Jerez de los Caballeros fiesta

Paseos urbanos con encanto en Extremadura

Extremadura presume de ciudades y pueblos con encanto que ofrecen interesantes paseos urbanos. Rincones imprescindibles por descubrir que nos brindan joyas arquitectónicas y culturales que comparten protagonismo con los afamados monumentos de la región.

Coria majestuosa

La capital del Valle del Alagón posee un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural. Un apacible paseo entre palacios nos invita a perdernos en su muralla romana y conocer cada una de las puertas de entrada a la antigua ciudad medieval. En su recinto intramuros es necesario sumergirse por callejuelas sinuosas y fotografiar singulares rincones cargados de personalidad.

coria castillo foto oficina de turismo

Castillo de Coria

A pocos metros de la plaza de España el convento de la Madre de Dios desprende el olor de los dulces artesanos elaborados por las monjas de clausura, de imprescindible degustación. En la misma calle de Las Monjas, parada obligada en el Museo de la Cárcel Real que conserva sus estancias tal cual se concibieron y  cuenta la historia de Coria desde la prehistoria al medievo, siendo además escenario de exposiciones temporales.

El castillo de los Duques de Alba y la catedral de Santa María de la Asunción son símbolos del noble pasado cauriense. El museo catedralicio presume de su capilla de las reliquias, entre las que encontramos el mantel de la Sagrada Cena. Desde la misma catedral es recomendable pararse unos minutos a contemplar las vistas a las vegas del Alagón. El puente del siglo XVI que se quedó sin río tras el terremoto de Lisboa de 1755 se levanta entre huertas y regadíos.

Zafra y sus plazas

Plaza Grande en Zafra

Plaza Grande de Zafra. Foto: Juan Carlos Delgado.

Zafra presume de transmitir su encanto personal en el que se unen historia y tradición con gastronomía y amabilidad de sus gentes. Las plazas Grande y Chica son un hervidero constante en el que se reúnen turistas y vecinos.  El entorno porticado de gran belleza ofrece un ambiente singular en pleno casco histórico. El conjunto monumental de su centro fue declarado Patrimonio Histórico-Artístico y sus casas blancas, con rejas, con balcones coronados de flores dejan patente el señorío de la ciudad.

Zafra ha sido y es un importante foco comercial, punto de encuentro de artesanos e instituciones religiosas. Los edificios del siglo XV nos contagian con su majestuosidad para visitar la iglesia de la Candelaria y el Monasterio de la Encarnación.

Sus calles estrechas forman un curioso entramado delimitado por la muralla circular de origen árabe.  La dominación islámica dejó su impronta en la antigua fortaleza de la que se conserva su aspecto medieval exterior: es el Alcázar de los duques de Feria, convertido hoy en parador nacional de turismo.

Una singular muralla en Galisteo

A medio camino entre Coria y Plasencia, la villa de Galisteo nos recibe con su alta y robusta muralla de origen almohade formado por los cantos rodados del río Alagón. Su protección ya denota el carácter estratégico de la localidad y como excelente mirador de los valles y sierras que la rodean.

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Muralla de Galisteo. Foto: Andy Solé.

En el recinto intramuros, las antiguas casas encaladas permanecen adosadas a su muralla y su singularidad propició la obtención del título de bien de interés cultural. En su interior, el castillo-palacio La Picota situado a los pies del río Jerte se levantó sobre un antiguo edificio islámico. Tras su restauración, se le conoce como el palacio de los marqueses de Lara y destaca sobre la muralla un campanario rematado en pirámide octogonal, que está separado de la iglesia a la que pertenece.

Es la iglesia de La Asunción otro edificio importante que nos narra el pasado intenso de la villa. Dispone de un ábside semicilíndrico de estilo mudéjar que no deja indiferente a nadie.

No podemos abandonar Galisteo sin subir a su muralla y pasear por ella disfrutando de los paisajes que nos brindan agricultura y ganadería. Volviendo al nivel de la calle merece la pena pasear por el puente medieval del siglo XVI y disfrutar de las vegas del Jerte.

