Columna de Cine de Jota Jota en PlanVE, la guía de ocio

Obsolescencia programada

Mi nevera nueva me duró apenas tres años. Hacía unos meses que se le había acabado la garantía, cuando de repente dejó de enfriar. Además no se podía reparar. -Las neveras modernas no se pueden arreglar- Me dijo el técnico. Consulté a otro y me lo confirmó: -Hacen las cosas para que no duren demasiado. –  Ahora tenemos un armario lleno de imanes.

Las empresas realizan estudios para que los objetos que compramos se estropeen. A eso lo llaman obsolescencia programada. En Estados Unidos es obligatorio por ley. Dicen que mejora la economía, aunque yo me prometí no volver a comprar nada de esa marca. No voy a mencionarla, pero cuando cambie de móvil, sé cuál no voy a comprar. Mi nevera nueva es de otra empresa, de momento aún enfría (en este momento estoy buscando algo de madera, perdonen la interrupción) supongo que sus técnicos son peores y aún no han encontrado la manera de hacer que se pare cuando debe.

Imaginemos por un momento que mi nevera tuviera consciencia de su existencia y además supiera lo que le iba a pasar. Sería angustioso. Si además supiera hablar daría para hacer una película. Me la imagino sintiendo como el calor se va adentrado en su interior y diciendo algo así: “Yo he congelado cosas que vosotros no creeríais. Pizzas mordidas con piña y anchoa. He visto la luz brillar en la oscuridad mientras la puerta estaba cerrada. Todos estos momentos se perderán en el tiempo… como el hielo cuando se va la luz en agosto. Es hora de apagarse.”

Supongo que a Philip K. Dick no se le estropeó la nevera antes de escribir ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? en 1968, o tal vez sí, los americanos siempre han ido más adelantados en este tipo de cosas. En cualquier caso los Nexus 6 de Blade Runner, película basada en esa novela corta, sufren una obsolescencia muy bien programada. Dejan de existir a los cuatro años.

Blade Runner dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1982 se ha convertido con el paso de los años en una película de culto. Con malas críticas generales en su estreno y no muy buena acogida por parte del público. Aún hoy sufre esa dualidad entre los que la consideran una obra maestra y los que piensan que es una peli del montón. Supongo que depende de lo que esperes de ella. Si crees que vas a ver persecuciones fulgurantes, combates espaciales, naves surcando el espacio y rayos laser, no es tu película. Si te interesa una historia algo más reposada, a ojos de hoy casi lenta, y que utilice la ciencia ficción para hablar de temas más transcendentales, te gustará.

Al menos la emoción que logra trasmitir mientras escuchamos la música de Vangelis con los vehículos diseñados por Syd Mead surcando el cielo hacen que merezca darle una oportunidad. Eso y poder participar en el debate: ¿Es Deckard un replicante? Yo lo tengo claro ¿y tú?

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Película recomendada (para los que acaban de descubrir que Blade Runner no es para ellos y no han visto, o no les importaría volver a ver, Star Wars. Una nueva esperanza): Star Wars. El despertar de la fuerza.

Publicado: 13 de febrero de 2016