Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

Con voz propia

Escribir ficción en primera persona del singular y, a la vez, en presente de indicativo exige poner en marcha un doble artificio narrativo y supone, por ello, un doble reto. En primer lugar, porque obliga a impostar una voz, la del narrador, que no es la propia, sino la del protagonista, la de un personaje secundario o, tomando más distancia, la de una suerte de observador que nos cuenta, desde lejos, pero a pie de página, lo que está pasando. Eso por lo que respecta a la persona gramatical, porque la elección del presente como tiempo verbal implica, además, la necesidad de hacer creer al lector que quien habla no sabe lo que va a suceder, lo que no deja de ser, como decíamos, un complicado artificio, pues si el narrador puede no ser omnisciente, el que escribe sí debería serlo -al menos en buena medida-, y conocer, de antemano, el final del relato, y eso le exige una meticulosa labor de camuflaje.

Si les hablo de estos elementos, coordenadas esenciales del punto de vista de un relato, y del doble riesgo que la primera persona y el presente implican, es porque asumiendo ese reto están escritas las piezas que componen Manual de autoayuda, el libro de relatos del pacense Miguel Ángel Carmona del Barco, quien, gracias a su experiencia como escritor y como responsable de talleres literarios, consigue salir airoso del lance, con una colección historias recias, contundentes, urdidas con un lenguaje preciso, directo, rico en elaboradas, sugerentes imágenes visuales.

Podríamos decir que, con carácter general, al adoptar semejante punto de vista, el escritor pretende hacernos partícipes del futuro incierto de sus personajes, haciéndonos compartir el asombro ante a lo que el mañana les pueda deparar. Sin embargo, en los relatos de Miguel Ángel Carmona apenas hay, a mi modo de ver, ese asombro, esa sorpresa. Sí que hay, sin duda, una clara voluntad de ponernos en la piel de sus protagonistas, personajes que, por lo general, no parecen contemplar el futuro con demasiada incertidumbre, pues son individuos duros, con vidas difíciles, marginados o con serios problemas personales -entre ellos varios toxicómanos, una prostituta, una muchacha bulímica o un enfermo terminal de cáncer-, que parecen tener claro su poco halagüeño destino, afrontándolo unas veces con coraje, otras con rabia, conscientes de que a menudo no hay salida.

manual de autoayuda imagenPor esta razón, porque a menudo no hay salida, el título de la colección, Manual de autoayuda, puede acabar resultándonos sarcástico, porque no parece que para sus protagonistas haya ayuda posible ni que estén muy necesitados de orientación o aliento alguno, aunque, por otra parte, bien mirado, en un libro que, según el texto de la contraportada, pretende ser “una invitación a asomarnos a la oscura complejidad del alma humana, encerrada en estos relatos como insectos atrapados en ámbar”, el abanico de historias que nos ofrece, muchas de ellas, como decimos, terribles, truculentas, acaba por convertirse en un consolador muestrario de las innumerables formas en que los hombres afrontan la existencia, una existencia que, en ocasiones -en muchas ocasiones para algunos-, se nos revela atroz y despiadada, y, por esa razón, el libro, quizá, acabe siendo una cruda, y literaria, sesión de psicología.

Manual de autoayuda

Miguel Ángel Carmona del Barco

Salto de página

15,50 euros

Publicado el 22 de julio de 2016

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