Huerta de Ánimas y los “pirulines”

Con los años, lo que hoy, a título político-administrativo, es considerado como un barrio (arrabal en tiempos) de Trujillo, se ha ido extendiendo por los parajes que, en documentos antiguos, se denominaba “Valfermoso” y que el pueblo denomina comúnmente como “Regajo”. Pero Huerta de Ánimas y sus huerteños llevan prendido en el alma su conciencia clara de pueblo, con raíces propias e identidad labradora y ganadera, distante siempre del señorío de la ciudad trujillana.

Cuadrilla de huerteños en la jornada de Todos los Santos. (Foto cortesía de Bea Rordíguez Díaz)

Cuadrilla de huerteños en la jornada de Todos los Santos. (Foto cortesía de Bea Rodríguez Díaz)

No es extraño, por ello, que mis colegas en quehaceres antropológicos y etnomusicológicos, Sebastián Díaz Iglesias y Rosario Guerra Iglesias, profesores de la Universidad de Extremadura, afirmen que “Las Huertas de Ánimas, en su intento de reproducción y reafirmación de identidad local frente a Trujillo, aspectos como el espacio, las fiestas y el folklore suponen un recurso de inestimable valor en la edificación de la identidad huerteña” (Gazeta de Antropología).

Todos los santos

Caramelizando el azúcar. (Foto cortesía de Bea Rodríguez Díaz)

Caramelizando el azúcar. (Foto cortesía de Bea Rodríguez Díaz)

Bea Rodríguez Díaz, compañera de fatigas en el instituto de secundaria que compartimos y que en sus hipnotizadores ojos azules atesora el noble orgullo de ser huerteña, nos refiere que su abuela Josefa Benito Bermejo heredó la tradición de los “pirulines” de sus mayores, y éstos de otros que les precedieron.  Tradición incardinada en la festividad de Todos los Santos, fecha para salir de merendola al campo, compadrear y confraternizar y olvidarse de esos fúnebres y cadavéricos enmascaramientos que conlleva ese Halloween que nos quieren meter con calzador en nuestras cristalinas tradiciones.

No estaría mal que el viajero y el curioso se acercara cualquier 1º de noviembre por Huerta de Ánimas, topónimo éste en gran consonancia con esos primeros días novembrinos, cargados de almas en penas pero también de rituales festivos, donde la algazara está más que asegurada.  Es preciso que el viajero se allegue a los terrenos adehesados que están a escasos tiros de honda de Huerta de Ánimas y por estos pagos podrá ver a cuadrillas de vecinos metidas en la elaboración de los “pirulines”.  Dulce tradicional y casero, donde el azúcar y las almendras son sus componentes esenciales.

Rellenando los cucuruchos. (Foto cortesía de Bea Rodríguez Díaz)

Rellenando los cucuruchos. (Foto cortesía de Bea Rodríguez Díaz)

Mientras unos tuestan las almendras, apañadas en la propia dehesa, otros elaboran los cucuruchos de papel.  Lumbre de leña, donde los tueros que arden calientan las sartenes donde se carameliza el azúcar y a la que se le añaden las almendras.  Luego, la mezcla se vacía en los cucuruchos y, en éstos, al modo de agarradero, se introducen unos pelados y pulidos palitos de encina.  Se deja enfriar la masa y, al poco, se le quita el papel y ¡a endulzar los paladares con el rico pirulí!

Bea Rodríguez Díaz

Bea Rodríguez Díaz

Tampoco pueden faltar las castañas en esta jornada campera.  El pirulí congrega al personal y sirve para reafirmar los lazos familiares y vecinales.  Una seña de identidad más del antiguo arrabal que se resiste a ser barrio de Trujillo.  Tal vez tradición única la de los pirulines en estas luengas penillanuras extremeñas.  Hagamos votos para que no se pierda.  Seguro que mi compañera Bea, la guapa profesora de francés, velará para que no la entierren el Halloween ni otras turbonadas que vengan allende los mares.