Olivenza y su fusión con Portugal

Olivenza ha sido muchos años punto de conflicto entre España y Portugal. Su turbulenta historia se ve reflejada en los edificios defensivos y militares que encontramos en la ciudad. Desde la gruesa muralla que protege la ciudadela medieval y sus calles estrechas, hasta su majestuoso castillo.

La ciudad oliventina está rodeada de un paisaje adehesado de encinas y alcornoques que la conviertan en una de las visitas imprescindibles a Extremadura.

La herencia lusa se respira en las calles oliventinas catalogadas como Conjunto Histórico-Artístico. El país vecino convirtió a Olivenza en una importante villa con suelos de adoquines, plazas importantes y edificios con arcadas. Una de las señas lusas que más se palpa en la ciudad es la decoración con azulejos como la capilla de la casa de la Misericordia. Los nombres de sus calles aún conservan las dos lenguas: español y portugués.

La fortaleza templaria dio paso a la alcazaba con una torre del homenaje de 37 metros de altura que alberga en su interior un museo etnográfico. Entre los edificios singulares, la sede del ayuntamiento: el palacio de los Duques de Cadaval.

Pasear por sus calles es palpar la historia viva de las contiendas y conflictos de los hombres, donde los edificios religiosos se conservan en perfecto estado. No podemos dejar de visitar la iglesia de Santa María del Castillo y la iglesia de la Magdalena, elegido Mejor Rincón de España en 2012 por la guía Repsol.

El encanto de Hervás

Entre los cascos urbanos extremeños con más hechizo, figura el de Hervás. Un enclave privilegiado a los pies del Pinajarro y regado por el río Ambroz. Rodeado de interminables bosques de castaño y robles que arropan sus calles y rincones como si de un cuento de hadas se tratase.

Su judería es una de las señas de identidad del municipio que conserva casi de manera intacta su pasado medieval. La madera, las tejas, el adobe y el granito fueron los elementos constructivos de sus viviendas y permanecen en perfecto estado como testigos del asentamiento judío del siglo XV. Entre su entramado de callejuelas y rincones es imprescindible pasear por la Travesía del Moral: la calle más estrecha de España con poco más de medio metro.

Hervás

Hervás. Foto: Andy Solé.

En la hoja de ruta de nuestra visita a Hervás es necesario subir a la iglesia de Santa María, antiguo castillo templario, con vistas hacia la sierra y la propia villa. La iglesia de San Juan Bautista, antiguo convento de los Trinitarios, posee una singular fachada de estilo postherreriano.

Los paseos en Hervás son siempre una delicia, descubriendo sorpresas a cada paso: como una sala de exposiciones en el interior de una antigua cabina telefónica, o degustando los tradicionales dulces de origen sefardí.

El pasado templario de Jerez

Las calles y callejuelas de Jerez de los Caballeros (en la foto que encabeza este reportaje) esconden todo tipo de secretos. Desde palacios señoriales, caserones tradicionales, hasta monumentos religiosos. El conjunto histórico de Jerez agrupa los estilos mudéjar, gótico y barroco y fusiona en un mismo escenario el legado de la Orden del Temple y de la Orden de Santiago.

Sus soberbias murallas imponen al caminante que perdiéndose entre sus calles puede visitar la fortaleza templaria y pasear por la ciudadela medieval. La muralla conserva dos puertas de las que seis que tuvo en su momento.

Sus calles hablan por sí solas con un amplio legado religioso plagado de ermitas y conventos. El señorío de la nobleza jerezana se aprecia en palacios y edificios con nombre propio como la Casa del Sol, el Solar de los Condes de la Berrona o el palacio del Guzmán Sotomayor.

La muy noble ciudad de Trujillo

Trujillo es uno de los centros históricos más importantes de la región y una ciudad que atrapa al visitante desde su llegada. El descubrimiento de América otorgó fama universal a la denominada cuna de descubridores.

Su importante pasado se palpa en los palacios que rodean la monumental plaza presidida por Francisco Pizarro. En este escenarios se construyeron en el siglo XVI las casa de los linajes más importantes, como los Orellana o los Chaves.

