Aceitunilla celebra el “Robu de la Albehaca”

Resulta curioso que a los vecinos de la alquería jurdana de Aceitunilla los motejen como “galiciánuh”.  Incluso hay un paraje en sus términos que recibe el nombre de “Valli de luh galléguh”.  ¿Tendrá algo que ver con la repoblación medieval, venida de zonas astur-leonesas e incluso gallegas y que se mezcló con el sustrato indígena de los pueblos del territorio jurdano?  Y resulta paradójico que algunas de las fiestas que se han catalogado como de Interés Turístico, bien fuere en Extremadura o en otras partes, se han regido por la cantidad y no por la calidad, y hasta por intereses políticos.  Algunas fiestas de éstas se repiten en tropecientos pueblos, por lo que de singular no tienen nada.

Mujeres "galiciánah" de fiesta en la alquería / F.B.G.

Mujeres “galiciánah” de fiesta en la alquería / F.B.G.

La Administración regional ha andado interesada por otorgar semejante calificación a la fiesta del “Robu de la albehaca”, siempre y cuando volviera a sus orígenes, a fin de argumentar por sí misma la propia atracción turística.  Y es que, cuando llega el 14 de agosto, los vecinos de Aceitunilla se echan a la calle, al llegar la tarde-noche, y, acompañados por los tamborileros y otros que tocan a cada cual instrumento más estrafalario, recorren las ensortijadas calles de la aldea, con el fin de apañar toda la albahaca que puedan, que, antiguamente, se sembraba en grandes cantidades ex profeso para este día, sobre todo una variante de la planta que alcanzaba gran follaje y dimensiones.  Las mujeres han escondido los tiestos, medias tinajas y otros recipientes que contienen la albahaca en los lugares más inverosímiles.  De aquí que los mozos tengan que trepar por los balcones, subirse a los tejados, husmear por las cuadras o gatear por los “pareónih” (bancales), para hacerse con un buen cargamento de dicha planta.

Cuadrilla de rapaces mostrando sus ramilletes de "albehácah" / F.B.G.

Cuadrilla de rapaces mostrando sus ramilletes de “albehácah” / F.B.G.

Años atrás, los mozos cantaban en sus rondas: “No venímuh pa robá,/ni a comélmuh la gandalla;/venímuh a pol la moza,/que eh un ramu de albejaca”.  Y cuando una moza, guapetona, bien flamencota y peripuesta, tenían muchos “mohcóneh” revoloteando a su alrededor, le gente le decía: “Érih cumu la albejaca: múchuh te güelin y pócuh te catan”.  Referían, igualmente, que la albahaca (“ocimum basilicum”) servía para alejar los “violéruh” (mosquitos) y espantar los “arracránih” (escorpiones).  Comentaban, en algunos pueblos de la zona, que los hombres la podían comer en ensalada, pero no las mujeres que estuviesen embarazadas o en edad fértil.  Y la albahaca (ya se trocó, en la comarca, el antiguo nombre de “albejaca” por el de “albehaca”) es la protagonista de esta antiquísima fiesta, en la que siempre llevaron la voz cantante los mozos.

Zagalejo cargado con un haz de “albehaca” / F.B.G.

Después de una tarde de rondas, siendo ya noche cerrada, las mujeres deberían estar metidas en sus casas, así como los hombres casados.  A los viudos se  les permitía andar por las calles.  Después de una pantagruélica comida de carne de chivo en la taberna, los mozos iniciaban el robo semitolerado de la albahaca, acompañados de toda una parafernalia musical.  Las mujeres, entre risas y chanzas, defendían sus propiedades, pegándoles empujones a los mozos o arrojándoles calderos de  agua.

Toda una noche de jolgorio.  Nadie dormía.  Por la mañana, los mozos, emperifollados con numerosos ramos de albahaca (incluso los llevaban metidos en la bragueta), pedían el aguardiente y los dulces tradicionales (“bóllah”, “matajámbrih”, “perruníllah”, “hijuélah”…) casa por casa, echando algún “picau”, “charrá”, jota o “jaba” con las féminas, bajo el son de la gaita y el tamboril.  Luego, bajaban todos, en marcial desfile a la misa de Nuestra Señora de la Asunción, en la iglesia de Nuñomoral, siendo estos mozos los que llevaban las andas de la Virgen en la procesión.  El mozo que había cogido mayor cantidad de albahaca era el encargado de portar “El Ramu” en las fiestas de “San Brá” (San Blas).

Ingredientes más que de sobra para  declarar la fiesta como de  Interés Turístico Regional, pero para ello es preciso sembrar  “cantidades industriales” de albahaca y ceñirse al guión antiguo.  Si así se hace, seguro que los “galiciánuh” lo conseguirán.

Alquería de Aceitunilla

Alquería de Aceitunilla

El Robo de la Albahaca, entre las diez más singulares del norte de Extremadura en agosto

Publicado en agosto de 2015