Las fiestas en honor a Santa Ana asoman por los altos del Malvellido

Dicen del Valle del Malvellido, en el territorio de Las Hurdes, que es uno de los más angostos y habitados del mundo. Imponentes montañas que se suicidan, barrera abajo, hacia las espumosas y serpenteantes aguas del río que lleva el mismo nombre que el valle.  En su parte más alta, se asientan las alquerías o aldeas de La Fragosa, cuyo nombre hace clara mención a la aspereza del terreno, y Martilandrán.  El raro topónimo de esta última parece que tiene que ver originariamente con el antropónimo Martín “El Andrán”, que viene a ser algo así como Martín “El Mayoral”.  La “l” del actual nombre es una pervivencia del artículo “el”.  La antigua voz de “andrán” o “aldrán” se emparenta con “pastor principal” o “mayoral”.

santa ana en fragosa

Procesión de Santa Ana en una edición anterior (Foto: Benjamín Domínguez)

Tierra de pastores fueron Las Hurdes, de cuyas sierras comunales (aún lo siguen siendo, y no estatales  ni municipales) se enseñoreaban numerosos rebaños de cabras.  A los de La Fragosa les denominan afectuosamente como “tautínuh”, y “Tauto” es un personaje mitológico de tal territorio, al que algunas leyendas le describen como un poderoso señor que era tuerto, pariente del rey “Batuecu” y que estaba en guerra continua con aquellos otros seres legendarios llamados “Jáncanuh”, gigantescos y con un ojo solo en mitad de la frente.  Y a los de Martilandrán les dicen, también cariñosamente, “garguéñuh”.

Santa Ana en La Fragosa

Imagen de Santa Ana (Foto: Benjamín Domínguez)

Pues los vecinos de estas dos alquerías ya están preparados para entronizar y procesionar a Santa Ana, representada en una imagen con muchos siglos a sus espaldas y que dicen que fue traída del arruinado convento de Los Ángeles, fundado en el siglo XIII por las fragosidades donde nace el río de “Lah Jerreríah”, que los frailes franciscanos rebautizaron con el nombre que ahora lleva: el mismo que el del convento.  El programa de las fiestas ya está en la calle.  El chupinazo se lanzará el próximo jueves, día 23, con la inauguración de la barra de los mozos y, a continuación, ¡baile a discreción!  El viernes, 24, habrá campeonato de  tute en el bar “Dani”, a esos de las cinco de la tarde.  Hora y media después se celebrará la eliminatoria de fútbol-sala.  Por la noches, después de que el personal despache la correspondiente cena, se inaugurarán oficialmente las fiestas.  Cerrará la jornada una verbena popular, a cargo de la orquesta “Xeladama”.  En lo que concierne al sábado, 25, a la hora del mediodía se pondrá en marcha el concurso de tortillas.  Seguirá, por la tarde, el final de fútbol-sala, carrera de sacos para chicos y grandes, tiro de soga entre casados y solteros y un sinfín de juegos infantiles.  A las 23,30 horas, se entregarán premios y trofeos, y a las doce de la noche, el grupo “Passiones” amenizará la segunda verbena de las fiestas.

Sones tamborileros

Martinlandrán

Alquería de Martilandrán (Foto: Benjamín Domínguez)

Después que el cañón de espuma empape a los más noctámbulos en la madrugada del día 26, jornada central del festejo y en la que se ensalzan las virtudes de Santa Ana, deberían, como siempre fue tradicional, oírse los sones de los tamborileros, cuyos ecos retumbaron durante siglos con especial magia entre los altísimos farallones del estrecho valle, para continuar sonando luego en la procesión.  Es vital asunto que nunca deben olvidar los “tautínuh” y los “garguéñuh”, si en verdad son conscientes de su identidad y de sus raíces.

Misa y solemne procesión.  Posteriormente, cuando las andorgas demanden algo para que las tripas dejen de sonar, una gran paellada para todos los asistentes.

la fragosa

Alquería de La Fragosa (Foto: Ñirre)

Y como tampoco puede faltar la cena, de nuevo se aglomerarán los paisanos en torno a las hogueras de los asados, en sana y alegre hermandad.  La charanga “Chuku” animará con sus acordes y seguirá hasta que las estrellas se borren de los cielos.

Toda una cita para los viajeros que, en esos días, recorren la comarca jurdana.  Recorrer el ceñido valle del río Malvellido en plenas fiestas de Santa Ana es todo un encuentro con un mundo lleno de coloristas, ruralizadas y festivas sorpresas.

Publicado el 19 de julio de 2015