La Buena Vida, con Pilar Armero

Voyeur de estación: Parada de la Reina

Vidas cargadas de equipaje o tan ligeras, que todo lo que llevan está dentro de cada cual, sin necesidad de tener que arrastrar ninguna maleta.Rostros emocionados ante el inicio de una nueva aventura y otros hastiados de tanto ir y venir. Ojos que viajan en soledad, pares de miradas que se buscan y se encuentran… O no. Perfiles de estación, en definitiva, de viajeros que pasan horas esperando aviones, autobuses, barcos o trenes que les lleven a un destino. Siempre me ha encantado observarlos e imaginar qué historia podría esconderse detrás de cada uno de ellos.

A falta de aeropuerto, y de momento también de AVE, Parada de La Reina es un escenario estupendo para quitarse ese mono de fabular con la vida de desconocidos, un interesante ejercicio tanto mental como literario para mantener entretenidos la cabeza y el alma. Se trata de la remozada cafetería de la estación de autobuses de Plasencia, una estancia a la que en el plazo de un año se le ha lavado la cara con el deseo de que abandere un modelo de gestión moderno y dinámico, pensado para un espacio público del que se quiere que disfruten no sólo quienes están de paso sino también los vecinos. Por eso abre sus puertas los 365 días del año sin excepción, con un horario muy amplio que lo convierte en el lugar perfecto para mirar viajeros de día y de noche mientras se aspira un café que humea, se hace juego de manos con una copa espirituosa o se sostienen cuchillo y tenedor,  porque la oferta gastronómica del local es de lo más variada.

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La Parada no tiene el aspecto de un bar de estación al uso. De hecho, si uno se pone de espaldas a la cristalera que deja ver el trasiego de autobuses, podría pensar que está en cualquier local chic del centro de la capital del Jerte. Lo mismo ocurre con la terraza coronada por una palmera, que se llena de gente en cuanto salen dos rayos de sol y también muchas madrugadas de buen tiempo en las que se busca el calor de la luna.

La apuesta por este espacio es un combinado de ilusión y valentía en el que en principio nadie creía. Lo hicieron, sin embargo, la directora de la estación, Montse Mateos, y el empresario que se hace cargo de este servicio, Juan José Piris, empeñados en conseguir que la clientela de La Parada acabe siendo mitad viajera mitad autóctona.

180.000 Historias

Son 180.000 viajeros los que cada año pasan por la estación de autobuses de Plasencia. Ciento ochenta mil historias que pueden dar mucho juego a la imaginación. La buena vida muchas veces es algo tan sencillo como regalar a la mente un descanso de tanta rutina y dejarla que se refresque, fabulando por ejemplo sobre quién puede haber detrás de quien sube y baja los peldaños de un bus, arrastra una maleta o mira a la sierra de Santa Bárbara desde una dársena de hormigón. No es necesario tener que sacar billete para poder hacerlo. Basta acercarse a la Parada y empezar a idear.

Por cierto, la Reina es la abuela de Piris, una mujer que por motivos de enfermedad tenía que viajar cada dos por tres a Salamanca y lo hacía con partida desde este lugar en el que ahora la recuerda su nieto.

Publicado: 13 enero 2015