Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

Tres huérfanos en Turín

Es cierto que, alcanzada una cierta edad, en mi caso los cuarenta -que espero que no sean, todavía, la mitad del camino de la vida– uno no puede evitar pensar, sobre todo cuando le dan los resultados de una analítica, que -parafraseando al parafraseadísimo Mallarmé- la carne es triste, y no es menos cierto -siguiendo con Mallarmé- que en ocasiones uno tiene la sensación -por suerte siempre pasajera- de haber leído ya todos los libros, una cierta sensación de agotamiento, de que todo lo que llega viene a ser, un poco, lo mismo y de que quizá debería dejarse de novelas y poemarios y dedicarse más al ensayo, o a la literatura de viajes, o a los manuales de jardinería, para tratar de recuperar en ellos ese placer lector que, en determinadas circunstancias, una o dos veces por año, siente haber perdido para siempre.

Para cuando eso sucede, libros como La inmensa soledad, el celebrado libro de Frédéric Pajak, vienen como caídos del cielo, pues demuestran que, aunque parezca estar dicho todo, aún son posibles, desde luego, maneras diferentes de decirlo, de contarlo, nuevos territorios que explorar por medio de la lectura.

inmensa-soledadLo compré, la verdad, convencido de que se trataba de una novela gráfica, pero no lo es, por más que la organización del texto tenga mucho de novelesco y venga acompañado de unos estupendos dibujos del autor que le dan aspecto, más bien, de guía ilustrada. Tampoco acaba de ser un ensayo, por más que haya recibido el reputado Premio Médicis, o quizá, por el contrario, lo es más que muchas cosas que he leído como tal, en la medida en que lo que hace Pajak, por medio de dibujos y palabras, es ensayar, tantear, tratar de poner en pie algo que desde el principio no acaba de quedar claro pero que gira en torno a la soledad que provoca el quedar huérfano, y que une al propio autor con Cesare Pavese y Friedrich Nietzsche, pero también en torno a la secreta, no sé si también oscura fuerza de Turín, la ciudad en la que estos dos últimos autores encontraron, respectivamente, la muerte y la locura y a la que Frédéric Pajak acude en busca de respuestas a algo que no acabamos muy bien de saber qué es.

Fuera de eso, yo no sabría del todo qué más decir de La inmensa soledad, un libro desde luego inmenso en el que encuentran también eco personajes como Hitler, Van Gogh o Giorgo de Chirico, en el que abundan las citas de cartas, libros y diarios de Nietzsche, de diarios y poemas de Pavese, que indaga en la historia y el callejero de Turín y que resulta, al cabo, enormemente emocionante y generoso, esto último porque, si te hallas de repente en una de esas encrucijadas en las que crees haber leído todos los libros, despierta en ti unas ganas enormes de leer Así habló Zaratustra, de leer Trabajar cansa, de sumergirte en las páginas del libro intenso y terrible que a menudo es El oficio de vivir, y porque siempre anima, y da esperanza, que de repente un libro te muestre que hay otros libros, que merece la pena seguir leyendo, por más que la carne sea triste y, esa sí, no tenga remedio.

La inmensa soledad

Frédéric Pajak

Errata Naturae

20,90 euros

Publicado el 25 de noviembre de 2016

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