz un contenido atrayente, de esos que te enganchan al artículo de principio a fin.

Me disculpen los lectores (si es que los tengo) por esta forma tan originalmente boba de arrancar un texto.

A la vuelta del verano, el calor se atenúa. El desteñido bronceado familiar se arrastra por recalentadas calles comerciales a la búsqueda de corticoles perdidos. Las madres tiran de unos críos reacios a la realidad de unas piedras históricas que les han roto los ensueños de sus castillos de arena. Ahora, solo quieren un helado, cucurucho de barquillo apelmazado de chocolate, fresa y otras bolas para espachurrarlas contra sus bocas, chorreando sus camisetas que ansían ese detergente televisivo que las deja de escaparate. Después, llega la noche y con ella el disfrute de los mayores y el descanso de los pequeños.

Plasencia tiene varios modelos de noches septembrinas. Las hay terraceras -a elegir entre distintos ambientes y ubicaciones- las hay de paseo histórico, o si se quieren más frescas, se van a caminar por parques, por la ribera de rio Jerte o por el monte, que también está cercano. Si apetece algo de marcha y música es fácil encontrar noches cerradas de blues, tecno, folk o rock and roll. Un buen surtido a la carta.

Todos los años y en septiembre, esta ciudad se abre de par en par e invita a todos a una noche abarrotada de ofertas vespertinas. Y como no, las hay para todos los gustos, edades e inquietudes. Se puede acudir a funciones de teatro, cine, conciertos en lugares históricos, lecturas cultas, exposiciones, visitas guiadas a la Catedral, o bien, quedarse pasmado admirando las pinturas del Divino Morales mientras un coro con chelos y violines te enriquecen los oídos. Solo hacen falta unas monedas para las cañas. El resto es obsequio placentino. Y es que en septiembre (el sábado 16) Plasencia celebrando su Noche Abierta se pone tan culta y bonita que se gusta, que se sobra, vamos que está que lo tira.

Texto y foto de Alfonso Trulls para su columna Impresiones de un foráneo

Publicado el 5 de septiembre de 2017

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