Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

La lengua desatada

A mi modo de ver, una antología poética no es un sencillo ramo de flores, no puede ser tan solo una colección de poemas bonitos. A mi modo de ver, una buena antología poética, cuando de un solo autor se trata, es aquella que logra condensar en sus páginas la evolución de un poeta, la que hace recuento de su esfuerzo continuado, a lo largo del tiempo, por alcanzar una voz propia, la que es capaz de resumir cómo ha ido cambiando la forma que tiene de ver y contar (o cantar) el mundo. Una antología poética debería, pues, contener muestras de todos (o casi todos) sus libros, de sus obsesiones y temas recurrentes, de sus influencias literarias y artísticas, de la progresión de su estilo, todo ello aun a riesgo, incluso –aunque les advierto que no sé si el que habla aquí no sea el lector de narrativa que habitualmente soy, demasiado acostumbrado a que los libros le cuenten algo–, de falsear un poco la realidad, de imponer un sentido y un fin a procesos que quizá, en muchos casos, no han tenido una lógica ni un objetivo predeterminados, que han sufrido amagos, devaneos, pérdidas y extravíos.

En este sentido, Otrora, la antología poética del placentino Javier Pérez Walias publicada hace meses por Calambur, cumple a la perfección todas estas premisas. Yo diría, incluso, que simplemente hojeándola, contemplando –podríamos decir– su contenido a vista de pájaro, es posible constatar algunos aspectos de esa evolución poética de la que, a mi modo de ver, toda buena antología debe dar cuenta. En el caso de Walias, hojeando Otrora uno puede verificar, por ejemplo, cómo el paso del tiempo, de los libros y de los poemas le ha ido llevando del verso breve a versos cada vez más largos, del verso largo al versículo, del versículo, en muchas ocasiones, a distintas formas de prosa poética, en un fenómeno que me atrevo a denominar –para dar, de paso, título a esta columna– de lengua desatada y que pretende resumir un proceso en el que Walias parece haber ido perdiendo, poco a poco –sobre todo en sus tres últimos libros, Largueza del instante, Arrojar piedras, AlQarafa–, la contención, afirmándose en un discurso cada vez más desatado, cada vez más abundante, como si, después de un largo curso por torrentes, gargantas y riachuelos su decir poético hubiese alcanzado un ancho estuario, un vasto mar da palha en el que su poesía al fin se remansa y avanza majestuosa hacia el insondable océano de las palabras.

Pero en Otrora están también, perfectamente representados, los temas fundamentales en torno a los cuales gira la obra de Pérez Walias. Están, como señala Eduardo Moga en su magnífica introducción, el río, el pájaro o la luz, está la naturaleza, pero también está la ciudad, y está la obsesión sobre el paso del tiempo, el deseo de aprehender el instante y también, desde luego, la admiración y la proximidad que el autor siempre ha demostrado hacia las artes plásticas. En definitiva, como afirma asimismo Eduardo Moga, «Otrora es (…) un diorama del mundo, el óleo panorámico de un orbe que no deja de ramificarse, de una interminable concatenación de texturas y geometrías», pero también es antes, si nos fijamos en el libro en sí, antes de asomarnos, a través de él, al mundo, un bello y meticulosamente construido diorama de la obra poética de Pérez Walias, y, por ello, un vehículo extraordinario para aproximarse por primera vez –si es que no lo han hecho ustedes aún– al quehacer de este autor placentino de ya larga, consolidada trayectoria, que el próximo martes, día 17, a las 20:30 horas, inaugura en la Sala Verdugo el nuevo curso del Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán”.

otrora walias Antología poética

1988-2014

Javier Pérez Walias

Calambur

20,00 euros