Mágica noche de San Juan en Santibáñez El Bajo

Si el viajero, por un casual, se pierde por los septentriones cacereños cuando el solsticio de verano se extiende, misterioso y mágico, a lo largo y ancho de la noche de San Juan de junio, efemérides de San Juan Bautista, podrá asistir a toda una serie de rituales que le pueden remontar a épocas donde el peso, el paso y el poso de la vida tenían otros ritmos y otras medidas.

Pulgar

Vista de Santibáñez desde la antigua laguna comunal/Pulgar

Santibáñez el Bajo, que fue Santibáñez a secas antes de que se iniciaran las carterías rurales, tiene su origen toponímico en la voz “Santihoanne”, que no quiere decir otra cosa que “Santo Juan”.  El sufijo “ez”, de reminiscencias mozárabes, viene a significar “hijo de”.  De aquí que el nombre de dicho pueblo, hablando en román paladino, sea “Hijo de San Juan”.  Curiosamente, le añadieron lo de “el Bajo” cuando su núcleo originario y antiguo se encuentra en un cerro, denominado “La Cuehta”, al que flanquean los arroyos de “El Pizarrosu” y el de “Lah Juntaníllah” o de “La Juenti”.  Pero como aquel otro Santibáñez cacereño, situado en la Sierra de Gata, se levanta sobre un espigón montañoso, éste se quedó con “el Alto”, cuando debería haber mantenido su antiguo y oscuro nombre: Santibáñez de Mascoras (o de Mascules), mil veces más atractivo y con mayor peso histórico que “Santibáñez el Alto”.

El caso es que el “Litha”, que así se cita por primera vez al solsticio de verano dentro de las antiguas comunidades paganas, según nos habla San Beda “El Venerable” (siglos VII-VIII) en su libro “De Temporum Ratione”, debió causar un impacto tremendo  en las antañonas civilizaciones, al observar que el astro rey comenzaba a declinar en los últimos días de lo que hoy es el mes de junio.  Algunos antropólogos rastrean indicios de épocas  neolíticas y comentan que, en ese tiempo, ya se encendían hogueras para espantar a los espíritus malignos, de los que se decía que vagaban a sus anchas después de ponerse el sol.

Vicente Novillo

Un «ehcriñu», destapado, fabricado con bálago y ya en desuso/ Vicente Novillo

Curiosamente, en algunas aldeas de Las Hurdes acostumbraban, según vecinos que ya peinan muchas canas, el acudir, apenas comenzaba a pardear la víspera de San Juan, con unas cestillas de mimbre a determinados riachuelos o gargantas, donde decían que estaban “luh malínuh”.  Y eran éstos unas especies de repugnantes gusanos, que, después de atrapados, iban a parar a unos “ehcríñuh” realizados con bálago o a unas “jarápah”, que se hacían con corcho.  Luego, en las hogueras rituales que se hacían con brezos, carquesas y otras plantas olorosas, se arrojaban estos animaluchos, a la vez que se les imprecaba con fuertes palabras.

Hurdes, Destino Natural

Uno de los riachuelos donde los jurdanos iban a coger «lu malínuh» / Hurdes, Destino Natural

Incluso en una de las alquerías se encuentra en un zigzagueante arroyuelo una poza conocida como “El Charcu de luh Malínuh”, adonde acudían los vecinos antes de asomar el sol en la mañana de San Juan.  Después de apedrear las aguas del charco y lanzar sobre ellas todo tipo de maldiciones, parece ser que quedaban limpias de todo mal y la gente se sumergía en ellas, en la creencia de que se librarían a lo largo de todo un año de las  enfermedades que afectaban a la piel.

Carmen Azabal

Bailando en torno a una hoguera de San Juan /Carmen Azabal

Centrándonos en la localidad de Santibáñez el Bajo, adonde el viajero puede llegar por diferentes caminos y atravesando el río Alagón o las riveras del Bronco y del Palomero, la noche de San Juan fue siempre un vivo “zajumeriu” (espeso humo que se desprende de fogatas cargadas de sacralidad).  Raro el barrio en que no se levantaba, hasta no hace muchos años, una hoguera descomunal.  Los muchachos eran los encargados de buscar y acarrear el “tomillu” (cantueso o tomillo burrero).  Había piques por ver qué barrio levantaba la fogata más grande.  Toda una olorosa humareda inundaba el pueblo.  Se abrían puertas y ventanas, tanto de casas como de cuadras, para que el humo purificador penetrase dentro y protegiese a personas y animales.  Se saltaba por encima de las llamas mientras se lanzaban expresiones que exorcizaban las calamidades y llamaban a las fuerzas saludables: “¡Saltu pol cima lah terciánah, salú en cá Ti Bibiana!”, “¡saltu pol la jumarera, salú en ca Ti Sotera!”. “¡saltu pol un dehlombau, salú en cá Ti Pelau!”…

Corría la chiquillería de barrio en barrio, saltando por todos los fuegos encendidos en las encrucijadas.  También, los vecinos, agarrados de la mano, formaban un gran corro y bailaban alrededor de la lumbre.   Algunos, al extinguirse las brasas, recogían aquellas cenizas, que guardaban para abonar ciertas plantas o para otros fines profilácticos.  Se acostaban tarde y “zajumáuh” (ahumados) hasta las cejas y tenían que madrugar antes que el sol asomase por las montañas de la Trasierra, cuando deberían marchar a la laguna del ejido comunal, en cuyas aguas se metían hasta las rodillas, realizando las correspondientes abluciones, creyendo a pie juntillas que así quedarían libres de la sarna, de los orzuelos y otras afecciones oculares.

Pulgar

Laguna del «lejíu» en las ferias ganaderas de junio /Pulgar

Lugareños había que llevaban a la laguna sus animales, a los que obligaban a introducirse en las limosas aguas hasta que éstas le llegaban a la barriga.  Después del lavatorio, se quedaban extasiados  mirando a las cordilleras, esperando que el sol salga brincando y danzando por cima de las altas crestas.  Algunos dicen que vieron tal baile y dan fe de ello.

Sobre las hierbas que se recogían esa noche y a las que otorgaban poderes sanadores, así como acerca de otros sortilegios, cura de niños “quebráuh” (herniados) y otro sinfín de ritos que convertían no solo Santibáñez el Bajo, sino otros pueblos de la comarca de Tierras de Granadilla y de otras colindantes en toda una redoma de realismos mágicos, habría mucho que hablar.  Ahora, dejemos a las asociaciones de mujeres, como aquella de “Las Candelas”, del citado lugar, las que, fieles al legado transmitido por sus antepasados, preparen y orquesten la sacralizada (en el sentido ritual de las viejas creencias) fiesta del solsticio de verano.  No podía ser por menos en un pueblo cuyo topónimo hace honor al nombre de San Juan.

Publicado en junio de 2016

 

One thought on “Mágica noche de San Juan en Santibáñez El Bajo”

  1. Repaso a la nostalgia de otros tiempos y otra gente , quizás de la niñez ya enterrada y olvidada por los años transcurridos!

    Salud

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.