Santibáñez el Bajo se vuelca en sus Fiestas del Cristo de la Paz

Nada se sabe sobre los orígenes de Santibáñez el Bajo.  El hecho de que el casco antiguo se encuentre sobre una colina (barrio de “La Cuehta”) flanqueada por el arroyo “Pizarrosu” y el de “Lah Clavellínah” o de “La Juenti”, nos lleva a conjeturar que, dada su ubicación, acogiera población desde épocas que se pierden en la nebulosa noche de los tiempos.

El joven tamborilero Saúl Barroso Azabal en la procesión del Cristo en una edición anterior (Foto: “Cotorinu”)

Algunos utillajes a caballo entre el Neolítico y el Calcolítico (material lítico pulimentado, conocido por los lugareños como “piédrah de rayu”), hallados en huertecillos o al realizar ciertas obras en esa zona de “La Cuéhta”, así lo ponen de manifiesto.  Además, ciertas mitologías relacionadas con el inframundo y el dios prerromano Airón, representadas por la “Moraquintana” y las leyendas tejidas en torno a un pozo con brocal granítico que existía en un callejón colindante con la que se conocía como “Casa de loh ehcalónih”, resaltan aún más la antigüedad del área circunscrita a ese teso abrazado por dos riachuelos.

Con el tiempo, lo que era una anodina aldea recibió, como otros muchos del entorno las oleadas repobladoras de la Alta Edad Media (siglos XI Y XII), llegando hasta ella gente procedentes de Asturias y de León, cuya lengua se mezcló con el sustrato lingüístico mozárabe que existía en la zona dando lugar a una variante dialectal del habla astur-leonés, que nada tiene que ver con el término “cahtúo”, voz que fue un invento, sin valor filológico alguno, del poeta pacense Luis Chamizo.  Aquella aldea recibió el nombre de “Sancti Ihoanne”, o sea, “Santo Juan”.  Luego, por evolución lingüística, se convertiría en “Santibáñez”.  Lo de “El Bajo” es ya parte de otro relato, al igual que su rico pasado histórico-arqueológico.  Ahora, lo que toca es hablar de sus fiestas en honor del Cristo de la Paz, que hogaño caen en fin de semana (22, 23 y 24 de septiembre, y de “raberu” queda el día 25).

Foto-documento de la procesión, con el siempre recordado tamborilero Ti Luis Martín Domínguez (Archivo F.B.G.)

Capazu y ofertorio

Foto-documento de antigua procesión del Cristo de la Paz (Foto: “Pulgar”)

El viernes, 22, echarán a andar estas alegres jornadas con un concurso infantil de dibujo en la biblioteca local.  Al caer el día y concluir el novenario, tendrá lugar el ritual de “La Velá”, cuando se coloquen sobre un armazón ahorquillado varias capacetas o capazos aceiteros y se les prenda fuego.  Todo un rito ancestral basado en cultos solares y profilácticos y sobre el que habría mucho que hablar.  Los paisanos bailan en torno a las llamas mientras se escuchan el tamboril y la flauta del músico-tamborilero.  Posteriormente, en la plaza mayor del lugar, se llevará a cabo el concurso de “Echal la bandera”, con el fin de que salgan bueno “echaórih” y no se pierda la tradición.  Después de la cena, vendrá el pregón de los mayordomos, cuya mayordomía ostentan este año el santibañejo Benjamín Amador Blanco y Maruja, su mujer. A continuación, aunque no figura en el programa, hemos sabido que habrá una actuación espectacular flamenca, que suponemos se cimentará en los jaleos y tangos extremeños, como corresponde a toda  fiesta tradicional que pretenda aupar la tricolor bandera extremeña. Cuando se cuajen las estrellas en el cielo, primera verbena de fiestas, a cargo de la orquesta Suroeste.

Benjamín Amador Blanco y Maruja, su mujer, mayordomos de las fiestas del Cristo-2017 (Foto: “Marinero”)

El sábado, 23, es el día grande.  Los vecinos serán despertados por el tamborilero y los “pidiórih”, que recorrerán las casas de los vecinos, buscando una ayuda para el santo.  A media mañana, la misa solemne y la procesión, a lo largo de cuyo trayecto se flameará la bandera (los vecinos esperan que se recupere de una vez por todas el antiguo pendón del Cristo, pues es toda una incongruencia histórica ondear la bandera de Extremadura).  Los voluntarios hincarán la rodilla en tierra y han de hacer bailar la bandera al compás de la música del tamborileros por encima de sus cabezas, sin que se pliegue lo más mínimo.  Al acabar los actos religiosos, vino de honor y dulces tradicionales repartidos por el Ayuntamiento.  Por la tarde, el tradicional y colorista ofertorio, y, sobre las 23,00 horas, segunda verbena, amenizada por la orquesta “Alejandría”.  La jornada del 24, conocida como “Crihtu Vieju”, será destinada a los que aún sienten los antiguos cosquilleos de las tauromaquias.  Una charanga animará estas lides a lo largo y ancho del “legíu” (ejido, espacio que, como en tantos pueblos, fue de disfrute comunal, pero que, en los tiempos de la dictadura franquista, saltándose y quebrando todas las leyes consuetudinarias, se convirtieron ilegalmente en bienes de propios o municipales).  Por la noche, actuación del grupo-folk “Muérdago”.

Panorámica de Santibáñez el Bajo, bajo la nieve (Foto: Isabel Díaz Santos)

El día 25, vaquilla en caldereta para todo el pueblo.  La charanga ayudará a bajar lo devorado y a que la digestión se llene de acordes musicales.  Hinchables y toro mecánico para los más pequeños.   Estos días también se podrán contemplar diversas exposiciones montadas por la asociación de mujeres “La Candela”, en el centro de día. En suma, fiestas tradicionales, las mas señeras e importantes del pueblo, donde se refuerzan lazos vecinales y aún mantienen  un cierto sabor cargado de añoranzas y de esa hospitalidad de un tiempo que se nos fue, cuando el feroz e individualista consumismo, por suerte, apenas si había enseñado la patita y eran el compadreo y el comadreo, la solidaridad y el apoyo mutuo los que impregnaban las fiestas y el cotidiano convivir de estos pueblos de labriegos y pastores.

Cartel de las fiestas-2017 (Foto: Ayuntamiento)

Las fiestas se celebrarán entre el 22 y el 25 de septiembre, con un amplio programa de festejos.

Publicado el 19 de septiembre de 2017

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