Plasencia en corto

Llegas a Plasencia sin que se te duerma el trasero porque el viaje no se hace largo. Da igual de dónde vengas, porque el deseo y las ganas te mantienen despierto. Luego, todo se hace más breve, casi instantáneo cuando la mirada se te desparrama de gusto mientras caminas por las calles de la judería, por los cercanos resbaladeros sintiendo la Historia que regurgita de sus monumentos vestidos de piedras grises y ocres. Valga lo escrito, algo floreado, para intentar expresar un entusiasmo placentino que es más que un sentir.

Luego están las personas, los placentinos que suelen ser gentes que te acercan a todo, agrupando actividades en barrios y en zonas culturales. Hacen que se te renazca la amistad a través del conocimiento artístico de todo lo que esta ciudad encierra.

Uno se pasea por la ciudad escuchando en los auriculares del reproductor a Van Morrison, a Kase. O, a Joe Bonamassa, a Billie Holiday, intérpretes de distintos géneros musicales que te ilustran, como también lo hacen los diversos estilos arquitectónicos que se reflejan en su abundante monumentalidad. Una hermosura que aquí se muestra calle a calle, plaza a plaza,

Uno tiene la convicción de vivir en una ciudad cercana en las distancias e íntima en la mirada. A Plasencia no se la puede ver lejana, ella misma se encarga de que la aprecies en corto.

Publicado: 18 de noviembre de 2016

Texto y foto de Alfonso Trulls para su columna Impresiones de un Foráneo

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