Tras las huellas de los Tartessos en Guareña (I)

Bajo un sol de justicia me aproximo al túmulo que lleva siglos guardando el secreto de los Tartessos. El otrora anodino Turuñuelo en Guareña, en Badajoz,ha dejado de ser una zona arqueológica más para convertirse en un enclave único. Lo que a priori parecía un hallazgo sin demasiada trascendencia está impactando a la comunidad científica con apenas un ocho por ciento excavado. Sus enigmas están siendo desvelados por un equipo de estudiosos del Instituto de Arqueología de Mérida, un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Junta de Extremadura.

Subo la cuesta que lleva hasta el yacimiento y me topo de frente con una majestuosa escalera (foto). Estaba cubierta, hasta hace unas semanas, por el peso de la tierra y de la historia; es el nexo de unión entre el patio y la planta superior del edificio. Ajena al trasiego de los trabajadores que circulan a su alrededor, limpiando y acondicionando el espacio, no parece que tenga unos 2.500 años de antigüedad.

Cedida por Esther Rodríguez González.

Junto a la escalera, uno de los descubrimientos más desconcertantes: esqueletos de animales perfectamente alineados. Fueron documentados el pasado mes de marzo, ante las incrédulas miradas de los expertos y sus intrépidos pinceles. Puedo adivinar la silueta de unos caballos y me da la sensación de que fueron colocados allí con mucho mimo. Se desconoce si fueron sacrificados en algún tipo de ritual; el equipo de Atapuerca va a realizar análisis de ADN a estos dos ejemplares para saber más sobre su linaje y la función que tenían en la comunidad.

Los Tartessos, una civilización que evoca toda clase de mitos

Hacia el siglo V a. C. este espacio que hoy luce desangelado bullía de actividad. Fue levantado por una civilización cuyo nombre evoca toda clase de mitos: Tartessos. Con este vocablo, los griegos identificaban a los hombres que poblaban el suroeste peninsular, una sociedad avanzada, sabia, con amplios conocimientos sobre fundición de metales y un final abrupto.

Su repentina desaparición ha generado todo tipo de teorías, entre ellas: que Tartessos sucumbiera bajo las aguas, a consecuencia de un tsunami en las costas de Huelva. Según los defensores de esta teoría –contemplada por estudiosos de la talla del doctor en Geología Juan Antonio Morales, autor de la obra Más allá de las columnas de Hércules, a quien he podido entrevistar en varias ocasiones- Platón pudo inspirarse en dicha historia para componer los versos que le dedicó a la Atlántida.

Esther Rodríguez González, codirectora de la excavaciòn. Foto de Lourdes Gómez.

“El día a día es emocionante en el Turuñuelo”

A Esther Rodríguez González le brillan los ojos al hablarme de la excavación de la que es codirectora. “Como arqueóloga vocacional es impresionante. Nunca imaginamos que fuera un edificio de esta magnitud ni que tuviera el grado de conservación que tiene y, lógicamente, el día a día es emocionante. Cada jornada surge algo nuevo. Es un yacimiento muy enriquecedor y gratificante” expone la arqueóloga extremeña, cuyo deseo es que, con el paso del tiempo, el yacimiento pueda ser visitable, para que todos los extremeños puedan sentir el espacio como propio.

Se conoce la existencia de este enclave desde los años ochenta, cuando el arqueólogo José Luis Suárez de Venegas lo incluyó en una carta arqueológica de varios municipios como posible yacimiento romano o de la segunda Edad del Hierro. Más tarde, fue Alonso Rodríguez Díaz, catedrático de Arqueología de la Universidad de Extremadura, quien lo identificó como un edificio monumental oculto bajo un túmulo, idéntico a los por entonces ya conocidos Cancho Roano y La Mata, coetáneos al mismo.

Esther Rodríguez retomó las pesquisas en el año 2013, a raíz de su tesis doctoral, que analizaba el territorio del valle medio del Guadiana durante la primera Edad del Hierro. “Hicimos un estudio de todas esas elevaciones y yacimientos, incluyendo algunos nuevos. De los veintitrés ejemplos con los que inicié la investigación me quedé con once, con aquellos en los que el paisaje arqueológico ha sufrido una menor distorsión con el paso del tiempo. Después, elegimos dos de ellos para que fueran intervenidos y aumentar, con ello, los ejemplos que tenemos de yacimientos de este tipo. Seleccionamos el Turuñuelo de Mérida y el de Guareña. Empezamos por este último, y fue tan sorprendente el hallazgo que nunca llegamos a intervenir el de Mérida. Este absorbió todo el trabajo”, explica en esta primera entrega de Tras las huellas de los Tartessos en Guareña. En la siguiente entrega, contaremos por qué fue tan sorprendente.

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Texto de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

Publicado en junio de 2017

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