La Buena Vida, con Pilar Armero

Un trago largo en el Parador de Plasencia

Iluminación tenue en medio de la que pone un incuestionable toque de magia el tililar de las velas. Una decoración exquisitamente cuidada bajo arcos y bóvedas. Un confortable suelo de madera en el que se permite, incluso, la posibilidad de posar los pies sin el lastre de los zapatos… Es la bodega del Parador de Plasencia, un espacio indiscutiblemente único para disfrutar de un trago largo en el norte extremeño.

Este escenario se convierte de martes a domingo en bar de noche. Y créanme si les digo que no hay en la zona otro sitio igual en el que saborear con tranquilidad su bebida favorita.

No lo hay por la propia importancia del marco en el que se encuentra enclavado, el antiguo convento dominico de San Vicente que desde el año 2000 alberga uno de los paradores más bellos de España. La recuperación de este edificio del siglo XV fue larga, pero la espera mereció la pena porque alzó de golpe la categoría del turismo en la región.

No tiene tampoco parangón por el esmero puesto en proporcionar confort a los clientes, hasta el punto de que en ese bar-bodega hay una serie de sillones-cama en los que poder tumbarse mientras uno refresca la garganta.

No lo hay, además, por la atención de un personal que se empeña al detalle para que la copa que se va a sostener entre las manos tenga una presencia inigualable.

Ni decibelios ni aglomeraciones

Adentrarse en la bodega del Parador placentino es una experiencia para los sentidos. Para el oído que quiere huir de decibelios y aglomeraciones. Para la vista que busca armonía y belleza. Para el paladar cansado de bebidas a granel. Para narices que disfrutan con el aroma de la cera. Para el tacto que gusta reposar su huella y sus labios sobre cristal de primera.

Paradores

Paradores

Sorprendentemente la bodega del Parador de Plasencia la conocen más los viajeros que los vecinos. Entre los primeros los hay que no dudan en plasmar sus buenas impresiones en sus bitácoras de turista o en las reseñas de los buscadores de hostelería. Entre los segundos, hay muchos que son ajenos a su existencia, que ignoran que tras esa puertecita que conduce a ella desde el claustro se esconde un sitio único.

Salvo los lunes por descanso y en jornadas de boda en las que la escenografía se desmonta para convertirla en discoteca, la bodega está lista a partir de las diez de la noche para que se vayan haciendo hueco esos amantes de lo distinto y de los tragos en paz.

No lo dude. Reserve fecha en su agenda para darse un homenaje de tranquilidad al calor de unos muros que atesoran siglos de historia.

Fotografía tomada de Paradores