Azabal, emblemático pueblo entre las serranías jurdanas

En una crónica anterior hablábamos que el pueblo de Azabal confraternizaría este año con toda la comarca jurdana y otras allende sus fronteras al acoger entre sus calles y plazuelas el mítico y legendario Carnaval Jurdanu.  Esta localidad, que durante siglos fue una pedanía del antiguo concejo de Oveja, pasando luego a alquería de la villa jurdana de El Casar de Palomero, hoy ya ha conseguido el título de entidad local menor, por lo que goza de cierta autonomía respecto a su matriz.

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Vista general del pueblo de Azabal (Foto: Isidro Alonso Herrero)

Su actual personalidad jurídica arranca del Estatuto Municipal de 1924, donde se contempla por primera vez esta nomenclatura.  Parece ser que sus antecedentes están en los núcleos poblacionales (reciben diversos nombres según las regiones) donde la Junta Vecinal era su representación legal, rigiéndose por el sistema de concejo abierto.  Algunos juristas, como el ilustre Luis Jordana de Pozas, no aceptan la denominación de “entidad local menor”, ya que la consideran “pedante y desconocida, no familiarizada con la lingüística y sociología del pueblo”.

 En fila india hacia las estaciones prehistóricas de Azabal (Foto: PILAR, jurdana por parte de padre)
En fila india hacia las estaciones prehistóricas de Azabal (Foto: PILAR, jurdana por parte de padre)

El caso es que el pueblo de Azabal se nos pierde en el largo y nebuloso túnel de los tiempos remotos, con estaciones prehistóricas, posiblemente calcolíticas, en los parajes de “El Lagal de la Joya”, “La Fegacha del Rozu” (aquí aparecen grabados con antropomorfos esquematizados), y “La Peña del Moru”.  Todo un largo canal, excavado sobre la roca y tierra madre de sus términos, con nacimiento en la “Juenti la Ehpigadera” (alquería jurdana de Ovejuela), serpentea por los parajes de “El Carrascal de la Agüela” y “Lah Fégah”.

 El lagar aceitero de "La Joya del Rozu", inmediato a la estación prehistórica del mismo nombre (Foto: PILAR, jurdana por parte de padre)
El lagar aceitero de “La Joya del Rozu”, inmediato a la estación prehistórica del mismo nombre (Foto: PILAR, jurdana por parte de padre)
Isidro Alonso Herrero, alcalde de Azabal (Foto: Diego Talavan Cayo)
Isidro Alonso Herrero, alcalde de Azabal (Foto: Diego Talavan Cayo)

Algunos hablan de un “viero”, relacionado con explotaciones auríferas prerromanas y romanas.  Alguna que otra pétrea maza de minero se ha encontrado en el lecho de esta larguísima y enigmática zanja que algunos llaman “La Canal” y otros “La Trinchera”.  Las leyendas que corren en torno a esta faraónica obra están atiborradas de míticas claves que nos ayudan a descifrar los realismos mágicos de la comarca.

Ya en tiempos plenamente históricos, nos encontramos con un real privilegio del siglo XI, custodiado en la catedral de Santiago de Compostela en el que, entre otras cosas, se dice: “…e sea de la jurisdicción de la Encomienda el lugar del Azabal con sus granjerías, e cotos, e maxadas, y sea por justizia mayor Manuel Peñasco del Azabal, cuia vara bajo el mandado del tenente del castiel de Palumbario”.  Acerca del topónimo “Azabal”, se han escrito teorías muy peregrinas y desnortadas, tal las que vertió el investigador Vicente Paredes Guillén, personaje sobre cuyas luces sigue pesando la alargada sombra de aquella trágica y criminal historia conocida como “La Cuestión de Valdeobispo”, de la que no suelen hablar las instituciones extremeñas que tan elogiosamente le han homenajeado el pasado año.  Lo más probable es que el topónimo tenga bastante que ver con el término prerromano “Azaba”, que viene a significar “campos bravíos, sin roturar”.  Pueblo, pues, de notoria antigüedad y cuyo nombre, convertido en apellido, está presente en todos los concejos del territorio jurdano y, debido a la emigración, muy repartido por la geografía española.