Trujillo

Trujillo

Es obligada la subida al castillo almohade y recorrer sus murallas y torreones para fotografiar unos paisajes cautivadores. Las antiguas leyendas e historias nos arrastran a perdernos entre sus monumentos religiosos. Las calles empedradas nos guían por escudos, blasones, balcones y chimeneas que parecen sacados de un decorado de película.

El intenso paseo por Trujillo nos despertará el apetito y es en el entorno de la plaza mayor el lugar ideal para saciar nuestra sed con los ricos caldos de la tierra aderezados con sabrosos quesos que dan fama gastronómica a la ciudad durante su feria nacional en el mes de mayo.

La Llerena señorial

El Conjunto Histórico de Llerena asombra por su arquitectura de gran belleza y por un rico patrimonio donde el arte es el protagonista.

Espectaculares casas señoriales y palacios que nos cautivan en un apacible recorrido. Sus imponentes fachadas compiten con conventos y hospitales. La puerta de Montemolín es la única de las cuatro que aún se conserva.

La iglesia de Nuestra Señora de Granada y su emblemática torre presiden la plaza mayor porticada de estilo mudéjar. El paso de los años ha dejado en este edificio religioso una capilla renacentista y otra de estilo gótico-renacentista.

Entre las recomendaciones gastronómicas para llevarnos Llerena en el paladar es recomendable probar los corazones de las monjas, un dulce típico que se elabora en el convento de Santa Clara. La cachuela extremeña es un reconstituyente que podemos degustar en cualquier bar de la localidad. Y hay que probar sus afamados caldos: los llerenenses presumen de que el primer vino que se cosechó en América tras la conquista fue pisado por uno de sus paisanos, Pedro López de Cazalla.

La Puebla de Guadalupe

A los pies de las sierras de las Villuercas y Altamira se asienta Guadalupe. Sus calzadas de piedra y su arquitectura tradicional enmarcan el monumento de mayor valor: el santuario del monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, declarado Patrimonio de la Humanidad.

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Real Monasterio de Guadalupe. Foto: Andy Solé.

Un único edificio agrupa una mezcla de estilos entre sus paredes que van desde el gótico al mudéjar pasando por el renacentista o el barroco y en su interior se conservan obras de gran valor. En la visita al monasterio es obligado el paseo por el claustro mudéjar y su templete, la sala capitular, el camarín de la virgen o la capilla de San Jerónimo con pinturas de Zurbarán.

La grandiosidad el monasterio contrasta con la humildad y tradición de las calles de Guadalupe. La arquitectura serrana es protagonista con sus conocidos arcos y soportales que enmarcan a los populares balcones.

Un buen lugar para pasear es la antigua judería para visitar también la plazuela y la fuente de los tres chorros. Otros edificios singulares de interés son la iglesia de la Santa Trinidad, de estilo barroco, o el colegio de Infantes y el Hospital de San Juan Bautista que conforman el Parador de Turismo.

Medellín y su teatro romano

La villa que vio nacer a Hernán Cortés conserva un importante patrimonio monumental donde su máximo exponente es el teatro romano restaurado en los últimos años. Ubicado en la ladera del castillo medieval nos ofrece una vista imprescindible del Guadiana y de su puente del siglo XVII.

Los restos históricos y arqueológicos que atesora la localidad hacen de Medellín un lugar imprescindible para conocer y disfrutar en cada rincón. Es precisamente el enclave donde está el castillo y el teatro romano uno de los enclaves arqueológicos más completos de Europa que nos ofrece un auténtico viaje en el tiempo.

Aparte de la importancia del yacimiento, en sus calles encontramos una gran riqueza arquitectónica popular y vestigios singulares como la muralla almohade o las ruinas de Porta Caeli. Los puentes de Medellín requieren un capítulo aparte, como es el caso del puente romano de Cagánchez, a cuatro kilómetros de la localidad, el puente de los Austrias y el puente sobre el río Ortigas.

Visitar Medellín es también disfrutar del río Guadiana: el sonido de sus aguas acuna las noches de invierno y refresca las calurosas tardes de verano.

Publicado en diciembre de 2016

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