
Descubrir el rojo particular que tiene los alcornoques en la dehesa una vez despojados de su capa de corcho, puede convertirse en una de esas imágenes que se te quedan aferradas a la memoria y que resurgen cada cierto tiempo. Y es que la dehesa es así, llena de sorpresas, llena de oportunidades para hacer pequeños descubrimientos que alegran el alma.
Kilómetros y kilómetros de dehesas siembran Extremadura de encinas, alcornoques y un pasto suave que se llena de flores multicolores en primavera. Pasear por esos espacios abiertos, coger espárragos o setas, ver a las enormes cigüeñas caminando en busca de pequeños insectos o de palos para sus nidos son algunas de las ventajas que nos da este bosque que es tan ecológico y tan productivo a la vez.
En bicicleta o andando, en soledad, con niños o en grupo, recorrer la dehesa extremeña permite llenar los pulmones con el aire más limpio de todo España, mientras el paisaje se extiende más allá de tus ojos, entre los cabellos ensortijados de las encinas y alcornoques, mientras caminas y a tu paso encuentras bellotas y flores, charcas y riachuelos, esperanzas e imágenes para compartir. Como las fotos que os invitamos a compartir con planVE en nuestras redes sociales con el hastag #deheseando porque una vez vista la dehesa extremeña, estarás #deheseando volver. ¡Anímate y mándanos tu foto al Facebook, Twitter e Instagram de planVE, guía de ocio, que estamos #deheseando!
Publicado en mayo de 2016