Petroglifo prehistórico de "La Fegacha del Rozu" (Foto: PILAR, jurdana por parte de padre).
Petroglifo prehistórico de “La Fegacha del Rozu” (Foto: PILAR, jurdana por parte de padre).

El día 25 de febrero, coincidiendo con el “Sábado Gordu del Antruejo”, cuando una comisión técnica de la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura se desplace de incógnito hasta Azabal con el fin de incensar con su botafumeiro el Carnaval Jurdanu y elevarlo a la categoría de Fiesta de Interés Turístico, las puertas del lugar se abrirán de par en par.  Su alcalde, Isidro Alonso Herrero, jurdano por los cuatro costados, toca a rebato las campanas llamando a todos los comarcanos y a la gente que se asienta más allá de las fronteras de Las Hurdes, para que acudan a disfrutar de esos antiquísimos antruejos, donde nadie es más que nadie y donde todo el mundo tiene derecho a meter la cuchara y el tenedor en los guisos tradicionales que se preparan sobre las ascuas de la lumbre en tan memorable jornada.  Y si el personal se allega ataviado con las indumentarias propias de tales antruejos (mucha piel, mucho cencerro y otros indumentos muy pegados al terruño), siempre reñidas con la modernidad psicodélica, entonces podrá besar la bota del buen vino y tomar las mejores presas del caldero.

Ramón Gómez, tamborilero de Azabal, fallecido recientemente, miembro de "Estampas Jurdanas", tocando su gaita y su tamboril en una pasada edición del "Carnaval Jurdanu". El día 25 se le dedicarán unos minutos de silencio mientras se escuchan algunos de sus sones y tonadas (Foto: "El Jurdanu")
Ramón Gómez, tamborilero de Azabal, fallecido recientemente, miembro de “Estampas Jurdanas”, tocando su gaita y su tamboril en una pasada edición del “Carnaval Jurdanu”. El día 25 se le dedicarán unos minutos de silencio mientras se escuchan algunos de sus sones y tonadas (Foto: “El Jurdanu”)

Por estas montañas se oye aquello de “pa la carantoña, el mejol vinu y lah tajáh de la olla”.  Y ya saben: “carantoña” es todo aquel que se enzamarra con pieles, remece sus cencerros, se tizna rostro y manos, amaga son su garrote y realiza estrafalarias contorsiones en su deambular por las calles.  O camina sobre los “cháncuh” (zancos), sobre un jumento o va caballero sobre uno de su misma especie, formando mayor batiburrillo carnavalero que el que se observa en el óleo sobre tabla donde el pintor brabanzón Pieter Brueghel el Viejo plasmó el “Combate entre don Carnal y doña Cuaresma”: el carnaval rural en su hervor y en su cenit, en las antípodas del carnaval señorial, competitivo y burgués-capitalista de la gran ciudad y de las villas y lugares que olvidaron sus raíces por hacer una mala copia de la deslumbrante urbe.

Publicado el 10 de febrero de 2017

 

3 comentario
  1. Todo el mundo tiene derecho a meter la cuchara donde nadie es más que nadie, compartir el guiso de las fiesta y las fiestas. Los pueblos tienen que estar unidos . Feliz carnaval Hurdano a todos Azabal merece un bonito y feliz día. Saludos paisanos.

  2. Felicidades por este magnífico trabajo /0por este texto que nos hace más sabios o. Más cultos en materia del carnaval al hurdano… Y de azabal .. Muchas gracias..

  3. Me parece un trabajo muy bien documentado y lo he disfrutado mucho. Con el permiso de su autor, lo he compartido para que todos se enteren de por qué amo tanto a esa tierra

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