“Loh araórih del rozu” en el carnaval mítico de Horcajo

Sabido es, y así lo anunció planVE a su debido tiempo, que el legendario “Carnaval Jurdanu” no se llevó a cabo, tal y como estaba programado, el pasado sábado, día 6 de febrero. Amenazaban las lluvias y no era plato de gusto el tener unos antruejos pasados por agua.  Por ello, este arcaico y mítico carnaval se ha pospuesto a un sábado donde las nubes no aparezcan preñadas y nos amenazan con sus copiosos llantos.

Carlos Alberto Rodríguez, "Carlitos":  (Foto: Rosa Ayuso Moreno)

Beatriz Cerezo, Álvaro Murillo y Carlitos actuando en el Gran Teatro de Cáceres (Foto: Rosa Ayuso Moreno)

Carlos Alberto Rodríguez, “Carlitos”: (Foto: Rosa Ayuso Moreno)

No hay problema alguno en estos retrasos.  Según el antiguo calendario juliano todo el tiempo era carnaval hasta la fiesta de la diosa Anna Perenna, tan llena de vino, jolgorio y ritos licenciosos.  Y estos festejos tenían lugar en los “Idus Martiae” (idus de marzo), a mediados de este mes. Algún sábado dejará de asomar con bonancible tempero antes de que la diosa Anna Perenna sea enclaustrada en su templo. Y, entonces, como se anunciará a bombo y platillo por los cuatro vientos con suficiente antelación, la catarsis llegará a la alquería de Horcajo, en el concejo de Lo Franqueado, donde hogaño el comarcano y el viajero de otras comarcas se encontrará con increíbles sorpresas.

En la tarde tal jornada, auténticos artistas, duchos en las dramatizaciones, atraídos por la fuerza, la enjundia y el arrobamiento del “Carnaval Jurdanu”, llegarán hasta las eras de la mentada aldea y allí escenificarán un “rejuiju” (pantomima) que lleva muchas lunas sin ocupar ese espacio enlanchado donde los jurdanos trillaban sus mieses, sobre todo el centeno y el mijo, que eran los cereales que mejor se adaptaban a sus abruptos terrenos.

Los artistas se llaman Beatriz Cerezo, Oksana Golionko, Óscar Martín, Juan Luis León, Lara Martorán, Danielle Mesquita, Álvaro Murillo y Carlos Alberto Rodríguez, quien es el que coordina la dramatización. Todos ellos marchan al unísono en ese proyecto que “Carlitos” se trae entre manos, tendente a revalorizar ese espacio de las eras de Horcajo, donde no solo se trillaba, sino que también era un ámbito destinado a cumplir otras funciones lúdico-festivas.  Carlos Alberto Rodríguez se considera ya un vecino más de Horcajo y su amor e interés por sus vecinos, su estilo de vida y su patrimonio cultural es más que manifiesto. Pese a su juventud (Mérida, 1992), su currículum abarcaría varias páginas. Es un gran profesional de la actividad física y artista independiente. Dibujante, escritor de poesía y bailarín de danza contemporánea. Su vídeo-danza/documental, proyecto que se grabará con los bailarines en torno a la próxima Semana Santa, es la culminación del Final de Máster en Producción Artística de la Universidad del País Valenciano (UPV).

Tío Eusebio Martín Domínguez, que fuera un gran velador de las tradiciones jurdanas (Foto: F.B.G.)

Tío Eusebio Martín Domínguez, que fuera un gran velador de las tradiciones jurdanas (Foto: F.B.G.)

En ese sábado de marras, tan lleno de magia y de catarsis colectiva, Carlitos y sus danzarines se meterán en el mundo de los antiguos jurdanos y, sobre la era, escenificarán la estampa de “Loh Araórih del Rozu”, que otros la llamaban la de “La Cricona”.  Aparecerá el “araol del rozu” empuñando la mancera del arado, cuya reja es por carnestolendas un auténtico símbolo fálico. Otros dos personajes, los “güéh” (bueyes), tirarán de él. El “sembraol” va por delante, desparramando la “sementija”.  Al pronto, aparece “La Cricona” (“crica”, en dialecto jurdano, equivale a la vulva de la mujer), la cual empuja al “sembraol”, que cae rodando por el suelo.

Visión nocturna de la alquería de Horcajo (Foto: Genaro Ramajal Rural)

Visión nocturna de la alquería de Horcajo (Foto: Genaro Ramajal Rural)

Ella, que viene dando alaridos y haciendo gestos libidinosos, se coloca delante del arado.  El “araol” baja la mancera y empunta la reja, y, entonces, la “Cricona” se medio desnuda, cae en trance y se desploma de espaldas sobre el suelo. Los “güéh” se abalanzan sobre ella y simulan el acto de la cópula. Toda una explosión genésica y fertilizadora. La reja, como verdadero falo, penetra a la Madre Tierra, y los “güéh” a la “Cricona”. Hay que fertilizar a diestro y a siniestro, para que se engendre una primavera despampanante que se lleve a los fríos y los males del invierno y continúa el ciclo de la vida.

Nuestro gran amigo Tío Eusebio Martín Domínguez, de la alquería de El Gasco y el mayor velador porque se mantuvieran a flote las costumbres de sus antepasados, nos habló de estos rituales, prohibidos radicalmente durante la dictadura franquista y en otros tiempos de oscurantismos y malévolos puritanismos. Tío Eusebio y otros jurdanos, como Tío Damián y Tío Dionisio, ambos de Horcajo. En memoria de todos ellos, los “Araórih del Rozu” resucitarán este año en el Carnaval Jurdanu.

Publicado: 9 de febrero de 2016