Turismo de leyenda en Extremadura

Las leyendas recorren la geografía española y muchas se repiten o adaptan a las particularidades de las distintas regiones. Extremadura canta y cuenta sus leyendas que perviven de generación en generación aferradas muchas veces a un monumento. Al hacer turismo de leyenda sumamos al valor histórico el encanto de un cuento y de lo imaginario. Hemos recogido una breve muestra de leyendas que nos llevarán a hermosos rincones extremeños.

La Serrana de la Vera

Garganta la Olla es un pueblo recogido en las estribaciones de Gredos, con casas veratas de piedra, cruzadas con vigas de madera, sus montañas rocosas albergan cuevas y caídas de agua, que son una delicia refrescante en verano y aportan sonido y encanto al invierno. Por esas montañas corre como la leyenda la Serrana de la Vera, la más famosa amazona de esta región, algunos dicen que la Serrana tuvo por nombre Isabel, que era noble y que por despecho subió a las montañas y allí se ocupó de cobrarle a los hombres su deshonra.

Lo cierto es que hoy se alza en un mirador con vistas al pueblo una estatua de una mujer altiva, con larga trenza en el pelo, un puñal y una honda y a sus pies se lee su romance “Allá en Garganta la Olla, legua y media de Plasencia, se pasea una serrana, alta rubia, muy morena…” Así lo canta el grupo Acetre y su historia se ha llevado al cine, a documentales y cada año los vecinos de Garganta la Olla celebran unas jornadas en honor a su personaje más famoso. Visitar Garganta la Olla y su entorno, el Monasterio de Yuste, por ejemplo y sus piscinas en verano, es acercarse también a la Serrana de la Vera.

La Torre Vieja de Badajoz

Ibm Marwan construyó la alcazaba pacense con mimo y detalles, aunque la actual es el resultado de varias ampliaciones y modificaciones. Desde allí se contempla la vega del río Guadiana y las tierras de Portugal, es la más grande de España y a ella se accede por varias puertas. A Ibm Marwan se le atribuyen muchas historias y Badajoz le rinde homenaje cada año con la celebración de la Al Mossassa. Su amor hacia su obra fue tan grande que dicen que una vez deseó “ser como estas piedras para vivir aquí eternamente”. Y cuenta la leyenda que su deseo se hizo realidad, pues su espíritu vive en la Torre Vieja de la Alcazaba y desde allí se recrea en las hermosas vistas.

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La Mansaborá de Cáceres

Desde la torre cercana a la Fuente Fría de Cáceres y con vistas al Palacio de las Veletas, que era el antiguo alcázar cacereño, en la noche mágica de San Juan y para algunos en la noche de San Jorge, se pueden escuchar unos hondos suspiros y el piar de una gallina y sus polluelos, que llevan un plumaje de oro. Son las almas de la hija del kaid de Cáceres y sus doncellas, que en el año 1229 entregaron la ciudad por amor y por descuido. La hija del kaid se había enamorado de un caballero que acompañaba al rey Alfonso IX de León y, con ayuda de sus doncellas, lo hizo entrar al palacio por pasadizos secretos para poder estar junto a él. Al revelar ese secreto los cristianos lograron entrar al castillo y someter la ciudad. El kaid maldijo a su hija y doncellas por esta acción y desde entonces pían desconsoladamente esperando el fin del hechizo.

El nombre de la leyenda proviene de la calleja donde se escondía la entrada al pasadizo, la Mansa Alborada o “Mansaborá”, a la que canta un grupo que lleva su nombre, un término que se repite en la ciudad de Cáceres tanto como su leyenda.

La espada del Puente de Alcántara

Veinte siglos lleva el Puente de Alcántara uniendo las orillas del Tajo, por algo en el templo que está a su lado, una inscripción en latín reza “este puente durará mientras dure el mundo” y al puente en época musulmana se le sumó la leyenda, cuando pasó a llamarse Kantara As-Saif: el Puente de la Espada. Según el escritor alemán Frank Baer la espada de oro del rey Rodrigo colgó del arco más alto del puente, donde no la alcanzaban los hombres ni el río. Otros afirman que entre las piedras del arco que está sobre el puente hay una espada clavada, que es imposible de desenvainar.

El Puente de Alcántara, elegido mejor rincón del mundo en 2014, es un sitio de visita obligada, así como la localidad de Alcántara, llena de historia, o la cercana Garrovillas, todo a un paso de Portugal. Una ocasión que también merece una visita al río Tajo, quizás sobre un barco, como el Barco del Tajo. El puente de la espada de Alcántara, una leyenda de cuento de hadas en un lugar mágico y lleno de historia.

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La Marmionda en Portezuelo

Las dehesas extremeñas guardan tesoros extraordinarios, aves, mamíferos, troncos encarnados en alcornocales, encinas de gran belleza bajo las que engordan los cerdos en la montanera. Las dehesas de la Rivera de Fresnedosa no solo son un capricho de la naturaleza con la ayuda del hombre, sino que tienen rincones inolvidables como los Canchos de Ramiro o el convento más pequeño del mundo.

No todos saben que además estas dehesas del norte extremeño guardan una historia de amor, sus propios Romeo y Julieta, que cruzaron sus miradas en el castillo de Portezuelo para que naciera el amor entre la princesa árabe Marmionda y un capitán leonés. Los restos del castillo, lamentablemente abandonado, se alza en lo alto del cerro al que llegan deportistas y senderistas. Desde su alta torre se lanzó Marmionda, cuando vio el cuerpo de su amado en un charco de sangre. Había sido herido en la batalla en la que pretendía llevársela consigo, pero el capitán no había muerto y al ver a su princesa sin vida, se lanzó también desde las alturas y su cuerpo fue a parar junto al de Marmionda. El viento, cuando corre veloz, trae los llantos de ese amor frustrado y la triste leyenda aún se repite, cada vez que visitamos Portezuelo y vemos en lo alto su castillo.

El ícaro placentino

Plasencia es también lugar de visita obligada, su Plaza Mayor, que acoge cada martes uno de los mercados más antiguos de España, está rodeada de calles cada una más rica en historia que la otra. Desde la plaza, tomando por el Rincón de San Esteban, se llega a las catedrales, que aunque están unidas mantienen cada una su identidad y en las que hay que dejar tiempo para no perder sus magníficos detalles. Plasencia, por supuesto, no se libra de la leyenda, además asociada a un personaje real, a Rodrigo Alemán, autor del magnífico coro de la Catedral.

Este artista polifacético, del que no se guardan muchos datos de su origen, para algunos tuvo un final de leyenda. Encarnó en él a Dédalo e Ícaro, pues al ser condenado por blasfemo a vivir en lo alto de la torre de la catedral, creo durante más de un año un artilugio de plumas con el que se lanzó desde el campanario y fue a dar con sus huesos a la Dehesa de los Caballos, cercana a la ciudad medieval. El ícaro placentino sobrevuela aún en Plasencia y si vamos a la Puerta del Enlosado o tenemos la oportunidad de visitar la barbacana y asomarnos por la muralla, podemos imaginar el vuelo del artista, pasando sobre el puente Trujillo en dirección  a Cáceres y perdiéndose de vista en el verde que circunda aquella zona.

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Legendary tourism in Extremadura

Publicado en diciembre de 2016

Imagen superior: Mirador de la Serrana en  Garganta la Olla.  

Fotografía de  Andy Solé

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2 thoughts on “Turismo de leyenda en Extremadura”

  1. Me gusta éste reportaje sobre las leyendas de Extremadura. Hay mucha información interesante. Y, también las fotos son maravillosas. La verdad es que dan ganas de conocer en persona.

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