La romería de Santibáñez el Bajo se celebra el 30 de abril

Cuentan los archivos parroquiales que la vieja ermita de San Albín se arruinó en el siglo XIX. Casi con toda seguridad, fue, en sus orígenes, un templo romano, a juzgar por los numerosos vestigios que se desparraman por todo su entorno.  Aún se puede apreciar parte del lienzo de uno de sus muros, casi al pie de una necrópolis romana, que ha puesto al descubierto alguna de sus tumbas al realizar faenas agrícolas, así como lo que debió ser un columbario, donde se halló un ara de mármol, dedicada, curiosamente, a un tal “Alvinus”.

Compadreando y comadreando en la romería, en una edición anterior (Foto: F.B.G.)

Compadreando y comadreando en la romería, en una edición anterior (Foto: F.B.G.)

Con la desamortización de la ermita y sus terrenos comunales que la rodeaban, que fueron adquiridos por particulares, la romería que se celebraba en honor del mentado santo se vino abajo.  El pueblo pasó una buena gavilla de años sin romería y, cuando se retomó, se convirtió en toda una fiesta caciquil, sobre todo durante la dictadura franquista.  Los vecinos eran invitados a asistir a la misa que se celebraba en la ermita del Cristo de la Paz, pero luego se quedaban tan solo con el olor de los guisos de los cabritos que se zampaban las fuerzas vivas a costa de las arcas públicas. El Ayuntamiento en pleno, el párroco, los maestros, el médico, el practicante, la guardia civil y otros allegados a éstos, junto con el tamborilero que contrataban, eran los únicos que disfrutaban de la romería.

Tamborileros alegrando la jornada romeriega (Foto: F.B.G.)

Tamborileros alegrando la jornada romeriega (Foto: F.B.G.)

Tuvo que llegar el año 1984, en plena democracia, siendo alcalde Eloy Gutiérrez Montero, para que se aprobara por unanimidad un proyecto que presentó el que suscribe estas líneas, en orden a retomar la tradición romeriega en honor a San Albín, llevándola a cabo en el incomparable marco de la dehesa boyal, abriéndola a todos los vecinos y revistiéndola de todo un carácter extremeñista.  Pero pese a lo acordado, el párroco y cuatro beatas decidieron procesionar a la Virgen de Fátima en vez de a San Albín, rompiendo la tradición, ya que esa Virgen carece de devoción y solera, ya que es una talla regalada, no hace muchos años, por un particular a la parroquia.  Y, lamentablemente, es a la que siguen paseando bajo las encinas.

La charanga entre las encinas (Foto: B.A.B.)

La charanga entre las encinas (Foto: B.A.B.)

No obstante, la romería se ha convertido en todo un referente de las fiestas locales.  El hecho de que se celebre el sábado más cercano al 1º de mayo da lugar a que numerosos emigrantes y otros puñados de visitantes se acercan a confraternizar con sus paisanos.  El Ayuntamiento se encarga de repartir a todos los asistentes el aguardiente, el ponche y los dulces tradicionales, así como de contratar la charanga, el tamborilero (figura emblemática que nunca debe faltar en cualquier romería que se precie), de colocar la cucaña y de organizar diferentes juegos y concursos.

Santibañejos a la antigua usanza (Foto: Mercedes Gutiérrez)

Santibañejos a la antigua usanza (Foto: Mercedes Gutiérrez)

Los primeros años de esta nueva, popular y participativa romería se rescataron antañonas diversiones propias de muchachos y mozos, como el “tiru de la barra”, “el calvu”, “la cuchamba”, “la lucha con el garroti”, el juego de “la navaja”, “la jinca”, “el corchu mieleru” o “la taba”.  Voces hay que claman porque vuelvan a organizarse estos juegos, pues de lo contrario acabarán de esfumarse de las memorias de las generaciones más jóvenes.

Desde primeras horas de la mañana, despertados por el tamborilero, los vecinos acuden a “posesionarse” de un buen puesto sobre la pradera adehesada, donde tienden sus reales y donde darán cuenta de sus ricas viandas: el “cuchifriti” de cabrito o cordero, las chacinas curadas al humero, el buen queso en aceite, el jamón de pata negra (la dehesa comunal tiene todos los años una excelente montanera de “guarrápuh” ibéricos) o las tortillas de espárragos silvestres, sin que pueda faltar el excelente vino de pitarra.  Mucho cante y mucho baile, mucho compadreo y comadreo y, en suma, una explosiva alegría fruto del sano hermanamiento al aire libre, cuyos ecos suben hasta la cercana sierra de Dios Padre, las cordilleras de Las Hurdes y aquellas otras de Hervás y de la Trasierra.

Rumores hubo este año de posibles contaminaciones con aires cargados de volantes y faralaes, tal que si estuviéramos en El Rocío, pero la sensatez se ha percatado que la localidad de Santibáñez el Bajo es parte de Extremadura y, como tal, demanda el rescate, la salvaguarda y la proyección de las tradiciones propias y no importar la de otros lugares, que lo único que consiguen es despreciar lo autóctono y ser el hazmerreír de aquellos pueblos y comarcas que tienen afianzadas sus raíces y su identidad acrisolada.

SANTIBÁÑEZ, ISABEL DÍAZ

Vista del pueblo de Santibáñez el Bajo (Foto: Isabel Díaz)

 

Publicado: 23 de Abril de 2016

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.