Plasencia tiene la palabra

Uno lee la estadística publicada en los medios de comunicación en la que se refleja que dos tercios de nuestra conversación cotidiana están referidos a lo banal, es decir, al chismorreo social. Este puede estar referido a la frivolidad nacional y especialmente a la local, la más cercana. En el siglo XIX y en París, la señora de Rambouille inició una cultura mundana que tenía como objetivo la conversación, erudita y entretenida, capaz de unir la elegancia con la sabiduría, la ligereza con la enjundia, el dogmatismo con la tolerancia. Esta mujer y otras, como la señora de Sablé, fueron las que de un modo sutil y eficaz crearon el espacio y el tiempo para la conversación con sus propios códigos de conducta ética y estética. Ellas avivaron el estímulo por la conversación que impulsaba a transmitir los pensamientos surgidos en el diálogo con los demás y en los que asomaban buenas ideas y mejores proposiciones.

Plasencia, como buena e histórica ciudad de provincias tiene su propia conversación. Aquí los temas de palique son variados, diríamos que son como las tapas, al gusto, pero con cierto y definitorio carácter, un acento que le distingue de otras regiones. No es de mucho verbo, solo el suficiente para definir una opinión, una leve crítica a lo genérico de las personas, celebrar un nuevo obispo o echarse un lamento por aquellos que se han ido en el reciente ayer. Y todo con la afectividad que calienta la mesa de los Cafés o refresca la barra de los Bares con sus cañas. Es una conversación gustosa, bienintencionada, en la que sus contenidos y comentarios no disgustan ni producen acidez.

En esta época, arriba y al norte de la ciudad, la palabra -si se sabe escuchar- se convierte en verso con aroma a cerezo. Y es que Plasencia tiene palabra de compromiso de vuelta tras la ida, y un poco más arriba, por donde el Jerte, el valle atrae con el contraluz que enamora.

Por eso ahora vamos a charlar, que Plasencia tiene la palabra distinta, porque si, porque alegra y porque huele a valle blanqueado de flor.

Publicado el 12 de marzo de 2017

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