Catarsis para encarar el 2015 tras “la Carvochá” en Las Hurdes

Si para la cultura céltica el nuevo año se iniciaba cuando se alargaban las sombras de la noche y la nieve asomaba por los picos de las montañas, que venía a coincidir con el actual mes de noviembre, no andarían muy lejos los antiguos pastores jurdanos con un calendario semejante.  Porque son muchas las coincidencias de aquel mundo de los “celtois” con las tradiciones que los jurdanos heredaron de sus mayores.

En salud se curaron todos los asistentes a los rituales de “La Carvochá” y “La Chicharrona” el pasado sábado, en la aldea jurdana de El Mesegal.  El mucho comer, beber, saltar y danzar dieron lugar a toda una conjunción fraternal, que favoreció la inmersión en un singular trance y produjo la necesaria catarsis para encarar con buena cara y mejores energías el nuevo año.  El “zajuril” que conjuró sobre la “Jogará de lah Ánimah” los males del venidero año, arrojando sobre las llamas unas migas de pan, un puñado de castañas, un rebujón de pelos de una “igüea” (cabra joven) y un chorro de vino, advirtió que se acercaban tiempos de grandes cambios que repercutirían positivamente en las vidas y haciendas del pueblo llano.

Tamborileros, "El Chicharrón" y "La Chicharrona", el "Animeru de Ánimah" y otros arquetípicos de                                       "La Carvochá".

Tamborileros, “El Chicharrón” y “La Chicharrona”, el “Animeru de Ánimah” y otros arquetípicos de
“La Carvochá”.

Bajo el continuo son de las gaitas y los tamboriles, se entremezclaron los cantos de ánimas con las voces del “animeru de lah cahtáñah”; el compadreo en la “cata de lah poliéntah” con el movimiento de las carrilleras a la hora de meter la cuchara en el pote de las alubias; los taconeos de “El Chicharrón” a la hora de galantear a “La Chicharrona” con los fúnebres recordatorios del “corru de lah ánimah”…

 Las "comádrih" de Nuñomoral cantando el Petitoriu de Ánimah

Las “comádrih” de Nuñomoral cantando el Petitoriu de Ánimah

De Nuñomoral bajaron, ataviadas de campesinas jurdanas, un grupo de guapas mujeres, que interpretaron antañones cantos, que algunos estudiosos remontan al siglo XII.  Pablo Sánchez llegó desde la alquería de Las Erías, para entonar con su recia, varonil y antigua voz otros petitorios para redimir a las ánimas en pena.  Los vecinos de Mesegal se volcaron en cuerpo y alma para que la intendencia estuviera a todas horas perfectamente engrasada.  Ellos adecentaron la antigua era de la trilla del centeno, colocando el ara de las ánimas en su mismo centro, con sus granadas, membrillos, manzanas, castañas y otras frutas del tiempo.  Prepararon los ricos “matajámbrih”: tradicionales dulces bien regados por la famosa miel de la comarca.  Y atentos siempre, voluntariosos en todo momento para atender cualquier requisitoria de los presentes.  Hasta una hija de dicho pueblo, Paula Martín Sánchez, rubia y  bien parecida, como mandan los cánones de la tradición, se prestó para hacer de “Chicharrona”.

 El ara de las ofrendas de las ánimas.

El ara de las ofrendas de las ánimas.

VISITA INSTITUCIONAL

A lo largo de la jornada hicieron acto de presencia la presidenta de la Mancomunidad de Las Hurdes y alcaldesa de Pinofranqueado, Vanesa Martín Alonso, que participó en el pasacalles de ánimas; el alcalde de Nuñomoral y diputado provincial, Juan Carlos Sendín Sánchez, y el alcalde de Caminomorisco y presidente de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Comarca de Las Hurdes (ADICHURDES), Gervasio Martín Gómez.  Esta asociación es la encargada de patrocinar estos arcaicos rituales, a la que este año se ha sumado también el ayuntamiento de El Pino.

Una jornada para que sea apuntada en toda agenda del viajero que busca joyas etnográficas y antropológicas y que desee formar parte activa de esa catarsis que puede hasta conectar con los espíritus de los antepasados y propiciar desgarrados cánticos cuando las sombras de la noche se apoderan de la era y el personal pela los “carvóchih” (castañas asadas) y se mete para el tragadero buenos “buchínchih” de aguardiente.

Fotografías de María del Carmen Azabal Iglesias.